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Alberto Míguez

Alberto Míguez

El discutible Plan Moratinos

14/01/2009 | 14:41 h.

El reciente viaje que el ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, acaba de realizar a Egipto, Siria y Líbano debería ser -eso, al menos, dicen sus creadores- la piedra filosofal del Gobierno español sobre Oriente Próximo o, si se prefiere, el proyecto de un plan de paz que sirva para reducir las posibilidades de hostilidad mantenidas por parte de palestinos e israelíes.

Sean cuales sean los resultados del plan en cuestión, todo indica que Moratinos sabe lo que hace y dice. Claro que eso no significa que su proyecto tenga las virtualidades de la política exterior de una gran potencia.

Si somos suficientemente realistas deberíamos partir de un hecho evidente: España y su Gobierno tienen seguramente muy buenas intenciones sobre la paz en la zona, pero la importancia política de nuestra diplomacia es modesta.

Moratinos conoce bien la zona, entre otras razones porque allí vivió durante años. Pero naturalmente este conocimiento no le ofrece el poder suficiente de que su voz sea escuchada y sus proyectos tenidos en cuenta. España es un país medio -yo diría que "de segunda"-, de modo que sus ofertas de colaboración y participación en el proyecto general de paz son limitados. Cuanto Moratinos haya dicho y pueda decir en El Cairo o en Damasco tiene una importancia relativa y su principal objetivo debería ser la viabilidad.

Mas he aquí que el "Plan Moratinos" se presenta como una alternativa modesta y relativamente viable. Ahí termina todo, porque ni la diplomacia española es tan importante como seguramente nos gustaría ni el proyecto en sí mismo tiene grandes posibilidades de salir adelante o ayudar a los países amigos de la zona. Tal vez basta con la evidencia de que ni Moratinos ni el Gobierno español tienen la fuerza y la imaginación suficientes como para que su voz sea escuchada. ¿Será suficiente? Seguramente sí. Claro que mejor es participar aunque sea modestamente en el proyecto general de paz como actor que simplemente ofrecer retórica y buenas palabras a egipcios, palestinos, israelíes y sirios. En éste, como en muchos casos, la primera necesidad es ser realista. ¿Lo es este ministro de Exteriores? Seguramente sí, pero ahí termina todo. Con la simple presencia del ministro y su séquito las cosas resultan suficientemente viables y modestas como lo han sido a lo largo de los últimos meses por parte española en la zona. La primera necesidad en este tipo de proyectos son la modestia y el sentido común. Moratinos los tiene, pero hasta ahí llega su proyecto. O debería llegar, que no es lo mismo.

14/01/2009 | 14:41 h.

Alberto Míguez

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