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Chelo                      Aparicio

Chelo Aparicio

La libertad y la vida de Aminatu

08/12/2009 | 15:38 h.

Salvo que una eventual gestión diplomática desde Zarzuela, la ONU o desde la Casa Blanca (como ocurrió en la crisis del islote de Perejil) fuera eficaz e hiciera entrar en razón a Mohamed VI, la discusión jurídica y ética que se plantea hoy en el 'caso Haidar' está en la ponderación entre el valor de la libertad (la decisión libre de la activista saharaui de no aceptar tratamiento médico) y el de la vida, derechos básicos inscritos en el Convenio Internacional de los Derechos Humanos.

¿Puede un Estado, en este caso, la Justicia española, obligar a Aminatu Haidar a alimentarse contra su voluntad? Según los jueces, no hay nadie que le pueda obligar si se encuentra, como parece ser el caso, en plenitud de sus facultades. Hasta ahí, el asentimiento de los jueces es prácticamente general: no hay nadie que pueda obligarla a hacer lo que no quiera.

Pero ¿y si pierde la consciencia? En este punto, los juristas se debaten en "la polémica del millón". Aminatu Haidar ha dejado escrita su determinación para si se diera el caso. ¿Puede violentarse su propia decision? Lo ha expresado de manera consciente y libre, pero la discusión está abierta. ¿Ha de respetarse su decisión hasta sus últimas consecuencias o, por el contrario, han de proveerse las medidas para evitar que se muera?

No hay unanimidad. Fuera de las ideas políticas, en casos de algunas creencias que niegan prácticas médicas hasta el final (como las transfusiones sanguíneas), los jueces suelen inclinarse por decisiones que no sean irreversibles, y éste podria ser el caso, salvo que se llegara tarde. En la huelga de hambre del etarra De Juana se dio la circunstancia de su situación de preso, cuya custodia y responsabilidad competía al Estado. Y fue alimentado contra su voluntad. Aminatu está libre, no hay tutela legal del Estado. Y su determinación es, hasta ahora, definitiva.

A España, que acogió a Aminatu tras ser expulsada del aeropuerto de El Aaiún y despojada de sus documentos de identidad por las autoridades marroquíes, le ha estallado el problema. Y más allá del juicio sobre su posición ante el conflicto del Sahara y de su equidistancia con Marruecos respecto de aquél, puede establecer su política en función de las relaciones e intereses que mantiene con el país vecino.

¿Qué puede hacer nuestro país? Todos los esfuerzos desde el campo político, diplomático y de persuasión humana. Luchar sin descanso por encontrar una salida, perseverar en la idea de resolver la situación. Tal vez nada más, salvo quizás adoptar una actitud más humilde sobre la solución de los conflictos en el mundo. No es fácil comprender que la lucha de la activista saharaui tenga como destinatario nuestro país. Y quizá no pueda establecerse una politica con Marruecos sobre la lucha de Haidar. Es Marruecos quien debe resolverlo.

Pero la cuestión nos apela a todos. ¿Hay que salvar la vida de Aminatu como sea, a cualquier precio? Tampoco los psiquiatras encuentran la respuesta definitiva. Más bien resaltan la libre determinacion del sujeto como algo inviolable, y dicen que "no se puede salvar la vida, a cualquier precio". Si su voluntad es máxima, dicen, si el sentido de su vida es morir por esta causa, no se puede evitar.

Hay quien observa, en este difícil debate, que a derechas y a izquierdas "lo que de verdad angustia es la firme determinación de Haidar".

Porque, si se diera el caso, y Aminatu Haidar perdiera el conocimiento, al margen de la crucial disyuntiva de salvar su vida o violentar su decisión, en ese estado físico, podríamos ya llegar tarde.

08/12/2009 | 15:38 h.

Chelo Aparicio

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