José Romero

De aquellos barros...

Los soldados israelitas que prestaban servicio en la línea Bar Lev, se disponían a celebrar la fiesta de la expiación y del perdón. Puesto que la comida y la bebida estaban prohibidas-así como cualquier acto de aseo personal-, los hombres se encontraban algo debilitados. Por si fuera poco, muchos habían recibido permiso para pasar esos días en casa, lejos del frente.

La línea Bar Lev era una sucesión de fortines y puestos fuertes que corrían de norte a sur en el lado este del Canal de Suez. Todo el Sinaí-hasta las orillas del canal-, había sido tomado en la guerra relámpago de 1967; la conocida como Guerra de los Seis Días donde Israel, en una cabalgada blindada al uso de la blitzkrieg alemana-los militares judíos habían tomado buena nota de las tácticas de los grandes generales de carros alemanes, entre ellos el Mariscal Rommel y el General Guderian-, derrotó al inmenso ejército egipcio armado por los rusos. En el Norte, se conquistaron los Altos del Golán, indispensable acción para evitar la posición elevada siria que ponía el país siempre bajo el fuego de la artillería enemiga. Pero en la Guerra de los Seis Días, lo más importante para el recién creado estado, fue la recuperación de Jerusalén arrebatada a la excelente Legión Árabe Jordana del Rey Hussein, formada y adiestrada por los británicos amigos del importantísimo país-no por su tamaño sino por su posición moderada en el conflicto-, hachemita.

Tan confiado se encontraba Israel, que sus servicios de inteligencia no fueron capaces de comprender lo que estaba por venir. El Rais egipcio, Anwar el Sadat necesitaba una victoria para su pueblo que borrase la humillación sufrida seis años atrás y sobre todo alcanzar la legitimidad de su régimen, que de facto había acabado con cualquier atisbo de proyecto socialista en su país. Para contentar a los rusos firmó en 1971 un acuerdo de amistad y cooperación que trajo sobre todo toneladas de armamento moderno, a la vez que se acercaba a los Estados Unidos por vías diplomáticas indirectas, en un doble discurso del que la población no se percató. Puesto que la contestación interior-tanto de grupos izquierdistas como ultranacionalistas-, se iba haciendo más fuerte ordenó a sus generales que planificasen una acción para recuperar el Sinaí. A su vez realizó conversaciones secretas con Siria para iniciar una operación conjunta en ambos frentes, con el fin de coger a Israel en una pinza que permitiese una derrota de los judíos para firmar una paz sólida y duradera. Y sobre todo, una negociación con Occidente que devolviese a Egipto el papel de potencia regional.

Así fue como los miembros del Tshal-ejército de Israel-, fueron sorprendidos, cuando a las catorce horas del día 6 de Octubre de 1973, tropas egipcias cruzaron el canal con comandos y sus ingenieros prepararon con un método novedoso-mangueras de agua a presión para abrir huecos en las escarpadas paredes del Canal-, el paso de la fuerza acorazada. En pocas horas, en los puentes de pontones sobre las aguas del canal se apiñaban cientos de tanques T-54 y T-55 y por la tarde habían rebasado la línea Bar Lev y se habían adentrado cinco kilómetros en el Sinaí.

En un ataque perfectamente coordinado, Siria atacó los altos de Golán a la misma hora. Se trataba de las horas más amargas del Estado de Israel.

El contraataque israelí no se hizo esperar y las brigadas acorazadas 401 y 460, contraatacaron,  mientras en todo el mudo se hacía una llamada a los reservistas, verdadera masa de maniobra judía. Sin embargo, el contraataque fracaso y para la mañana del día 7, las bajas de carros de combate ascendían al setenta por ciento. La clave era la adopción por parte egipcia de tácticas soviéticas y armas novedosas para su infantería: cañones sin retroceso B-10 y B-11, lanzagranadas RPG-7 y misiles antitanque filo-guiados AT-3 Sagger. Estas armas, repartidas en profusión entre la infantería egipcia, inutilizó a los afamados carros enemigos cuando actuaban sin protección de infantería.

Israel siempre había confiado en su fuerza aérea utilizada como artillería volante, que apoyaba a su punta de lanza acorazada. Pero los estrategas egipcios tomaron buena nota del daño que esta arma había realizado en 1967 en los ataques preventivos sobre sus propios aviones, que fueron destruidos literalmente aparcados en sus hangares. Ahora tenían otros dispositivos muy poderosos, capaces de minimizar esta amenaza: los misiles antiaéreos soviéticos SA-2 y AA-3, que de hecho lograron un paraguas de protección para sus tropas. En otras palabras, los aviones de Israel no podían apoyar a sus tropas terrestres sin ser derribados.

