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Daniel Martín

Daniel Martín

El amigo americano

07/04/2009 | 15:00 h.

No puedo evitar sentirme parte de un país provinciano al ver cómo los periódicos se desbordan de fotos y noticias cada vez que alguno de nuestros presidentes -que deberían llamarse primeros ministros, pero los paletos gustan de grandes títulos- se reúne con el de los Estados Unidos. Parece que hubiésemos tocado el cielo. Lo mismo que ocurre, en plena adolescencia, cuando nos saluda, por fin, la chica más guapa de la clase.

José Luis Rodríguez Zapatero, al igual que sus predecesores Felipe González y José María Aznar, está dedicando su segunda legislatura a sentirse internacional. Curioso cómo nuestros mandamases se olvidan de la tierruca cuando son reelegidos y, sobre todo, cuando las cosas en casa no marchan precisamente bien. En lugar de enfrentarse a los problemas domésticos, se distraen viajando a los guateques que se montan allende nuestras fronteras. Por lo menos, si antes Zapatero era ignorado por todos porque lo decía papaíto Bush, ahora Barack Obama asegura ser su amigo. ¿Servirá tamaña circunstancia para que en Europa no se cabreen demasiado ante el desolador presente de nuestras cifras macroeconómicas?

A mí Zapatero me parece un presidente dañino. Cuestión de gustos, supongo. Lo que ya no es tan opinable es que Zapatero antes no tenía ningún interés en mostrarse afable, de buen talante, con George W. Bush porque no le caía bien o no le gustaba su modo de entender la política, y ahora, como ha cambiado el color del presidente estadounidense, su anterior antiamericanismo ha tornado en servil humillación ante "mi amigo americano". ¿Debe la política internacional moverse por los mismos derroteros que las relaciones en un patio de colegio? ¿Se puede permitir España llevarse bien o mal con los demás dependiendo de quién sea su delegado de clase? ¿Están sujetas las relaciones internacionales de un país a los caprichos de sus gobernantes?

Que eso ocurra con Venezuela, Cuba, Bolivia, Corea del Norte u otras envidiables democracias, pues bueno. Pero que pase con España resulta estremecedor. Obama, que pertenece a una tradición auténticamente democrática, está intentando abrir una puerta hacia Irán pero, por ejemplo, respecto a Rusia e Israel mantiene una mínima continuidad con las políticas de la administración Bush. Cierto es que Obama resulta mucho más tranquilizador que su "antecessor", pero hasta el voluble Bush -el de Guantánamo y la guerra de Iraq- cumplía con ciertos criterios de continuidad en política exterior.

En España, no obstante, la política exterior se mueve según las fobias y filias de nuestros jefes de Gobierno, sobre todo desde que la partitocracia se cargó el maravilloso cuerpo diplomático que nos representaba en el extranjero desde los tiempos del conde de Gondomar. Ahora nos movemos a golpe de voluntad de unos personajes sospechosamente capacitados para tomar decisión alguna.

Aún así, poco hemos cambiado con el paso de los lustros. Algún día tendremos un presidente que sepa idiomas. Y esperemos que algún gobernante español no pierda la cabeza cuando cruce los Pirineos. Algunos pensarán lo contrario, pero después del largo fin de semana de turismo Zapatero ha demostrado ser tan bobo como Aznar. Nadie puede olvidar aquellas declaraciones "a la texana" de nuestro anterior presidente del Gobierno, su gran momento marxiano. Zapatero, después de reunirse -por fin, porque mira que ha dedicado esfuerzos a adelantar el encuentro, cual Romeo encendido de amor por Julieta- con Obama, declaró que ahora se abre "un nuevo tiempo" entre los dos países, que supongo significará algo aparte de sus peculiares connotaciones astrofísicas. ¿Se refería quizás a una nueva etapa? ¿Son los traductores de estas reuniones tan malos como los que traducen actualmente libros y películas?

De todas maneras, no nos desviemos de lo importante: Zapatero tiene, por fin, un amigo importante y, sobre todo, demócrata. Por eso se le ve tan satisfecho dentro de ese rictus bobalicón que casi nunca abandona. Habrá que crear una nueva escala en la expresión corporal del optimismo buenista porque a nuestro gran jefe sioux no se le va a desencajar la mandíbula a pesar de sus imposibles sonrisas. Ya tiene, como Aznar, su amigo americano y ya va a poder olvidar sus tiempos de soledad en el patio del colegio. Lástima que tenga que volver a España para encontrarse con esta crisis de mierda que ya nos llega más arriba del cuello. Sin duda, no se puede tener todo en esta vida, sobre todo cuando se mira a otro lado ante los problemas. Zapatero, en lugar de esconder la cabeza como hacen los avestruces ante el peligro, la eleva por encima de las nubes a ver si el sol ilumina sus evidentemente escasas luces. dmago2003@yahoo.es

07/04/2009 | 15:00 h.

Daniel Martín

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