El pleno del Congreso discurrió este miércoles con singular cortesía en la sesión sobre las prioridades de la presidencia española de la UE, ya en capilla, cuando en los pasillos persistía la resaca del giro del Gobierno en la proposición no de ley de apoyo a la causa del pueblo saharaui y de dura crítica a Marruecos, aprobada por la Cámara con la abstención del PP. La causa de Aminatu Haidar volvió a ser el centro de análisis espontáneos entre corrillos. En la tribuna, Zapatero y Rajoy se midieron tan recatados que parecían lejanas las mutuas acusaciones de incompetencia y deslealtad. Se trataba de Europa. Pero este jueves volverán las tensiones ante la reforma de la Ley del Aborto.
No se oyó el habitual tono bronco de los cara a cara entre Zapatero y Rajoy, pese a los discursos de Alonso contra las "gafas negras de Rajoy" y el ya clásico rifirrafe entre De la Vega y Sáenz de Santamaría. La cuestión de la presidencia europea, cuyas prioridades acordaron PSOE, PP, CiU y PNV, despejó las nubes de la rivalidad política, y sólo se deslizaron los habituales envites, aunque con mesura, sobre la alarmante crisis española y la fallida Conferencia de Presidentes Autonómicos en el Senado. El presidente estuvo agradecido por el apoyo a los grupos: "Han demostrado ustedes altura de miras con los interes más altos de España". Sonó raro.
Y entre cafés y corrillos, dos diputados socialistas no escondieron su contradicción por la causa de Haidar, después de haber aceptado la víspera una resolución más dura contra Marruecos para lograr el apoyo parlamentario que buscaba el Ejecutivo. Algunos populares también comentaban la paradoja de que fuera la oposición la que hubiera salvado al Gobierno de su propia política exterior con Marruecos. El PP se abstuvo de la iniciativa parlamentaria que incluía el derecho al regreso de Haidar a El Aaiún, y el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.
Contrastes. Al fin y al cabo, el problema del Sáhara suscita apoyos transversales, en izquierda y derecha, e incluso posiciones contrarias entre los mismos partidos. La causa de Aminatu Haidar ha movido esquemas y propiciado inusuales imágenes, como la de Rosa Díez, que se ha comprometido apasionadamente con la causa de Haidar, junto a De la Vega, en una charla animada desde su escaño del banco azul.
Hasta las reprobaciones de Bono sonaron más suaves. Y cuando Rajoy dijo "no s que nos hayamos vuelto repentinamente gubernamentales" para explicar su interés por el compromiso europeo de España, a sus señorías les entró una risa floja.
"No se preocupen, no son sospechosos de esa tarea, pero reitero mi agradecimiento", insistía Zapatero. Menos mal que volvió la normalidad: el cruce de reproches sobre la crisis en España, desde "el milagro español" con el que nos saludaban en la anterior presidencia española, en el 2002, al "enfermo de Europa" con que nos presenta en el 2009 The Economist y los malos augurios de las agencias de calificación. Todo esto lo recordaba Rajoy. "No se deprima", le decía Zapatero. El problema deben ser las gafas oscuras de Rajoy.

