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Alberto Míguez

Alberto Míguez

Viajes a Cuba: quién gana, quién pierde

15/04/2009 | 14:48 h.

El levantamiento de las restricciones para viajar y enviar dinero a Cuba, recién anunciadas por el presidente Obama, lo integran algunos comentaristas en el marco de la nueva política exterior del presidente al estilo de lo que intenta hacer restableciendo el diálogo con Irán o participando en las negociaciones con Corea del Norte.

Obviamente, los más beneficiados por esta decisión son los cubanos que viven en la isla y en cierta manera también los que forman parte del inmenso exilio exterior, que podrán restablecer los vínculos perdidos con sus familiares y amigos en la isla mientras que éstos verán cómo la vida cotidiana y su bienestar mejoran con la llegada de más turistas y más divisas.

Véase desde donde se vea, el embargo contra Cuba vigente desde 1962 constituía una excelente ayuda para la supervivencia de la dictadura y un argumento de primer orden contra el "imperialismo". Las autoridades cubanas ocultaron gracias a su empecinamiento la verdadera responsabilidad que les incumbía por la desastrosa situación económica del país fruto no exclusivamente del embargo sino de una economía planificada incapaz de cubrir las necesidades más elementales de los ciudadanos. Quienes verdaderamente resultaron a la postre penalizados fueron los ciudadanos en general y sus parientes del otro lado del estrecho de Florida.

Es obvio que la decisión de Obama quiere ir más allá de una mejora superficial de las relaciones. Lo que pretende la nueva Administración americana es el establecimiento de contactos normalizados con un país con el que tantas cosas vinculan a Estados Unidos. Pocos creen en Washington, sin embargo, que la decisión de Obama vaya a representar en los rangos del régimen una liberalización instantánea, lo que representaría en primer lugar la liberación de los presos políticos encerrados en el presidio o presidios cubanos, así como la posibilidad de acceder a una serie de bienes que a los cubanos les estaban vedados.

Naturalmente, los funcionarios del régimen, de la policía y de las fuerzas armadas se verán excluidos de esta nueva franquicia y no serán ellos los más satisfechos con la nueva situación que ahora se inicia. Tampoco está claro que para los hermanos Castro la decisión de Obama sea asumida con entusiasmo. El país tendrá que proceder a una serie de cambios en la medida que vayan llegando a la isla familiares y exiliados y no obligara, como algunos anhelan, a promover cambios en profundidad tanto en el terreno político como en el de la vida cotidiana.

Lo interesante de la decisión presidencial es que pone en marcha un mecanismo cuyos resultados nadie conoce de antemano pero que en principio beneficia a la inmensa mayoría de la población que habita la isla. En cuando al futuro, habrá que esperar. Sin prisas ni pausas.

15/04/2009 | 14:48 h.

Alberto Míguez

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