El asesinato anunciado del abogado Rodrigo Rosenberg en Guatemala era un crimen que muchos preveían.
Rosenberg tuvo el coraje de anunciar su asesinato en un vídeo donde advertía que los ladrones, narcotraficantes y delincuentes relacionados todos ellos con el presidente de la República, Álvaro Colom, preparaban su asesinato. Y así fue al cabo de cuatro días de haber grabado el vídeo que hoy recorre el mundo y escandaliza tanto a los ciudadanos del país como a los dirigentes de otros de la región, incluidos México, Honduras y El Salvador.
Guatemala se ha convertido en un narco-Estado donde la droga y los negocios sucios controlan la vida cotidiana, social y financiera y cuyas relaciones con el presidente de la República nadie discute.
El asesinato de Rosenberg ha puesto de manifiesto las nada secretas relaciones entre los bajos fondos, las grandes finanzas y el poder político máximo.
Pero probablemente el asesinato de Rosenberg traiga consigo ciertas complicaciones para el presidente Toledo y su esposa, cuya vocación en convertirse en sucesora de su marido al estilo Kichner está fuera de toda duda.
Este narco-Estado podría tropezarse ahora con una opinión pública harta y asqueada con la corrupción generalizada y eso explicaría las manifestaciones y protestas que en los últimos días han caracterizado la vida pública del país y sus calles.
Tal vez Guatemala sea el país centroamericano donde la corrupción y el despilfarro resulten más evidente, entre otras razones porque una parte de las redes del narcotráfico que "trabajan" en México están instaladas allí.
Sólo la ayuda de Estados Unidos en la gran batalla contra este tráfico podría en el futuro acabar con la podredumbre del Estado y de sus principales dirigentes. El asesinato de Rodrigo Rosenberg podría ser la gota que llenase el vaso de la paciencia popular y externa. Pero todo ello tardará bastante antes de que el país recupere los valores de libertad y democracia que los ciudadanos en general solicitan hasta ahora sin éxito.

