¿Soportará Cristiano Ronaldo el estrechísimo marcaje mediático a que va a ser sometido en su nueva vida madrileña? ¿Sucumbirá como otros tantos jugadores famosos a los 'encantos' del entorno que conlleva la fama y el peso de la púrpura? Son las preguntas del millón que no sólo se formulan los aficionados madridistas, sino también dentro del club, donde ya se ha diseñado un plan para preserva a su estrella lejos del 'mundo, el demonio y la carne'.
El Real Madrid ya sabe lo que es sobrevivir en el borde del escándalo con galácticos en sus filas. Sabe que va a ser peliaguda la situación que se le presentará con Cristiano fuera de los terrenos de juego. Por lo pronto ya se han encargado desde el club de mantenerle lejos del mundanal ruido -le ha aconsejado que se refugiará durante estos días en Lisboa- antes de incorporarse junto a sus nuevos compañeros para viajar a Dublín, donde el Madrid iniciará la pretemporada.
La calle va a ser casi un terreno vetado y un martirio insufrible para Cristiano Ronaldo. Y los alrededores de su domicilio, también. Su privacidad no va a tener límites establecidos. De esto sabía bastante el otro Ronaldo, el brasileño, cuyas fiestas hogareñas de cumpleaños fueron siempre carne de la prensa rosa de todo el mundo.
Pero, afortunadamente para el Madrid y su 'mosqueada' afición, quienes conocen a Cristiano Ronaldo dicen de él que su modus vivendi se parece más al que llevó durante el tiempo que jugó en el Madrid el también galáctico David Beckham que al comportamiento frívolo e indisciplinado del delantero brasileño. El inglés supo llevar con total discreción su vida privada -y sus canitas al aire, que también las echó en las noches madrileñas- y supo separar su faceta futbolística de la mercadotecnia que tanto él como su esposa explotaban muy rentablemente.
El único pecado de Cristiano Ronaldo es el de ser joven, guapo, rico y, además, uno de los mejores jugadores del mundo (el barcelonista Messi es el otro). Quizá por eso había elegido la 'glamurosa' y céntrica Milla de Oro madrileña para vivir como cualquier otro muchacho de su edad. No reparó en que con su fichaje por el Real Madrid ha cometido el delito de convertirse en el icono del fútbol mundial. Un muchacho que a partir de ahora se verá obligado a vivir en una fortaleza blindada en las cercanías de la capital sabiéndose observado por todas partes. Es decir, como un ermitaño de oro. Porque Madrid, lo mismo que te lleva al cielo, también te puede hundir en el fango. Incluso a futbolistas como él.

