En España hay más de cuatro millones de parados. Si les sumamos siete millones de pensionistas y tres de funcionarios, tenemos 14 millones de personas que poco o nada productivas, casi tantos como miembros de la llamada población activa asociados a lo privado. ¿Es sostenible este sistema?
Paralelo a este trágico fenómeno corre el temerario y escandaloso incremento del déficit público, que nos aleja de Europa tanto o más que la tasa de desempleo. Sin embargo, el Gobierno insiste en seguir dándose de topetazos contra la pared y la oposición, aunque se queja, hace más o menos lo mismo en aquellas comunidades autónomas que dirige. Y todos los partidos políticos con representación en alguna de las infinitas asambleas estatales, autonómicas o municipales se preparan para gastarse un pastón en la campaña para las elecciones europeas.
¿Por qué? Hay una cosa clara: ninguno de los políticos con escaño o cargo corre peligro de quedarse en el paro. Ni siquiera aquellos que trabajan en las infinitas sedes de sus partidos. Por eso dan más importancia a lo que no la tiene, lo que a su vez viene a confirmar mis sospechas sobre que a ninguno le importa un pimiento lo que le pase a España. Pero, si tuviesen un mínimo de inteligencia, se darían cuenta de que corren el peligro de que el chiringuito tenga que cerrar. O no.
José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España, ha dicho el pasado fin de semana -en la precampaña de la campaña de la precampaña de la...- que la solución a la crisis "será social o no será". Aparte del confuso concepto de lo que es una solución social, las propuestas en plan "todo o nada" revelan el sentido autoritario de una persona. Dejemos esto también al margen. La cuestión es que si cada vez hay más parados y el Estado está en un déficit más que preocupante, ¿cómo piensa asegurar Zapatero el futuro de nuestro estado de bienestar, ese que él presuntamente defiende?
He leído ya en varios lugares que la política de Zapatero recuerda a la de Perón, aquella que llevó a Argentina del 5º puesto mundial a la ruina absoluta. Lo he leído en artículos de distintos analistas sin contacto entre ellos. Por supuesto, analistas independientes que no entran dentro de ese sistema periodístico que, lejos de atacar la sinrazón de nuestra partitotarquía, la sostienen en un régimen de miserable servidumbre.
Por eso, del paro y del déficit se habla poco, sólo cuando salen las cifras, y enseguida se pasa a otro tema de menos importancia pero que mantiene engañado al pueblo: operación "Gürtel", financiación autonómica, crisis de gobierno, duelo en Madrid, la liga de fútbol... El auténtico ejercicio de responsabilidad ciudadana sería no dejar de mencionar un solo día los problemas del paro y del déficit público. Hay crisis en todo el mundo, pero las cifras españolas son muchísimo más altas que las de nuestro entorno. ¿Por qué? ¿No debería alguien con poder meditar un poco sobre este asunto?
Pero así están las cosas. Los dos problemas -aparte del peligro de la peste porcina que, este sí, responde a un hecho real, urgente y humano- que "nos van a interesar" en las próximas fechas son las elecciones europeas y el pacto sobre financiación autonómica. Los dos temas servirán para consolidar y perpetuar los problemas españoles y no servirán ni de cerca para solucionar los temas que necesitan una solución perentoria.
de Víctor Hugo lo eran porque no tenían nada. Afortunadamente, las cosas han cambiado sustancialmente. De momento, poca gente vive en España en tan precarias condiciones. El término miseria y su adjetivo miserable se usan hoy en día para referirse a la avaricia y la mezquindad. Nuestros políticos, en este sentido, son miserables. Pero, repito, sus puestos de trabajo, sus respectivos medios de vida, no corren peligro.
La gran prueba de este hecho será el próximo debate sobre el estado de la Nación, que Zapatero ha adelantado con claras intenciones electoralistas, otra prueba más de que prima su interés por el partido y el poder que el que no tiene por España. Ante tal adelanto, el PP se ha resignado y el resto de grupos parlamentarios ha callado. Después de todo, estos mismos grupos fueron los que, hace unas cuantas semanas, se subieron unánimemente un 5% su asignación como diputados a espaldas de la opinión pública y con el beneplácito de los medios de comunicación.
Eso es miseria en estado puro. Si siguen haciendo igual de mal las cosas, el paro y el déficit público arruinarán España. Pero, siguiendo el ejemplo argentino, allí los únicos que siguen viviendo bien son los políticos. Y si los partidos no hacen nada , existen dos soluciones: o nos callamos, como hasta ahora, o la sociedad se rebela antes de que sea demasiado tarde y el estado de bienestar pete irremisible y perpetuamente. Entonces, nada quedará.
Ante la incapacidad para el pacto del PP, el PSOE debería ser quien "derrocase" a Zapatero. dmago2003@yahoo.es

