La gran reforma improvisada por Raúl Castro recientemente podría guardar alguna relación con el relevo en la Casa Blanca.
En Cuba algunos creen que Obama se apresta a suavizar el embargo (motejado por algunos ignorantes como "bloqueo") y abrir Cuba al mundo como le aconsejó a Fidel Castro el Papa Juan Pablo II cuando visitó la isla.
Por de pronto, la destitución de Carlos Lage, hasta ahora vicepresidente del Consejo de Estado, y Felipe Pérez Roque, que era ministro de Exteriores por dos personalidades casi desconocidas traduce la voluntad de Raúl Castro a proceder a una serie de reemplazos, cambios y funciones de ministerios y altos cargos, un proyecto anunciado por el propio Castro hace un año consistente en reducir y reestructurar la Administración del Estado.
Lage y Pérez Roque, que eran personas de confianza absoluta de los dos hermanos Castro, cederán sus cargos a otros dirigentes, casi todos ellos procedentes del Ministerio de Defensa. El general José Amado Ricardo Guerra, por ejemplo, ocupará el puesto que hasta ahora ostentaba Carlos Lage. No es un caso único, porque en el actual Gobierno hay otros ministros procedentes del secretariado particular de Raúl Castro y por tanto gente de absoluta confianza del dictador.
Hay quien ha interpretado la destitución de Lage y Pérez Roque como una advertencia a los "civiles" del régimen. Temían algunos que cualquiera de los dos terminase convirtiéndose en sucesor de Raúl, que así evitó tentaciones mayores.
De todos modos, y sea cual sea el nombre de los nuevos altos cargos, lo que continúa siendo claro es que el cambio tan esperado por el exilio interior y exterior no se producirá tampoco esta vez. Por muchos gestos de simpatía y buena voluntad que Obama derroche con respecto al tradicional enemigo, las cosas siguen como estaban y con Lage o sin Lage en el poder. La dictadura sigue siendo ese régimen de horror y represión que ha sido desde su nacimiento.

