Al Gobierno le sale casi todo mal, la realidad se le vuelve a la contra; mañana martes los datos oficiales de paro y afiliación volverán a significar una bofetada que arruinará, otra vez, los pronósticos del presidente del Gobierno sobre el empleo. La semana pasada perdieron una votación en el Congreso, poco relevante en sí misma, pero significativa de lo que puede ser una serie de proposiciones que hagan cada día más difícil gobernar. Y las encuestas dan ganador al PP, por poco, pero ganador.
El presidente ha reclamado a los suyos "impulso", una de esas palabras que quiere decir mucho y no dice nada. Algo semejante debió de pedir a sus jugadores el entrenador del Real Madrid el sábado en el descanso, cuando aún tenía alguna esperanza.
Para poner plazos y objetivos el presidente, que se ve apurado, quiere celebrar la próxima semana el debate sobre el estado de la nación, que es un escaparate para medir la tensión de los dos líderes, el del Gobierno y el de la oposición. Hasta ahora Zapatero ganó todos los debates a Rajoy (según dicen las encuestas), a pesar de que el de la oposición hizo su trabajo como quería su parroquia.
Sin que el líder del PP haya mejorado en empatía con el electorado (sigue dando suspenso en las encuestas), cuenta a su favor el descrédito de su adversario, cuya reputación empieza a mellarse entre sus propios votantes. Los socialistas saben que su mayor riesgo electoral radica en la abstención, el abandono de sus votantes indecisos u ocasionales. Quizá por eso dan por perdidas las europeas, para las que nadie espera una participación superior al 50%, incluso por debajo del 40% en el conjunto de la UE. Serán unas elecciones contra los gobiernos y tendrán lectura interna en todos los países.
Zapatero pretende algún golpe de efecto antes del 7 de junio que devuelva a los suyos alguna oportunidad de parecer que no pierden. Desde la economía no le van a llegar buenas noticias, todo lo contrario. La crisis se acentúa en todos los países, especialmente los europeos. Al presidente le gustaría pacificar la relación con Cataluña y, de paso, cerrar el nuevo modelo de financiación autonómica. Pero no parece que quede tiempo para tanto antes de las europeas y los populares no le van a dar facilidades. Ni para eso, ni para ningún acuerdo de esos que se llaman "de Estado". Cualquier iniciativa en ese sentido quedará para después. Y si los del PP se ven favoritos, empezarán la estrategia de "váyase, Sr. Zapatero", que ya ha apuntado Aznar desde su ventana en FAES.
El otro asunto político serio para el Gobierno es la estabilidad parlamentaria, las alianzas precisas para evitar una o varias derrotas cada semana que pueden poner punto final a la legislatura. La moción de censura no está madura, pero sí es probable que la debilidad del Gobierno lleve a un adelanto electoral como le ocurrió a González en su cuarto mandato, el de 1993-96, concluido cuando los catalanes de CiU decidieron romper con los socialistas.
Zapatero quiere resucitar, remar contra corriente. Ha demostrado que es habilidoso, puede recurrir a la épica, como el Real Madrid, pero los hechos están en contra.

