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Daniel Martín

Daniel Martín

La venganza de Transformers

01/07/2009 | 14:48 h.

Si al salir de ver una película un niño de nueve años -mi sobrino y ahijado- te comenta "Le han dado demasiadas vueltas a la historia", sacas dos conclusiones. Primera, que los críos de ahora están más que educados en el mundo de la ficción cinematográfica. Segundo, que el filme ha sido malo de narices.

Efectivamente, Transformers: la venganza de los caídos - es una película muy floja. Y muy larga. La primera parte, sin ser excelente, era una mera película de acción que cumplía con creces su función de entretenimiento. Una vez superas la confusión de que unos robots tengan inteligencia y sentimientos y la memez que conlleva la existencia de una rivalidad tan simple y ñoña como la que enfrenta a Autobots y Decepticons, uno puede pasar un buen rato.

El principal problema de la segunda película de la serie -sin duda habrá más- es que, como suele ocurrir, ha muerto de éxito. Michael Bay, el director, tiende a los delirios de grandeza y, con el apoyo de productores y guionistas, ha querido hacer un enorme y colosal monumento acorde al tamaño de los robots luchadores. Pero no siempre lo más grande y más largo es mejor. No sé por qué se ha impuesto la moda de que las películas superen ampliamente las dos horas de metraje. Evidentemente, historias como Lo que el viento se llevó y la trilogía de El Padrino necesitan de mucho tiempo para ser contadas. Lo exige su propia naturaleza. Pero la comedia y la peli de acción, como casi todo el cine, necesita dinamismo y ritmo, y eso se suele conseguir en frascos de 90 minutos o, como mucho, dos horas.

dura dos horas y media. Y como la historia no da para mucho -después de todo el trasfondo es de lo más sencillote- pues se ha intentado alargar una historia con múltiples vueltas de guión que lo único que consiguen es enmarañar una trama que tampoco tiene mucho sentido. Hasta la trama amorosa parece sacada de una función de instituto. Estos guiones de la industria de Hollywood ponen de manifiesto cuál es la principal lacra de las grandes producciones del siglo XXI: la construcción de historias.

Este filme tiene más fallos aparte del pésimo guión. Uno de los grandes aciertos de Transformers era el diseño de los bichos. Sus transformaciones y apariencia humanoide eran sensacionales en la primera parte. Aquí se ha prescindido de crear diferencias entre los muchos robots y ni siquiera Megatron -¿Qué passa, megatron?- se distingue claramente de sus colegas de despropósitos malsanos. Ya que se han gastado un porrón de dinero en efectos especiales, ¿no tuvieron un poco de tiempo y ganas para mejorar el diseño y la dirección artística?

Por otro lado, hay un punto hartamente preocupante en Transformers 2. Optimus Prime, el líder de los robots buenos, da tiros de gracia a algún malo detenido sin haber cometido ningún delito. ¿Acaso no existen juicios justos en el mundo de los Transformers? ¿No explicaría eso que su mundo haya sido destruido? El mensaje fascista es claro y no entiendo cómo nadie se ha dado cuenta de que en Occidente nos oponemos a las ejecuciones sumarias.

En definitiva, de Transformers 2 se puede sacar una conclusión determinante. El cine vive una época de escasa creatividad y por eso recurre a otros medios como el cómic, el remake o, en este caso, los dibujos animados a su vez nacidos de un juguete. Y cada inversión se intenta prolongar en el tiempo. Pero historias como la de estos robots apenas sirven para una sola peli. Aunque se empeñe Michael Bay. Y así la segunda película, una vez perdida la capacidad de sorpresa de la primera, se pierde en un barullo argumental que no tiene pies ni cabeza. Son unos robots de frágiles coherencia y verosimilitud, con capacidad tan solo para una serie de televisión apta para mentes débiles y conformistas.

Mucha gente me comenta que me tengo merecido ver bodrios por ir a ver filmes como Transformers: la venganza de los caídos. Defiendo que el cine no es mejor o peor según el género, sino según la calidad intrínseca del filme. La primera parte de Transformers me hizo pasar un muy buen rato. Por otro lado, prefiero aburrirme junto a mi sobrino viendo una mala película de Hollywood que asistiendo a la paja mental de algún director pretencioso. Siempre habrá algún efecto especial, alguna línea de diálogo o alguna actriz como Megan Fox que me ayuden a pasar el rato. Supongo que estoy trasnochado en cuanto para las cosas elevadas prefiero la lectura o escuchar a buenos pensadores. El cine, en este sentido, es para mí algo menor aunque necesario para olvidarme durante un par de horas de los problemas reales de la vida real.

01/07/2009 | 14:48 h.

Daniel Martín

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