El presidente Zapatero está dispuesto a dejarse ver en citas y encuentros con los protagonistas de la economía. El problema no es de exposición sino de mensaje o de capacidad de convicción. El presidente está seguro de que la economía actual es, sobre todo, sentimientos, estado de ánimo. Y por eso trata de difundir el mejor espíritu, optimismo y confianza en el futuro. Pero no está claro que lo esté consiguiendo. Ni él ni los demás dirigentes del mundo.
Hoy se entrevista con los banqueros, segunda cita en Moncloa con unos personajes que se van ganando la antipatía popular. Les recibe con cara de malas pulgas (o al menos lo aparentará) y va a pedirles que arrimen el hombro, que presten. Y éstos le dirán que ya lo hacen, que lo que ocurre es que no hay buenos clientes. De manera que saldrán todos con la cabeza fría y sin resultados prácticos.
Cuando Rajoy dice que Zapatero ha arrojado al esponja, que no sabe qué hacer, no afina en el diagnóstico. Puede que el presidente no consiga resultados pero no deja de hacer. El profesor del IESE Alfredo Pastor señalaba ayer que las medidas adoptadas por el Gobierno a lo largo del último año suponen recortes de impuestos, por distintas vías, a favor de familias y empresas del orden de 18.000 millones de euros; y además decisiones de gasto público en inversiones diversas por valor de otros 11.000 millones.
Adicionalmente, el Gobierno ha puesto en marcha líneas de crédito a través del ICO (más de 15.000 millones) y redescuento de activos a favor de las entidades financieras (hasta 50.000 millones, de los que se han materializado más de 17.000 millones). De manera que hacer se ha hecho, tanto o más que en cualquier otro país y con procedimientos bastante similares.
Otra cuestión es que lo que se ha hecho sea lo correcto o que, aun siendo lo correcto, sea eficaz. La crisis es más profunda de lo que el Gobierno ha reconocido hasta ahora, por lo cual es probable que las medidas sean insuficientes y equivocadas. Las que ha puesto sobre la mesa la oposición como sugerencia ni son más brillantes ni son más efectivas.
Es probable (así lo creo) que el Gobierno haya despreciado el efecto de una política más rigurosa y austera en el gasto público consuntivo; es probable que algunas inversiones en infraestructuras básicas (ferrocarril…) podrían ser oportunas. Es indudable que falta audacia en eso que llaman reformas estructurales... pero decir que el presidente es un holgazán es hablar por hablar y perder crédito.
El presidente Obama (que cada día se parece menos a Zapatero en lo que dice y en lo que hace), aunque dispone de mayoría en las Cámaras, está intentando sin éxito acuerdos con la oposición para sustentar sus planes y trasladar un sentimiento de unidad y eficacia. No lo ha logrado, pero lo intenta y puede que consiga algún resultado esta semana en el Senado.
¿No sería inteligente por parte de los dos líderes (?) de aquí intentar algún espacio de consenso para hacer frente a la crisis, aunque sólo fuera con el horizonte de un año? Ni siquiera lo han intentado, lo cual dice mucho de sus respectivas debilidades y ofuscaciones. Si fueran capaces de sumar algo, les podría ir bien a ambos.

