El fallido asalto del palacio presidencial de Guinea Ecuatorial en Malabo ha servido al menos para demostrar que el país sigue viviendo una situación de crisis extrema entre la riqueza del petróleo y la pobreza sin paliativos de la inmensa mayoría de la población.
Está todavía sin aclarar la identidad de los asaltantes, que el Gobierno de Malabo achaca al MEDN (Movimiento de Emancipación del delta del Níger), un grupo de brigantes que por segunda vez intentó penetrar en las zonas urbanas, la capital continental, para robar los bancos de la ciudad de Bata, la capital continental. En esta ocasión varias barcas rápidas desembarcaron a la fuerza invasora, que fue rechazada por la guardia presidencial, formada en su mayoría por extranjeros (marroquíes casi todos). Los asaltantes terminaron por huir y en su mayoría se dispersaron en la zona donde se encuentra el palacio presidencial (más conocida como la Ciudad Prohibida). Allí las fuerzas de seguridad los buscan con el objetivo de capturar al grueso de la fuerza invasora. Quince de los asaltantes han sido ya detenidos y probablemente serán juzgados y castigados con la pena máxima según las costumbres del país. Dos de los asaltantes murieron en la acción.
El dictador guineano, Teodoro Obiang, se encontraba en Bata cuando se produjo el asalto al palacio presidencial de Malabo, de modo que salvó la vida y la de sus colaboradores. No es la primera vez que Obiang se salva de un intento semejante. En esta ocasión, los grupos de la oposición agrupados en la Convergencia para la Democracia Social se han desentendido del incidente y lo han condenado.
Guinea sigue siendo un volcán en medio del Atlántico. Los datos económicos del país (medio millón de barriles de petróleo diarios, una renta per cápita menor de 200 euros) atraen tanto a las grandes potencias -las compañías USA, en primer lugar- como a ciertos países vecinos. Según Transparencia Internacional, el país ocupa el nada honroso título de ser el noveno más corrupto del mundo. Ni que decir tiene que la dictadura de Obiang se mantiene gracias a la guardia presidencial y a las fuerzas de seguridad también mercenarias que protegen a Obiang de las tentativas internas y externas para destronarlo. En esta ocasión, el fallido intento de invasión probablemente será utilizado por el dictador como un pretexto más para apretar las tuercas represivas contra una población que malvive sobre todo gracias a la ayuda internacional sin que la riqueza petrolífera le haya servido para mucho.

