La mosca

Más cojonera que nunca, se acabó lo de ser sólo el logo de las cadenas, de aguantar lo que me pongan sin rechistar

El 'caniche' Monedero muerde al 'torrentiano' Urdaci

Urdaci y el caniche en que convirtió 13 TV a Monedero.
Urdaci y el caniche en que convirtió 13 TV a Monedero.
El 'caniche' Monedero muerde al 'torrentiano' Urdaci

Con la Iglesia hemos topado. Alguien debería haberle dicho eso al politólogo y cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero cuando, en una de sus sesudas y planeadas apariciones televisivas decidió atacar nada menos que a la Cadena COPE y a 13 TV, al tildar a ambos medios de "cuevas de odio". La respuesta apostólica no llegó, pero dos de los discípulos más aventajados de ambas casas, Carlos Herrera y Alfredo Urdaci, respectivamente, han decidido hacerse portavoces de la Santa Sede y 'habemus insultus' por doquier.

Primero fue Herrera el que no se cortó un pelo al dedicarle al político lindezas como "mamarracho" o "cretino" y tildarle de chorizo ("la Iglesia no necesita tu dinero, el que tú has mangado a los venezolanos, haciendo informes que no constan sobre una materia que no conoces"). Este fin de semana era el segundo, el que primero le recordaba que de cueva nada, "somos una casa abierta para todo el que vaya por el mundo con respeto, y no tenemos ni medio gramo de odio, porque éste provoca muchos problemas y no resuelve ninguno, el odio se lo dejamos todo a Monedero", para, a continuación, pasar al contrataque.

Urdaci, en su editorial, se creció tanto que incluso no le importó no contrastar un dato, algo que se le exige a cualquier periodista, al afirmar que "Monedero gasta pasiones tristes y furia sectaria, como cuando deseó la muerte de no recuerdo qué dirigente mundial". Si no lo recuerdas, ¿para qué citarlo entonces y quedar tan mal hombre? ¿No te valió con lo de CCOO?

El presentador de 13 TV habló en nombre de su cadena para asegurar que "sí que nos molesta la imposición, el ladrido, que algunos vayan por la vida dando miedo con su exceso de testosterona", y tiró de su vena católica, apostólica y romana al puntualizar que "tampoco le habíamos contestado por misericordia, por piedad, porque con la de asuntos graves que tratamos a diario, con lo que está pasando en Venezuela, con la de casos de fraude fiscal que hay, con la estafa de las cajas de ahorros politizadas, nos había pasado desapercibido el último ladrido del caniche Monedero".

Sí señor. Qué elegancia, ni Doberman como calificaron a Álvarez-Cascos los socialistas, ni tan siquiera el rotweiller en el que dice Pipi Estrada que se convirtió Terelu Campos cuando vivía con ella. Simplemente, que no es poco, el canis lupus familiaris que durante el siglo XV se consideró de uso exclusivo de los aristócratas y nobles. Seguro que eso no lo sabía Urdaci, porque sino de qué le iba a relacionar a su rival con la nobleza. Se habría quedado con un simple chucho callejero.

El 'ladrido' del que hablaba el periodista lo dio esta vez el político vía facebook, donde dijo que "Urdaci, la verdad, es ya más un personaje de Torrente que de los medios de comunicación, y no porque sea un periodista" condenado por hacer de RTVE un cortijo del PP y por mentir en una huelga general, sino porque creo que nadie le pide que sea tan cómicamente de derechas". No se sabe si para él lo peor es que sea tan cómico o de derechas, si es que ser alguna de las dos cosas está tipificado en el código penal. 

Por si acaso, Monedero, ya lanzado, no sólo se ratificó en lo de sus "cuevas de odio" sino que incluso pidió al Tribunal de Cuentas que fiscalizara los dineros que recibe la iglesia católica, o cualquier otro beneficiario, "para saber si parte del dinero de la gente que marca la casilla de la iglesia en la declaración de la renta va, como parte del dinero B del PP, a empresas llenas de odio como la COPE o 13TV". Le debió parecer excesivo pedir además que Hacienda pusiera su nombre también en la casilla de personas a las que ceder sus devoluciones.

Como politólogo que es, él sí debía saber el pasado aristocrático del perro con el que le había comparado Urdaci, y aseguró que "por cierto, me encanta el disfraz de caniche. Qué perversidades escondéis los del Concilio de Trento. A ver si un día os soltáis". Ni caso don Alfredo, lo que faltaba es que usted se soltase.