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Daniel Martín

Daniel Martín

El cisne negro

21/04/2009 | 14:44 h.

De un modo continuado y machacón, el hombre del siglo XXI vive bajo el influjo de las predicciones "científicas". Psicólogos, sociólogos y, sobre todo, economistas, se empeñan en decirnos qué va a pasar en el futuro y, también, por qué. Estas predicciones fallan muchísimo más que aciertan pero eso no impide que se sigan haciendo y que la gente les preste atención. De manera análoga a los adivinos en la Antigüedad, hoy los crédulos elevan a los vaticinadores a servidores de la diosa "Pseudociencia".

Si no, pensemos en la coyuntura que nos afecta. Hace un par de años todo el mundo negaba la posibilidad de una gran crisis. Zapatero ganó así unas elecciones. Poco después, se dijo que venían tiempos difíciles pero a nadie se le ocurrió pensar que el IPC podía llegar a bajar. Desde entonces, el FMI, el BCE, el PGB y la TIA no paran de hacer predicciones que, cada poco, vuelven a ajustarse. ¿Cuántos esfuerzos se gastan inútilmente en prever un futuro que, por naturaleza, es impredecible?

Las pasadas navidades B. M., el español que más sabe de cine y de muchas otras cosas, me regaló El cisne negro, libro donde el libanés afincado en Estados Unidos Nassim Nicholas Taleb trata del "impacto de lo altamente improbable". A saber, que vivimos sometidos a unas cuantas falacias pseudocientíficas que intentan poner orden temporal y causal a las cosas ignorando que existen fenómenos que escapan a la probabilidad por ser imprevisibles. En especial, esos "cisnes negros" que se caracterizan por tres cosas: son rarezas pues habitan fuera de las expectativas normales; producen un impacto enorme; y, por lógica, sólo se les inventan explicaciones después de acontecidos.

Realmente, uno de los grandes problemas que afecta a nuestro mundo es la condición de infalibles que se otorga a las denominadas ciencias empíricas. Aunque se basen en probabilidades ajenas a la realidad, estadísticas parciales y elucubraciones engañosas, pensamos que sociología, estadística y economía lo rigen todo o, cuando no pueden -casi siempre-, lo explican. Taleb consigue explicar en su libro cuál es la esencia de esta falacia "lúdica": el sometimiento de la realidad a mecanismos "gaussianos" que, aunque elaborados inicialmente para las matemáticas, se aplican constante e inconsistentemente a la realidad.

Esta falacia nos hace -¿ayuda?- olvidar sistemáticamente que cualquier día puede ocurrir algo completamente imprevisto que cambie por completo la perspectiva de las cosas. Por mucho que imaginemos lo que vamos a hacer mañana, una fiebre, un accidente de tráfico o un atentado terrorista pueden echar al traste todos nuestros proyectos. Y lo peor es que muchos sucesos no son tan impredecibles como nos intentan demostrar. El cisne negro fue publicado antes del último crash financiero. Taleb, no obstante, ya avisa en él de la peligrosidad del fondo Fanny Mae.¿Estamos realmente engañados o unos cuantos desalmados se aprovechan de nuestra buena fe?

es un libro de difícil lectura. Mezcla filosofía, matemática, estadísticas y otras disciplinas que complican mucho su comprensión. Sin embargo, es una obra básica para quitarnos uno de los muchos velos que nos impiden ver la realidad con ojos claros y libres: el futuro, por mucho que los economistas nos digan lo contrario, nunca se podrá "leer".

El hombre siempre ha intentado construir una falacia narrativa para sentirse más a gusto en el mundo. Los griegos tenían el Oráculo de Delfos y los augures, como bien ironizó Goscinny en Asterix, se hacían de oro en Roma. La diferencia es que entonces aquello no se consideraba una ciencia exacta, como ocurre hoy con esas pseudociencias tan dañinas. No podemos evitar ser humanos, pero hay que evitar caer en el sueño de la razón. El tema no es nuevo, pero Taleb lo analiza a la perfección según la perspectiva contemporánea. La cuestión no es caer en un escepticismo absoluto, sino evitar caer en la ceguera y olvidar que hay cosas improbables que, sin embargo, pueden ocurrir. Como el 11S, el último crash o, mismamente, el fenómeno de la vida en el Universo.

"Disponer de muchos datos no proporciona confirmación, pero un solo ejemplo puede desconfirmar", es una máxima del libro que bien puede resumirlo. Taleb invita a que evitemos las teorías "irrreales" y nos centremos más en las premisas en las que se basan esas ciencias. Aún recuerdo cuando, en Microeconomía, me enseñaron que el primer supuesto de tal engendro era que "el consumidor es racional". A partir de ahí, todo es posible.

siendo una alerta tremendista que, no obstante, se hace cierta tras la crisis que ahora vivimos, pasará desapercibido cuando las cosas vuelvan a su cauce. En este mundo que sufrimos, se busca más que nunca la certeza existencial y futura. Y para eso tenemos las ciencias adecuadas que, desde ningún punto de vista, deberían considerarse ciencias. Como dice Taleb, "una teoría es como un medicamento: a menudo inútil, a veces necesario, siempre interesado y, de vez en cuando, letal". El cisne negro como fenómeno es algo en esencia impredecible. Por tanto, nunca podremos prever su llegada y consecuencias. Pero cambiar nuestro punto de vista es perentorio para no volver a caer en el error de que todos los cisnes son blancos: los accidentes ocurren.

P.S.: Proliferan en la sociedad adivinos, magos y hechiceros que nos prometen una lectura cierta de nuestro futuro. Que alguien sin educación o perdido en el marasmo de la sociedad de consumo caiga en tal engaño resulta hasta comprensible. Que lo haga el conjunto del planeta, simplemente retrata nuestra especie. dmago2003@yahoo.es

21/04/2009 | 14:44 h.

Daniel Martín

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