Samuel Eto'o salió de Can Barça por la puerta de atrás a finales de la pasada temporada. Pero ni desde el club ni del propio jugador camerunés se dijo una palabra más alta que otra, ni se tiraron los trastos mutuamente a la cabeza como todo el mundo esperaba. Pero la procesión, que nadie se engañe, iba entonces y seguro que sigue yendo por dentro ahora.
Mañana, martes, Eto'o regresa al Camp Nou defendiendo los colores del Inter de Milán para intentar amargarle a 'su Barça' la existencia en la Liga de Campeones. Y lo hace poniéndole una vela a dios y otra al diablo, que es lo mismo que decir "nunca celebraré los goles en el Camp Nou, aunque mi obligación como profesional es marcarlos para el Inter, que es ahora el club que me paga".
Aunque no hace mucho confesó que "mis colores son los del Mallorca y el Barça sólo es el club que me paga", Eto'o tiene necesidad de que el barcelonismo sepa que desde la distancia de otro club todavía sigue teniendo el alma azulgrana.
Y es que Eto'o sabe que mañana será una noche muy especial para él. Es consciente de que habrá un expectante Camp Nou añorándole una mitad y comparándole la otra con el nuevo dueño de su antigua taquilla en el vestuario blaugrana, el sueco Zlatan Ibrahim Obi.
Pero, sobre todo, Samuel Eto'o sabe que tener el alma azulgrana es algo que nadie se lo puede quitar. Ni Joan Laporta. Ni Pep Guardiola. Ni Txiqui Beguiristain.

