Como las familias ahora, que andan encogidas y no gastan, el presidente del Gobierno se amarra a lo que tiene, a un coche viejo que ni frena, ni acelera, que carbura regular, consume mucho y derrapa en cuanto hay curvas, que va mal de ruedas y de dirección, al que el aire no le funciona y el motor crepita. Pero el presidente confía en su pericia y se aguanta; el Gobierno le sirve para lo que pretende.
Se le atribuye a Zapatero audacia y un sentido táctico como para sorprender, para anticiparse y acertar en sus opciones. Pero ahora parece sobrepasado, en vez de tomar ventaja con un Gobierno remozado, fuerte y más adecuado a la gestión de una crisis inclemente y profunda, un Gobierno para abordar las incómodas elecciones europeas, aguanta con lo que tiene, como si se tratara de un anciano conservador que se resiste a cambiar aunque la realidad lo hace. El presidente prefiere tirar con lo que tiene, aunque vaya muy averiado.
El Gobierno es débil y tiene poco que ofrecer; salvo Rubalcaba en Interior, los demás parecen zombis, como esos bancos que ni prestan, ni rentan. El presidente anda por su limbo de la Moncloa (la segunda legislatura manda a los presidentes a ese estado de ausencia) sin conciencia de que el Gobierno no va, que sirve para poco más que una excursión local. Y además las necesarias alianzas parlamentarias están caras y son inciertas.
Las encuestas dan empate técnico, con ventaja parcial para los populares, pero eso no es decisivo cuando se cumple el primer año de legislatura. La oposición, aunque ha amagado, no tiene fuelle para hacer valer una moción de censura. Al Gobierno le sobra tiempo para recuperar la posición, incluso con un mal resultado en las europeas.
El cálculo de Zapatero es tirar con lo que tiene, al menos hasta verano, cuando aún le queda margen de maniobra para preparar el semestre de Presidencia europea, un semestre importante durante el que Zapatero se jugará su valoración internacional: una oportunidad y un riesgo.
El Gobierno está suspendido en cuanto a valoraciones, el equipo económico está en la cola de las valoraciones, lo cual es dramático cuando se trata de sembrar confianza. Este Gobierno no ha querido reconocer la crisis económica, siempre ha ido a remolque, lo cual no ha sido obstáculo para adoptar no pocas medidas que en conjunto componen el cuadro más activista de los adoptados en Europa, pero con efectos poco convincentes. El presidente aguanta con el coche viejo por razones que sólo están a su alcance, quizá es que no tiene preferencias ni opciones.

