Los dirigentes del "movimiento islámico" Hamas, cuyos representantes se hallan en El Cairo negociando con Israel una tregua, deberán responder dentro de unas horas a las propuestas del primer ministro, Olmert, sobre una eventual tregua de varios meses extensible a un año.
Todo indica que finalmente los radicales palestinos terminarán aceptando el plazo sugerido por las autoridades israelíes, algo que su opinión pública ve con evidente desconfianza, aunque no mayor que la del propio Gobierno de Israel.
Temen los israelíes que esta tregua de un año sirva a los sectores más fanáticos del movimiento islámico para reconstruir la ciudad de Gaza pero esencialmente para volver a armarse. De ahí a reiniciar el "baile de los misiles" caseros contra objetivos civiles israelíes media solamente un trecho.
Esos sectores siguen creyendo que el mejor destino de Israel es desaparecer en las aguas del Mediterráneo y que todo cuanto ayude a lograr este objetivo debe ser asumido como una bandera de futuras "victorias".
Ni que decir tiene que Israel y su temible ejército no aceptarán una tregua que sirva para extender el rearme de los palestinos aunque éstos sepan que cualquier gesto de violencia, aunque sea mínimo, contra las fuerzas armadas judías y la población del país será "convenientemente respondido".
Esperamos, han dicho los funcionarios israelíes del Ministerio de Defensa y los mandos de Tsahal (ejército israelí), que lo sucedido en los últimos meses haya servido a los palestinos de Gaza como dura lección según la tesis de que quien la hace la paga y que todo acto de hostilidad, aunque sea mínimo, por parte de Hamas obtendrá una respuesta contundente. La opinión pública israelí en general apoya esta tesis, entre otras razones, porque de ella depende la supervivencia de la nación, y ahí los partidos políticos del país coinciden.
Mientras probablemente Hamas aproveche la tregua para rearmarse y reconstruir las zonas civiles esenciales de la franja con la ayuda de los países árabes opulentos hay razones de sobra para creer que Israel, entre tanto, mantendrá la fuerza de su ejército y lo dotará de los avances tecnológicos más llamativos, que van desde los aviones espías no tripulados a los blindados de última generación.
De lo que se trata -y Egipto deberá ser el aval de este acuerdo- es de que la tregua no sea un pretexto para volver a las andadas y reproducir los errores de ambas partes intercambiando misiles y proyectiles en espera de que los F-16 israelíes comiencen a actuar. No hay que excluir esta eventualidad, aunque todos deben esforzarse para evitarla.

