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Carolina G. Cortines

Carolina G. Cortines

La batalla por el gas no ha terminado

12/01/2009 | 14:53 h.

El acuerdo alcanzado entre Moscú y Kiev para controlar el paso del gas ruso por Ucrania no significa que la batalla entre los líderes de ambos países haya terminado. No se debe descartar que los enfrentamientos entre los dos Estados vuelvan a reproducirse llegado el momento. La verdadera batalla, la que mantienen algunos de los oligarcas de Kiev y Moscú por controlar este negocio, continúa. Aunque las consecuencias las sufre Europa, ésta no es, principalmente, una guerra contra los países de la Unión Europea, aunque a veces Putin lo quiera utilizar como castigo. Es sobre todo una guerra entre oligarcas, y aún no está resuelta.

Las relaciones con Europa ahora no son la clave del problema. Aunque se haya vuelto a recordar estos días, como cada vez que Rusia y Ucrania mantienen un conflicto en política exterior -en este caso el deseo de Ucrania de entrar en la OTAN-, que el Kremlin se alía con la estatal Gazprom para cortar el gas a Ucrania y en consecuencia a su mejor cliente: Europa. Detrás existe un debate puramente de beneficio económico. Beneficio del que se aprovechan los oligarcas de uno y otro país.

Bien es cierto que Kiev y Moscú son conscientes de que necesitan los ingresos procedentes de la venta del gas. Saben que necesitan mantener unas relaciones estables con los únicos compradores que siempre les podrán pagar su mercancía. Pero ni uno ni otro, ni rusos ni ucranianos, están en condiciones de ofrecer las garantías jurídicas de un Estado de Derecho. Los españoles que han estado negociando recientemente la posible participación de Lukoil en Repsol saben muy bien las condiciones excepcionales en que se debe negociar todavía hoy día en Rusia.

Como consecuencia permanecerá la incertidumbre sobre el futuro aprovisionamiento de Europa. Los países más dependientes del aprovisionamiento procedente de Rusia, como son Italia, Francia, Alemania y Austria, entre otros, hacen bien en impulsar las decisiones alternativas al aprovisionamiento de este gas, como son aumentar el Gas Natural Licuado, transportado por barcos, aumentar su capacidad de almacenamiento, diversificar los países y las vías de aprovisionamiento y limitar los recursos procedentes por infraestructuras terrestres.

Los países más dependientes del gas ruso han sufrido estos días consecuencias devastadoras. A las incomodidades provocadas a los ciudadanos, que en casos como en Albania han tenido que acudir a los parques públicos a cortar árboles para poder calentarse, se añade la paralización de parte de su industria. La economía Búlgara ha entrado al ralentí. De entre sus medianas y grandes empresas, 153 sólo funcionaban a medio gas -nunca mejor dicho-, 72 estaban completamente paralizadas y sólo 44 funcionaban con normalidad. En Eslovaquia las empresas del sector automovilístico, Peugeot y Kia, han tenido que cerrar.

La exigencia concreta de Gazprom a Naftogaz de que pague 250 dólares por cada mil metros cúbicos de abastecimiento, mientras la ucraniana sólo esta dispuesta a pagar 200, parece poco más que una anécdota. Hasta ahora se había respetado un statu quo cuyo origen se remonta a los años 30, cuando nació en Ucrania la industria del gas soviético. Al día de hoy Ucrania se mantiene como parte central de la industria gasista rusa, aunque la actividad de extracción se haya desplazado hasta Siberia. Los activos fundamentales de la infraestructura del gas siguen situados en Ucrania. La dependencia de ambos países es total. Rusia necesita las infraestructuras de los gaseoductos de Ucrania y este país necesita el gas de Rusia. En la práctica se admite que Rusia paga el derecho de tránsito con aproximadamente un 20 por ciento de sus exportaciones.

Como han recordado los expertos energéticos internacionales Jérôme Guillet y John Evans, de European Tribune, Gazprom, consciente de que Ucrania nunca pagaría por las entregas oficiales de gas, ha privatizado parte del negocio. Incluso ha ofrecido a algunos compradores privados mejores precios si pagaban a otros proveedores en teoría no relacionados ni con Gazprom ni con Naftogaz.

Esta estrategia ha trasladado la batalla política a Ucrania. La actual primera ministra, Yulia Timoschenko. El principal líder pro ruso, Viktor Yanukovitch, representa a algunos de los grandes industriales compradores de gas del Este de Ucrania. En la parte rusa el negocio se lo reparten representantes del Kremlin y de Gazprom. Como consecuencia fundamental está la incertidumbre del aprovisionamiento europeo.

El corte no puede prolongarse durante mucho tiempo más. La interrelación de intereses lo evidencian las relaciones comerciales en este sector. La UE compra a Rusia el 25% del gas que consume. Rusia exporta el 42% de su gas a Europa.

Resulta lamentable que la Unión Europea no cuente aún con un plan para reducir su dependencia del exterior en materia energética.

Carece de sentido que las centrales nucleares sean denostadas y se potencien las centrales de ciclo combinado, que requieren una enorme cantidad de gas importado para que funcionen. Como lo carecen las elevadas inversiones realizadas en energía solar sin haber creado las infraestructuras de almacenamiento y distribución.

Tampoco lo tiene que no estén aprobadas hace ya tiempo las inversiones necesarias para desarrollar gaseoductos como el 'Nabucco' que evitaría la dependencia con Rusia al conectar Europa con Asia Central.

La dependencia de Europa del gas y del petróleo la hace muy vulnerable. La reunión de hoy del Consejo de Ministros Europeos de Industria es una oportunidad para mostrar a Rusia que no podrá seguir contando con unos socios que cada dos por tres se ven amenazados por las diferencias de sus oligarcas.

12/01/2009 | 14:53 h.

Carolina G. Cortines

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