La liquidez no vale nada, es deseada por los ahorradores prudentes que no quieren riesgos, pero no produce rendimientos estimulantes. Con tipos de interés oficiales próximos a cero, con baja demanda de crédito y menos aun con buena calificación de riesgo, el precio del dinero a corto plazo es irrelevante. El inversor se conforma con que lo guarden. Por eso el Tesoro aprovecha para cubrir sus necesidades de financiación cos letras de Tesoro a tipos irrisorios e incluso se permite desdeñar parte de la demanda por cara.
El tesoro colocó ayer letras a tres y seis meses y aceptó oferta a tipos del 0,59 (tres meses) y 0,68 (seis meses), treinta puntos básicos por debajo de los precios fijados en la subasta anterior.
El Tesoro colocó 4.160 millones y podía haber llegado a una cantidad superior si hubiera aceptado un corte con unas pocas décimas adicionales.
Los títulos semejantes de USA, Canadá, Suiza, Japón se colocan a tipos aún más bajos, en torno a 0,35%, que indican mercados recelosos a la expectativa y con abundancia de liquidez.
Al otro extremo de la curva de intereses, los tipos a largo plazo, los bonos a diez años van subiendo a medida que los gobiernos emiten más deuda con la que financiar los programas de estímulo del crecimiento. Los bonos americanos se acercan al 4%, al igual que los británicos y alemanes, mientras que el bono español ha superado esa cuota y el italiano y griego se acercan al 5%.
Seguimos con mercados financieros inestables, que no ven claro el futuro y que no premian la liquidez por exceso de oferta. Un mercado que puede estar a punto de cambiar de ciclo para entrar en una nueva fase de elevado endeudamiento público que obligará a otras reglas y condiciones. Mientras tanto, los gobiernos financian sus necesidades sin costes insoportables, por ahora.

