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Fernando González

Fernando González

La senda de los elefantes

16/04/2012 | 07:13 h.

Dicen que los elefantes tienen una memoria prodigiosa y una inteligencia animal incomparables. Los seres humanos somos incapaces de reproducir esas dotes naturales. ¡Qué mala pata! El Rey se ha quebrado la osamenta en un cazadero africano de paquidermos el mismo día que se conmemoraba la proclamación de la Segunda República. Conservo todavía un retrato oficial de los Reyes con una dedicatoria personalizada de don Juan Carlos y doña Sofía. Lo recibí algunas semanas después del golpe de estado del 23-F, abortado por la fidelidad al Rey de algunos generales y la indecisión funcional de otros. Seguí muy de cerca aquella asonada vergonzosa y la actividad frenética de don Juan Carlos para desactivarla. Respiré aliviado, como tantos españoles, escuchando de madrugada el mensaje del Rey, uniformado con los distintivos de Jefe de las Fuerzas Armadas, ordenando la vuelta a los cuarteles de las unidades golpistas. Fue entonces, y sólo entonces, cuando la mayoría de los ciudadanos se convirtió a la monarquía. Don Juan Carlos consolidó su imagen democrática y se liberó del fantasma de Franco.

Somos muchos los que aseguramos que aquí, más que monárquicos, somos juancarlistas. Sea como fuere, y con muchísimo trabajo personal y con el asesoramiento de los mejores consejeros, el Rey ha prestigiado su figura y enraizado la institución. Recuerdo perfectamente las caras de asombro y los comentarios despectivos cuando don Juan Carlos nombró a Suárez Presidente del Gobierno. Había heredado a Carlos Arias Navarro y con él los principios generales del movimiento. Bien acompañado por un político injustamente olvidado, Torcuato Fernández Miranda, el Rey quedó en manos de Suárez y ambos empujaron con eficacia el cambio político y la transición a un sistema abierto de libertades.

Rodearse de buenos cortesanos ha sido una de las claves fundamentales de la buena marcha del reinado de don Juan Carlos. A don Torcuato, tan inteligente y tan callado, le siguieron otras personalidades de la talla del Marqués de Mondéjar o de don Sabino Fernández Campos. Todos ellos muy cerca del Rey, aconsejándole y protegiéndole, empeñados en conservar y acrecentar la buena estrella de la Casa Real. Pareciera que la mediocridad que caracteriza actualmente a buena parte de  la clase política en España y en  Europa se hubiera instalado también en los despachos más influyentes del Palacio de la Zarzuela y de esta forma se explicarían algunas portadas dedicadas a la familia del Rey y a don Juan Carlos mismo.

Parafraseando a la Reina británica, lo acontecido los últimos días cerraría una “semana horrible” para el Rey y todos los suyos. El infante Felipe Juan Froilán se pone a jugar con una escopeta de su padre Marichalar, sin tener la edad ni la licencia para ello, y se pega un tiro en el pié. “Cosa de niños”, comentan sus familiares más cercanos, como si las criaturas españolas anduvieran por la vida jugando con un arma cargada. En plena crisis económica, con el Reino de España al borde del abismo, su Rey se enrola en una cacería de elefantes en Botsuana, al sur de un continente asolado por las guerras genocidas y la hambruna más terrible. A la Reina doña Sofía, tan sensata y tan sensible, se le queda corta la Pascua patria y decide prolongarla en Grecia, para celebrar allí la Pascua griega. Desde la república helena contempla la intervención quirúrgica practicada al Rey. Les recomiendo a ustedes que visiten la pequeña iglesia ortodoxa levantada en el madrileño barrio de Chamartín, tan chiquita como hermosa y abierta a este culto. No acaban de amarillear las informaciones destinadas a relatarnos las presuntas andanzas financieras de Urdangarin y cae sobre nuestras cabezas las malas nuevas relacionadas con el Rey y su familia.

Otras casas reales han superado peores coyunturas y sin ir más lejos los Windsor, emparentados con el Rey de España, con la incomparable Reina Isabel a la cabeza, han soportado los divorcios de yernos y nueras impresentables y la historia tremebunda de un príncipe heredero casado con su amante después de enterrar a su primera mujer,  a la que llamaban “la princesa del pueblo”. Es el ejemplo más llamativos de otros muchos que podrían ponerse. Aquí, sin embargo, el problema es otro: la tradición monárquica se interrumpió más de cincuenta años, recobrándose por la voluntad de un dictador que se saltó la continuidad dinástica. En los libros de historia figuran además algunos antecesores del Rey don Juan Carlos que no fueron precisamente un dechado de virtudes.

Don Juan Carlos se ha ganado a pulso el respeto y el cariño de la de los españoles, y su hijo el Príncipe de Asturias justifica cada día el sueldo que cobra y cimenta el futuro de la Monarquía. Les aseguro que nada me gustaría más que lo que ustedes acaban de leer sea mi último trabajo dedicado a las desventuras  de la Casa Real española.

16/04/2012 | 07:13 h.

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Fernando González

Fernando González (Madrid, 1.953). Periodista. Comenzó su carrera profesional en la Cadena SER (1.977), donde se desempeñó como Corresponsal Político, Editor de HORA-20 y HORA- 14 y Subdirector de los Servicios Informativos. Director de ONDA MADRID en 1991 y en 1.993 director de Informativos de TELEMADRID. En 1.999 editor del área de Sociedad y Cultura en la Revista TIEMPO. Desde 1.999 hasta 2012 Director Adjunto de Informativos y Deportes en la Televisión de Castilla la Mancha. Ha colaborado en distintos programas de TVE y como informador político en la Revista INTERVIU.

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