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Enrique Badía

Enrique Badía

Morbo con cintas y charlas

16/07/2009 | 14:26 h.

A lo mejor, algún día los sumarios declarados secretos discurren sin que los medios informativos publiquen casi a diario los pormenores más jugosos de su instrucción. Pero mientras tal cosa no llega, hay que reconocer particular morbo en las transcripciones de charlas en las que uno o varios de los presuntamente implicados se explayan distendidos, sin sospechar que sus palabras van a acabar un día difundidas en prensa, radio y televisión.

Más allá del valor procesal de las grabaciones transcritas o reproducidas, que lógicamente habrán de determinar los tribunales, cualquiera puede apreciar algunas facetas reveladoras. Por ejemplo, el habitual lenguaje, entre chulesco y tabernario, con que se suelen expresar los protagonistas, a los que se suponían otras formas, más acordes con su posición relativa en la sociedad y el nivel exhibido en sus estándares de vida. Algo que, sin prejuzgar culpa ni ser determinante, reviste de una pátina algo cutre un episodio ya de por sí poco edificante.

Otra curiosidad es la frecuente profusión de motes, sobrenombres y referencias camufladas a personas relevantes de la vida pública, con discutible buen gusto y escaso respeto a los aludidos, sugiriendo además que los interlocutores son conscientes de que pueden estar siendo grabados y tienen cosas que esconder. Claro que la precaución suena bastante ingenua, porque el diálogo suele ofrecer suficientes pistas, tanto para identificar la mayoría de referencias como para hacerse una idea de lo que hacen o pretenden hacer.

Quizás lo que más sorprende es la naturalidad con que en esas conversaciones se tejen y destejen pormenores de concursos, contratos y adjudicaciones basados exclusivamente en la relación personal -¿sólo personal?- entre contratantes y contratados. No menos, por cierto, que los márgenes de beneficio o rentabilidad que se manejan: mucha pasta, suele ser la expresión más habitual.

Todo suena, en definitiva, a que los protagonistas no tienen particular conciencia de estar haciendo nada excepcional. Todo lo contrario: transmiten la sensación de estar convencidos de que su forma de actuar es la normal.¿Lo es? La pregunta es pertinente, aunque la respuesta no sea fácil ni deba guiarse únicamente por un episodio particular.

El mundo de las compras y los contratos en cualquier organización mediana o grande es siempre materia delicada y demasiadas veces terreno abonado para el favoritismo, el amiguismo, la discrecionalidad y, en el fondo, estadios previos o susceptibles de desembocar en formas de corruptela, sea dineraria o simplemente personal. En otras palabras, para los gestores acostumbra a ser materia de preocupación.

Probablemente, ningún sistema es perfecto, pero el que rige los contratos y adjudicaciones de las administraciones públicas debería aproximarse lo más posible a la perfección. Y no parece que esté cerca, dejando como parece dejar más huecos de los debidos, en tanto propicia la existencia de entramados de relación que acaban primando a unos contratados frente a otros. Alguno se descubre, muchas veces como consecuencia de un descontento, pero otros no.

16/07/2009 | 14:26 h.

Enrique Badía

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