Por Bilbao, donde ya adecentan La Gabarra con las galas de los días solemnes y la Ría desborda optimismo por sus dos márgenes, nadie duda de que el Athletic Club haga valer ante el Sevilla el espíritu de su ADN de equipo copero por excelencia para ganar su pase a la final de la Copa del Rey al superar esta noche, en San Mamés, el 2-1 del partido de ida en el Sánchez Pizjuán.
El Athletic Club no es favorito. Pero ni siquiera los dos 'kanoutazos' del pasado sábado en el choque de Liga ni la explosiva chulería, o una forofada más a los Boluda, del presidente sevillista, José María del Nido, al vaticinar que "nos vamos a comer al león, desde la cola al rabo", acobardan a la hinchada rojiblanca que llenará San Mamés para aupar a los 'leones' de Joaquín Caparrós. Un Athletic Club que parece haber dejado de lado la Liga para pensar en un 'todos a una', afición y equipo, en su trigésima quinta final copera.
Hace tiempo se decía que una final del torneo de Copa sin el Athletic era menos final. Solamente la presencia festiva de su hinchada ya era sinónimo de día grande del fútbol español. Ahora, veinticuatro años después, cuenta con una oportunidad de oro para alcanzar una final añorada para la familia vizcaína y casi un bautismo de fuego para la mayoría de los jugadores rojiblancos. Ha transcurrido un cuarto de siglo de esta competición del 'k.o.', cuando el Athletic Club disputó su última final, y esta noche se dará el hecho entrañable de lo que es la filosofía de estos colores de que Fernando Llorente, la gran esperanza ofensiva, tan sólo tenía cuatro meses de edad.