El dominio por parte egipcia duro hasta el día 8 de Octubre cuando dos nuevas Divisiones acorazadas de reserva, llegaron al teatro de operaciones. Se trataba de la 162 al mando del general Abraham “Bren” Adan y la 145, comandada por una leyenda del Tsahal: el general Ariel “Ari” Sharon. Magistralmente comandadas, estas dos brigadas lograron contener el avance egipcio, estabilizando el frente. De esta forma, el ejército egipcio no logró disponer de una cabeza de puente en profundidad de tamaño divisional, lo cual sería crucial para el devenir de los acontecimientos. Mientras tanto, el ataque sirio sobre la “línea purpura”-línea de alto el fuego en 1967-, resultó ser un fracaso y los israelitas comenzaban un contraataque feroz. Esto obligo a Sadat a ordenar a sus hombres una ofensiva para aliviar la presión sobre los sirios. El general Shazly, jefe del Estado Mayor de Sadat, se negó puesto que temía un ataque masivo judío, pero Sadat le desoyó y ordenó al general Maamon que las divisiones acorazadas 21 y 4ª que cruzaran el canal y tomaran los pasos de Mitla y Gidi, decisivos para cortar los suministros y refuerzos israelitas.

El 14 de Octubre, comenzó la operación con el 2º y 3º ejército egipcios implicados en el avance: uno al norte del Gran Lago Amargo y otro al Sur. Resultó un desastre pues los egipcios abandonaron el paraguas de cobertura antiaérea, por lo que fueron pasto de los ataques aéreos israelíes y destrozados por las brigadas acorazadas judías. Las pérdidas de ambos bandos no dejan lugar a dudas. Los egipcios perdieron 250 tanques por 30 Israel, aparte de los más de 200 vehículos de todo tipo y los mil muertos sufridos por el ejército egipcio. Ese mismo día, el general Maamon se derrumbó y tuvo que ser sustituido.

El Tshal estaba listo para pasar a la ofensiva. No podían efectuar un asalto frontal sin causar un baño de sangre con resultado incierto, así que se puso en marcha la operación Abirei-Lev, consistente en atacar en un solo punto, romper la línea defensiva y cruzar el canal ¡para adentrarse en territorio egipcio! La unidad elegida para encabezar el ataque fue la 143 División de “Ari” Sharon, una unidad de elite que confiaba ciegamente en su comandante. La noche del 15 al 16 de octubre, el coronel Danny Mat, al  mando del regimiento paracaidista de Sharon-unidad de elite-, tomó una zona de maniobras que meses atrás los israelitas habían despejado preventivamente para un posible cruce del canal a la orilla oeste.

La maniobra judía no llamó la atención de los generales egipcios excepto nuevamente de Shazly, pero fue desautorizado otra vez en su intento de realizar un contraataque. Mientras tanto, los israelitas continuaban construyendo un puente sobre el canal. Cuando los egipcios reaccionaron era demasiado tarde. Incluso mandaron una columna de los últimos modelos-y modernos-, carros rusos T-62-la flor y nata del ejercito-, contra la cabeza de puente, pero fue diezmada en una emboscada del general “Bren” Adam. En la mañana del día 18 de octubre, varias divisiones acorazadas pisaban tierras egipcias destruyendo a su paso los misiles antiaéreos, dando vía libre por tanto a la aviación israelí. El día 24 de octubre, dieciocho días después del ataque sorpresa de sirios y egipcios, las tropas de Israel se encontraban a 90 kilómetros de El Cairo y 40 de Damasco. Rusia y Estados Unidos impusieron un alto el fuego ante la posibilidad de que fueran tomadas ambas ciudades.

Aquel día, los árabes se percataron amargamente de que jamás vencerían a Israel en una guerra convencional, ni siquiera con la ayuda ilimitada de los soviéticos. Sadat comenzó negociaciones con Israel para una paz duradera, lo que le costó la vida en un atentado islamista. Fue un aviso para navegantes: nadie debía entablar dialogo con Israel. Aquel día comenzó la historia de nuevo. El principio del terrorismo como arma de guerra. Fue el primer día de todo lo que está ocurriendo hoy.