José Luis Mora

Manda huevos

Manda huevos

Dicho sea de Morenés. Repítase otra vez: el envío al Consejo de Estado (octubre, 2014) del expediente del Yak-42 iniciado por las víctimas (marzo-julio, 2004) era obligado. Y añádase algo más: hasta el final, el Ministerio ha insistido en su no responsabilidad y en el expediente se omitía documentación relevante; por eso el Consejo lo devolvió (marzo, 2015) para que lo completasen. Genio y figura.

Dicho sea de Cospedal. Nótese que el Consejo ha dado ejemplo de rigor y decencia, pero no ha revelado nada que ella, y Rajoy, no supieran ya. Su presunto cambio de actitud deriva hacia Trillo y mira a Aznar; es remedo de aquel “Que cada palo aguante su vela” dicho a comienzos del affaire Bárcenas, compatible con el “finiquito” y la destrucción de ordenadores. En este asunto, si quiere ir lejos que pregunte cerca, si quiere llegar hasta el final que empiece por el principio: Rajoy, también en esto, es una fuente de valor incalculable.

El caso del Yak-42 quedará como uno de los sucesos más ignominiosos de la historia de España, ejemplo de hasta cuánto un poder delirante puede despreciar la realidad y a las personas como parte fundamental de ella. Los gobernantes de entonces externalizaron su tarea y así, creyeron, su responsabilidad. En contra de lo que aconseja cualquier manual elemental de prevención, advirtieron los riesgos pero no adoptaron una actitud segura.

El 26 de mayo de 2003, 62 militares murieron estrellados de madrugada contra un monte perdido de Turquía. Horas antes se habían celebrado unas elecciones municipales y autonómicas en las que el PP había salido indemne a pesar de la guerra de Irak. En el horizonte, a partir de septiembre, la batalla final: el curso político de las elecciones generales de 2004.

Y corrieron para tapar el ruido y sus vergüenzas. Todo vale cuando se cree que el poder todo lo puede. Parecía fácil. Se trataba de aguantar hasta que una nueva victoria electoral les eximiera de tanto exceso, desorden, tropelía. Insensibles al dolor de las víctimas, a las familias locas de dolor, capciosamente, se las dejaba en locas.

Reconozco el valor de lo simbólico y las formas en la comunicación pública, pero lo importante desde hace tiempo es que se vayan… Me da igual la puerta por donde lo hagan: la grande o la chica, de delante o de atrás, pero que se vayan. Que se vayan y lleguen definitivamente allí, donde nuestro corazón les manda. Allí mismo.