En el Capitolio, la reforma sanitaria del presidente Obama, uno de los proyectos centrales de su mandato, ha pasado el primer trámite decisivo en la Cámara de Representantes. Inmediatamente tendrá que actuar el Senado y finalmente, a comienzos del 2010, tocará el arbitraje de las dos Cámaras para concluir un proyecto que pueda firmar el presidente.
Lo que ha salido de la Cámara se parece bastante al proyecto de Obama y, por tanto, responde a sus pretensiones. Se trata de algo histórico, tanto o más que la creación de Medicare y Madicaid en 1965, iniciativa del presidente número 36, el demócrata texano Lyndon B. Johnson.
Quienes empezaban a tocar un réquiem por Obama a causa de las dificultades para concretar sus promesas tendrán que aguardar otro turno. No ha convencido a los republicanos (sólo uno apoyó el programa) ni a todos los suyos (cuarenta le han dado la espalda), pero alcanzó los votos suficientes tras personarse en el Capitolio para presionar a favor del proyecto.
El otro asunto decisivo es la guerra en Afganistán, un avispero que amenaza con convertirse en la guerra más larga mantenida por Estados Unidos (aunque sea la que menos bajas mortales americanas ha provocado hasta ahora), sobre la que el presidente sigue meditando y valorando las dos estrategias que defienden sus colaboradores: retirada gradual pero rápida, o aumento de tropas.
Obama llegó al cargo con unas expectativas desmedidas, a pocos de sus antecesores les ocurrió algo semejante. Ha modificado la lógica de las relaciones internacionales, ha establecido una estrategia pragmática y multilateral que se aproxima más a la del primer Bush que a la de Clinton. Por eso ha perdido popularidad, pero menos que cualquiera de sus colegas y que muchos de sus predecesores.
La reforma sanitaria es difícil de entender para la mentalidad europea. Aquí las posiciones de los republicanos y de la gran industria aseguradora son inaceptables. Pero allí una reforma de este calado remueve demasiados tópicos y tabúes como para un trámite pacífico.
Estos días celebramos el 20 aniversario de la caída del Muro, un hecho histórico, como los otros que antecedieron y siguieron semejante acontecimiento, para convertir 1989 en un año prodigioso. La historia va colocando a cada cual en su sitio: Helmut Kohl y Gorbachov agrandan su figura mientras que Mitterrand y Thatcher se quedan más pequeños.
Para Obama, poner en marcha su reforma sanitaria en su primer año de mandato significaría un paso muy firme en su liderazgo. Más aun si efectivamente la recuperación se confirma y en primavera el empleo vuelve a crecer y a recuperar lo perdido. Lo de Afganistán/Pakistán va para más largo y es mucho más complejo.

