La tradición española del día del libro -menos el buen ejemplo, entre cultural y mercadotécnico, entre civilizado y machista, del día de Sant Jordi- invita a hacer una lectura continuada del Quijote. Una serie de personas, las primeras de la serie bastante o algo conocidas, se suceden para leer, poco a poco, la magna obra de Miguel de Cervantes. Las Novelas Ejemplares, sirvan como redundante mas revelador ejemplo, ni mencionarlas. España es país de un solo libro.
Bromas trágicas al margen, citaré tres ejemplos de la situación del libro en España:
1. Por fin me decidí a afrontar Anarquía o República, el libro más controvertido de Salvador de Madariaga. La obra, reeditada en 2005 por Biblioteca Nueva, viene prologada por Pedro Carlos González Cuevas, profesor de Historia de las Ideas y las Formas Políticas en la UNED. Tal señor, con el beneplácito de la editorial, dedica su Introducción a poner a parir al pensador gallego y a razonar por qué huelga la lectura del libro. En mis largos años del lector jamás vi tamaño despropósito. Una cosa es ser crítico y otra caer en la vileza y la estolidez. El profesor se permite concluir su diatriba diciendo que Madariaga es un "escritor de muy segundo orden". No entiendo cómo la casa editora y el profesor aceptaron colaborar en esta empresa.
En Madariaga existe una contradicción aparente. Consideraba la libertad como la esencia de la vida humana, pero pensaba que el sufragio universal atentaba contra la libertad. Pero de ahí a decir, como González Cuevas, que su pensamiento coincide con el del franquismo, hay un abismo: ¿cómo puede un liberal a ultranza estar de acuerdo con una dictadura? Lo que no entiende este señor, como muchos otros, es que la base de un pensamiento desvirtúa todo lo demás. Madariaga buscó durante toda su vida soluciones para su querida España, y a menudo cayó en contradicciones. Pero nunca respecto a la libertad, para él intocable. Por eso estuvo a favor de la 2ª República en sus inicios, y renegó de ella desde la Revolución de octubre del 34.
En su crítica, González Cuevas usa citas de otros autores que utilizaron torticeramente el pensamiento de Madariaga. Bonito modo de argumentar: justificación de lo que dice, sólo las frases vejatorias o tendenciosas de otros. De ahí que repita a menudo aquello de Ortega y Umbral sobre que Madariaga era tonto en varios idiomas. Lo gracioso es que la injusticia de González Cuevas y de los autores que cita se destapa en cuanto comienzan a leerse las primeras palabras de Anarquía o República.
2. Juan Marsé recogió el jueves, creo que muy merecidamente, el Premio Cervantes. Es uno de los últimos dinosaurios de la buena literatura española, en peligro de extinción. Marsé, al margen del mérito de Últimas tardes con Teresa,Si te dicen que caí y sus demás novelas, ha alcanzado el heroísmo gracias a sus recientes críticas al premio Planeta y al cine español. Paradójicamente según las formas de otros países, pero de forma absolutamente coherente con el absurdo español, Marsé es un catalán que borda el castellano. Gracias a la autonomía catalana -lo mejor de lo mejor en cuanto tiene embajadas allende sus fronteras- y su sistema educativo, los "nuevos" catalanes no dominarán el idioma conocido mundialmente como español como lo hace Marsé. Quizás no sean capaces ni de leerle.
3. Quizás la biografía de Darwin más interesante que sea haya traducido al español en el último año sea la de Janet Browne, la mejor especialista del mundo en el científico británico. La traducción se hizo gracias a la iniciativa de la Universidad de Valencia pero, como el encargado del proyecto es defensor del uso exclusivo del valenciano, el proyecto se ha boicoteado desde la propia universidad y por eso es casi imposible encontrar ninguno de los dos tomos de Browne en ninguna librería de España.
A este respecto, un artículo periodístico del jueves decía que la traducción española pasa por malos momentos. Las traducciones al inglés, francés y alemán nos superan con creces. Las grandes labores de traducción científica y humanística al español se hacen actualmente en Hispanoamérica, cuyas universidades carecen de los medios de las norteamericanas o europeas. La universidad española está a otras cosas, y vuelve una y otra vez sobre sus problemas endogámicos. Sólo la labor de algunos grandes filósofos e investigadores, como Miguel García Baró, fomentan la traducción de obras aún no conocidas en castellano.
En definitiva, el libro en España no goza de buena salud. Y no porque vaya a llegar el libro electrónico o cualquier otro soporte. Sea cual sea su formato, seguirá siendo un libro. El problema es que en España se edita mucho, pero cada vez cuesta más encontrar algo atractivo en las mesas de novedades de las grandes librerías. Todo lo contrario de lo que me ocurre en Londres y Berlín, y eso que no sé alemán. Pero no se preocupen, porque aquí nunca pasa nada; después de todo somos la patria del incomprendido Don Quijote. dmago2003@yahoo.es

