Menudo belén se encuentran este año los Reyes Magos. Faltan aún tres semanas para la Epifanía y Zapatero ya ha escrito la carta a Sus Majestades. Lo ha hecho en la Conferencia de Presidentes, una gruta de Esperanza llena de santos. Allí estaban San José (Montilla), San Pedro (Sanz), San Juan (Vicente Herrera), San Miguel (Sanz), San Francisco (Camps) y San Javier (Rojo). En su misiva -que ha titulado Propuesta de Acuerdo sobre Economía y Empleo- el presidente pide para España recuperar el crecimiento, generar empleo, reducir el déficit y la deuda, y consolidar la presión fiscal.
Dice Zapatero que este año ha sido bueno, pero como los del PP creen que el presidente como mucho merece carbón, puso todo su empeño en la reunión en que, por favor, le firmen todos la carta. No lo consiguió.
El texto es aburrido y muy escaso, la verdad, de contenido. No hay chicha. No concreta casi nada, es una retahíla de generalidades que lo emplaza casi todo al mes de enero. No está mal... la última vez que el presidente habló de luchar contra la crisis fue para defender su Ley de Economía Sostenible, sostenible y sostenida en el tiempo porque los efectos de muchas de sus medidas no empezarán a notarse hasta mínimo dentro de un lustro.
El documento tiene sólo 14 páginas, pero quien escribe no ha podido pasar de la novena (y eso rezando). Abandoné la lectura en el punto en el que explica que "se ha producido una importante reducción de los ingresos tributarios" para justificar, acto seguido, que las administraciones "realicen un importante esfuerzo de consolidación fiscal". Échese a temblar la clase media. Todo apunta a que el roscón de Reyes lo va a traer este año Zapatero y a que la figurilla, o mejor dicho el haba, lo van a encontrar los de siempre, los paganini de la clase media.
Serán, no los que más tienen, sino los con-nómina y sin-dinero los que pagarán, en tiempos de crisis, los alardes sociales de este Gobierno, que acierta al garantizar la protección de los desempleados (siempre que se reforme en paralelo el mercado laboral y se incentive la contratación), pero se equivoca al arrebatar a la clase trabajadora unos fondos con los que, sin duda, se incentivaría el consumo. Un dinero que imprimiría confianza en el consumidor y reportaría el beneficio de eso que los keynesianos llaman "efecto multiplicador", por el incremento de la demanda agregada, en el flujo de la economía.
Es lo más oportuno en tiempos de crisis. Olvidarse de los ricos -mejor no tocarles el bolsillo- y defender el gasto social indiscriminado financiando los cuantiosos subsidios con el sudor de la clase media trabajadora. Que luego no se quejen del desplome del gasto y de la caída del consumo.
El alto endeudamiento de los hogares, unido a los altos tipos de interés que han reinado durante mucho tiempo (ahora no), se traduce en una contracción del gasto, cuyo recorte puede superar este año el 4%.
De cualquier manera, y retomando la propuesta económica que Zapatero ha llevado a la Conferencia de Presidentes, llama la atención que el Gobierno hable ya abiertamente -por fin- de reforma laboral. Sólo por eso, aunque el texto sea ciertamente superficial, debería sumarse al carro el PP. La oposicion llevaba meses demandándolo. Pero la historia es la de siempre: el mago Zapatero se saca de la chistera otra declaración-propaganda, y el PP, como hace por sistema, la rechaza. Da la impresión de que a veces lo hace sin leerla...

