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Enrique Badía

Enrique Badía

Excepcionalidad hay más de una

16/03/2009 | 14:29 h.

Conforme va fraguando el pacto para situar al socialista Patxi López al frente del Gobierno vasco, crecen los que se preguntan por qué no podría ser posible algo semejante a nivel del conjunto del Estado para afrontar de forma conjunta la honda crisis económica presente, acaso camino de una fuerte depresión. Hasta se podría decir que miran con envidia las aparentemente cordiales conversaciones abiertas entre las direcciones del Partido Socialista (PSE-PSOE) y el Partido Popular (PP) en Euskadi, sobre todo comparadas con los abruptos y un tanto estériles rifirrafes dialécticos en que se han convertido las sesiones semanales de control al Ejecutivo en el Congreso de los Diputados.

El para muchos encomiable propósito de propiciar un relevo político en Vitoria, quebrando las tres décadas de predominio del Partido Nacionalista Vasco (PNV), ha prevalecido sobre todos los problemas instalados en las relaciones entre los dos partidos mayoritarios a nivel estatal. Dirigentes de uno y otro han reiterado, por activa y pasiva, que les motiva ante todo el deseo de afrontar una situación política que consideran excepcional. Razones no faltan, comenzando por la deriva emprendida en los últimos años por el todavía lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, no del todo compartida en su propio partido. Cuestión distinta será constatar, según discurra el tiempo, el margen de maniobra efectivo de que dispondrá el Gobierno que tiene en mente el líder socialista, con el apoyo desde fuera del Partido Popular...

La excepcionalidad vasca apenas se discute, pero la económica tampoco, lo que induce a reclamar -algunos, incluso exigir- que socialistas y populares emprendan idéntico o si cabe mayor esfuerzo para acordar una política económica que haga frente a una situación que se está deteriorando a toda velocidad. Dicho de otra manera, si la realidad de Euskadi merece el notorio esfuerzo de aparcar todo lo que les separa, lo que está pasando en la economía tiende a reclamarlo todavía más.

Lo cierto es que las cosas no parecen ir por ahí. Ni mucho menos. Tanto el Gobierno, con su presidente a la cabeza, como los líderes del principal partido de la oposición persisten empecinados en sus respectivos discursos, a cual más romo.

Desde el Ejecutivo se insiste en el doble argumento de haber adoptado muchas medidas y no contar con el apoyo ni la colaboración del PP. Éste, por su parte, insiste en que la política es insuficiente y equivocada, negándose a ser cómplice de ella. Por ambas partes, nada más.

Algunos de los observadores y expertos más veteranos llevan meses tratando de rescatar el ejemplo de los Pactos de la Moncloa, sin incidir demasiado en las múltiples diferencias de todo tipo, tanto políticas como económicas, igual que sociológicas, que es fácil apreciar entre aquel tiempo -final de la década de los años 70- y la realidad de hoy. Pero son muchos más los que insisten en destacar que la gravedad y excepcionalidad de la coyuntura debería empujar a los dos principales partidos, en realidad a todos, a juntar esfuerzos, más que a seguir peleándose para ver quién desgasta más a quién.

Dicen que dos no se pelean si uno no quiere, pero también es verdad que dos no se ponen de acuerdo a menos que ambos se esfuercen igual por lograrlo. Y, desde esa perspectiva, a nadie puede extrañar que cada día sean más los que se preguntan: ¿a qué esperan? Ahora mismo, en Euskadi, están demostrando que pueden hacerlo: que no lo hagan para afrontar la situación económica suena cada minuto peor.

16/03/2009 | 14:29 h.

Enrique Badía

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