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Ernesto Carratalá

Ernesto Carratalá

El "dinero local"

23/03/2010 | 14:47 h.

Cuenta Carlos López en mi admirado "El blog del Euribor" -Carlos, allí dónde estés seguirás inspirándome- una experiencia que se llevó a cabo en 1932 en la localidad austriaca de Wörgl, consistente en la introducción de una segunda moneda válida solamente para ese municipio. Esa moneda perdía mensualmente el 1% de su valor. Para evitar esa devaluación, los habitantes de esta población cercana a Viena gastaban rápidamente este "dinero menguante". Así, este dinero circula rápidamente y mientras la moneda "oficial" se ahorra, la "segunda moneda" permite a la economía local florecer, lo que repercute en una mayor recaudación fiscal que acaba por beneficiar al Consistorio, que se permite invertir en trabajo para los parados. Es decir, que a pequeña escala se pone en marcha un círculo virtuoso para sanear una economía enferma. Y eso funciona sorprendentemente bien, coincido con Carlos, bajo las condiciones de la política deflacionista que entonces se llevaba a cabo en Austria y en todo el mundo. No olvidemos que en el 32 del siglo pasado nuestros abuelos se encontraban en plena Gran Depresión.

Carlos López traza una historia sobre lo que llama "experimento de Wörgl" que concluye en nuestra época, donde también se dan casos de "monedas complementarias clásicas", el llamado "dinero local". Todas estas monedas son emitidas por los propios municipios y dinamizan una economía paralela que funciona a la perfección. Y sobre todo en momentos como el actual, donde echamos en falta un poquito de inflación, nos preocupa su ausencia porque se convierte en uno de los factores desencadenantes del frenazo en el consumo con todas las consecuencias contrarias a las descritas en el caso de la localidad austriaca, es decir, menor recaudación impositiva, y menos posibilidad de inversión pública, más paro y menor crecimiento económico.

Y todo ello viene a propósito de lo dicho este lunes por Rodríguez Zapatero en su entrevista en la televisión pública: "El aumento del IVA debe servir para financiar el paro". La "receta" de Zapatero es la convencional, la clásica utilizada por los economistas de la vieja escuela. Esta vez no hay que echar la culpa a los políticos. Son los propios analistas económicos los que son incapaces de echar imaginación para encontrar salidas a la crisis económica.

Se ha dicho hasta la saciedad que esta crisis se caracteriza principalmente por ser "la crisis del consumo". Y ya que los banqueros no quieren o no pueden dinamizarlo mediante su financiación, pues habrá que buscar otras soluciones. ¿Y por qué no analizar en profundidad el "experimento de Wörgl"? Como dice Carlos en su blog, "las monedas complementarias son casi como una caja de herramientas de la que uno se puede servir para arreglar algo. Pero el objetivo es siempre configurar un sistema a la medida del municipio, de la ciudad, o de la región, para la creación de un valor adicional en beneficio de la comunidad".

En Austria se está utilizando el trueque como fórmula para agilizar los mercados. Y Austria es el país que, en el seno de la Unión Monetaria, mejor está soportando la crisis. ¿Por qué no intentarlo en otras partes?

No me tomen por loco. Keynes, Samuelson y los grandes gurús de la economía propiciaron experimentos que sirvieron para actualizar recetas desfasadas que se antojaron, en su momento, ineficaces para solucionar los ciclos bajistas de la economía. Tal vez ha llegado el momento de que alguien se ponga a pensar. A ver, futuro premio Nobel.

23/03/2010 | 14:47 h.

Ernesto Carratalá

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