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Enrique Badía

Enrique Badía

La sanidad cruje

18/11/2009 | 14:44 h.

En general, la valoración de la sanidad pública es buena... ¿o era y ya no lo es tanto? Algunos consideran que se va a poner en cierto modo a prueba con el actual episodio de gripe A, pero quizás haya que fundamentar el juicio más en aspectos de lo que puede considerarse normalidad.

Hace ya bastantes años que el sistema sanitario pasó a ser responsabilidad directa de las comunidades autónomas y la mayoría ha impulsado la construcción de nuevos hospitales y centros de salud, en aras de garantizar y hacer más accesible la prestación de un servicio extendido con carácter universal. En ese aspecto, el esfuerzo presupuestario ha sido perceptible, pero ¿y lo demás?

Desde siempre, las listas de espera son el punto negro del sistema de salud. Su vertiente más aireada son los apreciables retrasos en la mayoría de intervenciones quirúrgicas no perentorias, pero tanto o más apreciables son los dilatados plazos con que se realizan las pruebas diagnósticas, con la consecuente repercusión de demoras en el diagnóstico y el tratamiento prescrito. Últimamente, parece que existen problemas incluso para concertar cita en más de una especialidad. Una consecuencia directa de todo ello es la progresiva saturación de las unidades de urgencia, a la que muchos acuden para evitar entrar en la lenta dinámica del procedimiento normal.

Sin ánimo de generalizar, porque las situaciones son muy variadas, parece que las cosas están yendo algo a peor. Apuntan varias razones, pero una bastante palpable es la evidente carencia de personal facultativo y auxiliar. Dicho más claramente, son muchas las plazas de médicos y enfermería no cubiertas, sobre todo en aquellos equipamientos de nueva planta o en los que se ha acometido una ampliación.

A primera vista suena a falta de planificación, pero ¿en qué?, ¿de quién? Algún responsable autonómico en la materia ha dado el paso de cuantificar la carencia, señalando qué número de médicos, especialistas, técnicos y personal de enfermería haría falta para atender las necesidades ya planteadas, y se cuenta en varios cientos, por no evaluar las que previsiblemente se van a plantear a medio plazo. Unos lo achacan a imprevisión de las administraciones sanitarias. Otros aluden a la falta de visión de futuro en materia formativa, con políticas de numerus clausus y ciclos de licenciatura-posgrado muy dilatados, que ha desembocado en una insuficiencia de profesionales imposible de remediar a corto plazo.

Lo cierto es que el sistema de salud ha padecido, tanto o más que otros, un hecho en gran medida sobrevenido sin previo aviso en la última década: un crecimiento de la población muy apreciable, particularmente en algunos territorios del Estado. Más previsible, en cambio, era y sigue siendo la evolución demográfica del país: un aumento acelerado de los mayores, fruto del aumento de la esperanza de vida, en niveles récord del mundo occidental.

Si a todo eso se une el imparable aumento de los costes que tiene que soportar el sistema, cabe preguntarse si no sería momento de repensar un poco todo el modelo, antes de que lo que hoy se percibe como inconvenientes crecientes acabe convertido en un colapso, aunque sea parcial.

18/11/2009 | 14:44 h.

Enrique Badía

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