Mientras la CIA llora la pérdida de los agentes que fallecieron en Jost, Afganistán, el mes pasado, hay un deseo comprensible de no anticipar los procedimientos que permitieron acceder a la base de la agencia al suicida jordano. Sin embargo, esta práctica de reunirse con confidentes "dentro de la alambrada" tiene antecedentes polémicos dentro de la CIA, y ofrece algunos precedentes útiles mientras la Agencia considera hacer cambios.
El debate acerca de cómo gestionar el contacto con los agentes en zonas de guerra afloró en Iraq en el 2003. La cuestión era cómo equilibrar la seguridad del personal de la CIA con las necesidades de la inteligencia. La central abogó por verse con los agentes dentro de la Zona Verde; los agentes de campo respondieron que esto haría correr un peligro mayor a sus agentes y que estrangularía el flujo de información.
La disputa en torno a los métodos de inteligencia se prolongó durante más de un año, pero al final prevaleció la visión de la central. En el 2005, los agentes de la CIA habían dejado en general de verse con confidentes de las "zonas rojas" de Iraq fuera de las áreas protegidas. Los procedimientos de tramitación de la información en Afganistán también evolucionaron en favor de reuniones "dentro de la alambrada".
Algunos veteranos de la CIA siguieron sosteniendo en privado, sin embargo, que el nuevo enfoque es potencialmente arriesgado. Estos datos se basan en sus comentarios.
Los agentes de la CIA sobre el terreno empezaron a desarrollar sus operaciones de inteligencia en Iraq en los meses posteriores a la invasión de marzo del 2003. Los peligros quedaron en evidencia con el tiroteo en Bagdad a mediados del verano de ese año, cuando los insurgentes atacaron a tres inspectores de campo que viajaban en todoterrenos militares. El cuartel de Bagdad desarrolló nuevos procedimientos para operar con mayor sigilo, usando vehículos civiles corrientes.
El mayor peligro -llegaron a la conclusión los oficiales de la CIA- residía en cruzar los controles para entrar en la Zona Verde de Bagdad y los demás lugares protegidos. Los insurgentes mantienen la vigilancia fuera de las puertas. Y en varias ocasiones, soldados nerviosos dispararon a vehículos de la Agencia. En la primavera del 2004, por ejemplo, guardias kurdos abrieron fuego contra funcionarios de la CIA en un control en Sulaymaniya, y un funcionario de seguridad de la CIA resultó muerto.
Temiéndose más incidentes así, el jefe de la división de Oriente Próximo de la agencia ordenó detener la mayoría de las reuniones celebradas en las zonas rojas en la primavera del 2004. El cuartel de la CIA en Bagdad protestó, alegando que "si no se saca a la gente de la alambrada, no es seguro".
Los agentes de campo advirtieron de que algunos de sus mejores operativos se negarían a quedarse dentro de la Zona Verde, porque pensaban que ello les pondría en peligro. "No querían ser reconocidos", recuerda un veterano de la Agencia.
La delegación en Bagdad se decantó en su lugar por el uso de su flota de vehículos para evitar la detección, que podrían ser repintados varias veces y cambiados de matrícula. Cuando el cuartel general propuso usar vehículos blindados exclusivamente, la delegación se quejó de nuevo argumentando que estos gigantes serían regalos. En lugar de eso, los técnicos de Bagdad desarrollaron un blindaje de alta tecnología para algunos de sus destartalados automóviles civiles.
Para mejorar la seguridad fuera de la Zona Verde, la oficina de Bagdad también desarrolló procedimientos en el 2004 para vigilar a los agentes iraquíes que podrían ser hostiles. Equipos de vigilancia iraquíes y otros árabes precederían a los funcionarios de la Agencia en su camino a las reuniones en busca de actividad insurgente. Los equipos de vigilancia árabes también realizarían el seguimiento de los contactos de la Agencia, buscando indicios de que se pudieran estar preparando atentados suicida.
La oficina de Bagdad estaba tan convencida de que meter a los agentes dentro de la alambrada sería un error que a mediados del 2004 su dirección propuso desplazar a los agentes a casas francas fuera de la Zona Verde. De esta manera, ni funcionarios ni agentes tendrían que preocuparse de fichar en los controles. La central se negó.
A lo largo del 2004 surgió un enfrentamiento entre la central y el cuartel de Bagdad a cuenta de cuál de los enfoques -dentro o fuera- era más seguro. Los oficiales de campo siguieron trabajando de forma relativamente segura con los métodos de inteligencia en zona de guerra que desarrollaron, incluso cuando aumentó la violencia. Pero los peligros son evidentes.
La dirección del cuartel de Bagdad fue relevada en el 2005, y se rumorea que la nueva ha optado por el enfoque preferido por la central. Los encuentros en zona hostil han disminuido. También en Afganistán los funcionarios de la agencia redujeron sus movimientos dentro de las zonas de alto riesgo. Puesto que sus bases se encuentran en general en puestos militares avanzados, los agentes de la CIA ya eran visibles al enemigo. Esto justificaba evitar los encuentros fuera de la barrera.
El director de la CIA, Leon Panetta, está llevando a cabo un examen profundo de la tragedia de Jost, en parte para explorar qué procedimientos de inteligencia tienen sentido. Los veteranos de la Agencia afirman que la experiencia de Iraq -como la inteligencia de la Agencia en el Líbano durante la década de los ochenta- demuestra que operar sobre el terreno puede ser más seguro, lejos de "zonas protegidas" que, en realidad, se han convertido en dianas para el enemigo.
© 2010, Washington Post Writers Group

