PASEANDO POR MADRID

Real Observatorio, una mirada a las estrellas

Construido a finales del siglo XVIII, el Real Observatorio es el antecesor del actual Observatorio Astronómico Nacional. En su instalaciones pueden admirarse telescopios, péndulos, relojes y otros instrumentos que han sido utilizados para escrutar el cielo durante más de dos siglos

Real Observatorio | Francisco J.Castañón
Real Observatorio | Francisco J.Castañón
Real Observatorio, una mirada a las estrellas

Existe un lugar en el centro de Madrid desde el que los astrónomos contemplaban las estrellas. Es el Real Observatorio, uno de los edificios de estilo neoclásico más singulares de la capital que fue levantado en el llamado cerrillo de San Blas. Aunque los añejos telescopios que guarda en su interior todavía pueden acercarnos a la bóveda celeste, la contaminación lumínica de la gran urbe seguramente nos impediría contemplar los astros de forma adecuada.

Para dar con este antiguo observatorio astronómico, en el que se han llevado a cabo importantes tareas de restauración en las últimas décadas, hay que situarse en el número 3 de la calle Alfonso XII, al lado de la puerta del parque del Retiro que mira a la Cuesta de Moyano. Su emplazamiento en la pequeña colina, ubicada a las afueras de Madrid cuando en 1790 se proyectó su construcción y rodeada en la actualidad por árboles y edificios, hace difícil distinguirlo. Si queremos encontrarlo, lo más acertado es fijarse en el templete circular de dieciséis columnas que corona este observatorio diseñado por el arquitecto Juan de Villanueva. 

A pesar de ello, es posible recorrer sus instalaciones, conocer con detalle la crónica de este Observatorio y saber cuáles son sus funciones en el presente, gracias a las visitas guiadas (previa reserva en www.ign.es) que cada fin de semana programa esta institución. 

Fue en tiempos de Carlos III, a propuesta del famoso marino y cosmógrafo Jorge Juan, cuando se iniciaron los trabajos para crear el Real Observatorio. Al igual que la mayoría de los fundados en aquella época su misión era el estudio de la astronomía, la geodesia, la geofísica y la cartografía. Para cumplir sus objetivos, en 1796 se creó el cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos. Por otro lado, la falta de conocimientos en España sobre esta materia hizo necesario enviar al personal del Observatorio a diversos países de Europa, para formarse en la construcción de instrumentos y en la realización de observaciones astronómicas.

Tras recorrer el camino que va desde el acceso en la verja que rodea el recinto al edificio principal, entraremos en una sala circular donde nos da la bienvenida un péndulo de Foucault. Aquí podremos atisbar como la fina punta metálica que sale de su pesada esfera va tirando las figuras de madera que le rodean, colocadas a propósito para dar cuenta de que al tiempo que oscila va girando varios grados como consecuencia de la rotación de la Tierra. A la derecha hallaremos una preciosa y cuidada biblioteca en la que, entre otras cosas, se conservan las valiosas fotos de un eclipse captado en 1920 y una placa nos recuerda el primer valor absoluto de la gravedad en Madrid, obtenido por Joaquín Barraquer y Rovira en 1883 con cuatro péndulos de inversión. 

En el lado opuesto del edificio se sitúa la denominada Sala del Círculo Meridiano o “sala de la hora”. En ella puede verse un telescopio de Repsold, rodeado de antiguos relojes, que fue instalado en 1854 para establecer a qué hora de cada día del año era mediodía en la capital. Sentados en su sillón accesorio, forrado de terciopelo rojo, podríamos contemplar el cielo con comodidad. Desde esta sala se enviaba la hora oficial al reloj de la Puerta del Sol hasta 1973. 

Por otro lado, como bien explica una joven vulcanóloga durante una de estas visitas guiadas, todo observatorio que se precie necesita un potente telescopio. Para ello, se encargó al músico y, más tarde, prestigioso astrónomo alemán afincado en Inglaterra, William Herschel (que comenzó en esto de diseñar telescopios y observar estrellas por pura afición), la construcción de un telescopio reflector de 7,6 metros que según el propio astrónomo fue el mejor de cuantos realizó. Anotar aquí que Herschel fue quien descubrió el planeta Urano en 1781 con uno de sus telescopios de autor.

Por desgracia, el magnífico telescopio sólo estuvo operativo apenas cuatro años, entre 1804 y 1808, ya que durante la guerra contra Napoleón el Observatorio sufrió importantes destrozos. Así, quedaron dañados numerosos instrumentos, la biblioteca y el gran telescopio, cuya impresionante estructura de madera sobre la que se sostenía sirvió como leña para calentar a los soldados invasores.    

El Real Observatorio cuenta con varios edificios auxiliares. En uno de ellos se alojó en 1858 el anteojo ecuatorial Mertz. Más tarde, en 1912 se instalaría otro telescopio, de la prestigiosa marca irlandesa Grubb, donde habían estado las viviendas de los astrónomos. 

Asimismo, en el jardín que rodea todo el complejo se encuentra el “edificio del Sol”, con dos cúpulas que contenían también sendos telescopios Grubb, destinados sobre todo a la observación del astro rey. Aunque, sin duda, de todas las actuaciones de conservación realizadas destaca la reconstrucción del impresionante telescopio de William Herschel, gracias a las láminas conservadas que explicaban su montaje. Hoy es posible verlo de nuevo en todo su esplendor, dentro de un moderno pabellón acristalado, como cuando fue construido el original a finales del siglo XVIII. 

Para finalizar, en la Sala de Ciencias de la Tierra y del Universo se muestran más instrumentos de la colección atesorada por el Observatorio a lo largo de sus 225 años de historia.