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Enrique Badía

Enrique Badía

Cada G por su lado

09/07/2009 | 14:52 h.

La parafernalia que suelen llevar aparejadas las reuniones de los principales líderes mundiales no se suele corresponder con los frutos que rinde este tipo de convocatorias, pero no falta quien sigue defendiendo su utilidad. Acaso por ello, la frecuencia tiende a incrementarse, multiplicando tanto los formatos como la composición de los grupos. Estos días toca cumbre económica (G-8 + G-5) en tierras italianas, pero ni se esperan grandes cosas de las dos jornadas previstas ni las sesiones han empezado demasiado bien.

De alguna manera, gravita sobre las expectativas -escasas- el poco apreciable balance de las recientes cumbres del G-20 (Washington y Londres), presentadas en su día como de emergencia ante la crítica situación de la economía mundial. La evidencia de que han sido más los propósitos verbalizados que las medidas tangibles ayuda poco a considerar que en Italia las cosas vayan a resultar mejor.

Hay que tener en cuenta que, en tanto las dos anteriores se celebraron bajo el impacto de las graves dificultades, la de estos días parece haberse iniciado con cierta complacencia, o al menos un relativo suspiro, desde el convencimiento generalizado de que lo peor ha pasado e incluso pueden empezar a atisbarse indicios de recuperación.

De hecho, los líderes se han sentado a la mesa al tiempo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) corregía a mejor sus pronósticos para lo que resta de año y el próximo, ratificando lo anticipado fechas atrás por otros organismos y servicios de análisis; incluida la apreciación de que Europa tardará un poco más que Estados Unidos en recuperar tasas de crecimiento y, dentro de la eurozona, España estará entre los que tarden más en alcanzar esa ansiada recuperación.

Antes de empezar las sesiones de trabajo, asuntos previstos en la agenda ya parecen haber encallado, quizás descarrilado, con escasas, por no decir nulas perspectivas de acuerdo final.

Uno de ellos estaba centrado en una especie de actualización-reedición del Compromiso de Kioto de lucha contra el cambio climático. De alguna manera, se trataba de aprovechar el cambio de posición estadounidense, a partir de la nueva filosofía incorporada por la Administración Obama, sensiblemente distinta de la mantenida por su predecesor. Pero esta vez han sido China e India los que se ha opuesto rotundamente, negándose a aceptar los topes de emisión de gases planteados, pese a ser muy superiores a los que el resto de países fija para sí. La ausencia precipitada del presidente chino, debido a los graves disturbios étnicos de las últimas jornadas, resta posibilidades a una negociación para evitar que el posible compromiso quede circunscrito al G-8, sin asunción paralela por parte del G-5.

Con todo, el riesgo más importante de la cita de estos días acaso sea tener que acabar constatando que el amago de cooperación entre economías desarrolladas (G-8) y emergentes (G-5) haya sido efímero. Es decir que, habiendo superado, o creído que se ha superado lo peor, los intereses y visiones de cada grupo van a prevalecer sobre la conveniencia, en otro momento expresada, de procurar una estrategia común y compartida, lo más coherente posible con una realidad, sea buena o mala, que en todo caso es y casi seguro seguirá siendo global.

09/07/2009 | 14:52 h.

Enrique Badía

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