Así se las gastan la FIFA y la UEFA. No actúan con más criterio que el de su propio interés particular sin escrúpulo alguno como se acaba de producir con el atraco a silbato armado a la selección de los humildes devotos de San Patricio y que valió el pase del equipo de los compatriotas de Michel Platini a la fase final del Mundial de Sudáfrica.
Desgraciadamente, a Irlanda no le queda más que llorar y ser compadecida por todo el mundo -menos Francia, naturalmente- por el robo que un árbitro al dictado de la UEFA le hizo en suelo francés de Saint Dennis. Un sueco que, nadie lo dude, y mucho menos los buenos aficionados irlandeses, estará entre los elegidos para dirigir partidos del Mundial.
Será el obsequio con el que los presidentes Joseph Blatter y Michel Platini le premiarán por no haber señalado con falta la mano del francés Thierry Henrry que vio medio mundo menos él y sus tres jueces acompañantes.
Unas manos que ya han pasado a la historia como otra de las muchas miserias de quienes mandan en el fútbol. Unos a los que no se les asusta tan fácilmente con intervenciones ni presiones gubernamentales.
Por ello, y aunque nos fastidie que las injusticias siempre son para los mismos, a Irlanda no le queda ahora más consuelo que el de verse vencedora moral ante Francia y como víctima inocente de las 'manos negras' que mandan en el fútbol mundial. Porque de que se repita el partido, nada de nada, ya lo verán.

