LA AGRICULTURA INDUSTRIALIZADA

El hombre que no quiso beber el herbicida "inocuo", la OMS, el cáncer y el drama argentino

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, dependiente de la OMS, acaba de clasificar el herbicida glifosato dentro del Grupo 2A de "probables" carcinógenos para los seres humanos

El hombre que no quiso beber el herbicida "inocuo", la OMS, el cáncer y el drama argentino

El video está causando furor. Durante una entrevista para una televisión francesa a Patrick Moore, que ha alcanzado gran notoriedad como gran defensor de los intereses de la multinacional Monsanto, este no se cansa de repetir que el glifosato, el herbicida estrella de esa compañía, es "inocuo". Cuando se le plantean las pruebas que ligan el glifosato con el cáncer, el señor Moore, ni corto ni perezoso, espeta que "yo no creo que el glifosato (en el agua) en Argentina esté causando incrementos de cáncer. Usted puede beberse un gran vaso y no le dañará".

En este momento, el periodista, con evidentes reflejos, le sorprende ofreciéndole un vaso con glifosato para que se lo beba. Patrick, evidentemente desconcertado, responde que "en realidad estaría encantado de tomarlo. En realidad no, pero sé que no me dañaría, no soy estúpido". " Por lo tanto , es peligroso , ¿verdad? " le dice el entrevistador. "No, la gente trata de suicidarse todo el tiempo pero fallan con bastante regularidad", dice Moore muy nervioso y añade "no es peligroso para los seres humanos, no". Insiste en rechazar la oferta de beber el agua con glifosato, se levanta de la silla soltando un "eres un completo idiota" y se va. Edificante, desde luego. Y revelador del nerviosismo que cunde estos días entre los defensores de este pesticida.

El cerco parece estrecharse en torno al glifosato, el herbicida más utilizado y más polémico del mundo. El famoso principio activo de la multinacional Monsanto que ha dado pie a tantas campañas en su contra en todo el planeta, desde España a las pampas de Argentina, pasando por tantos otros sitios.

La noticia ha estallado como un bombazo estos días. La IARC (Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer) dependiente de la OMS (Organización Mundial de la Salud), acaba de clasificarlo dentro del Grupo 2A de "probables" carcinógenos para los seres humanos. Por encima de esta categoría ya solo queda una, la del Grupo 1, en la que hacen falta con frecuencia no ya muchas evidencias, sino demasiadas. Estar en el Grupo 2A que es la categoria previa a eso implica pues una señal de alerta muy seria.

Una noticia que ha caído como agua de mayo sobre los científicos y colectivos que llevan años denunciando los riesgos de esta sustancia.

El hecho de que la IARC sea una entidad que ha sido largamente criticada por su resistencia y tardanza a la hora de incorporar algunas sustancias -especialmente pesticidas- en sus listas de cancerígenos, así como salpicada durante un tiempo por escándalos de conflictos de interés y de connivencia con la industra química, da más fuerza al hecho de que finalmente se haya incluido a este herbicida en esos listados de carcinogenicidad. Muchas sustancias que debieran estar incluidas, por existir muchos estudios que las asocian a efectos, no han tenido ese "honor". El IARC no es una entidad sospechosa, precisamente, por incluir sustancias en esas categorias como si tal cosa. Más bien es sospechosa de lo contrario.

El propio IARC explica las razones en un texto que ha publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet. En él se explica que este herbicida tiene "los más altos volúmenes de producción de entre todos los herbicidas,  siendo usado en más de 750 productos diferentes para uso agrario, forestal, urbano y doméstico" y que "su uso se ha incrementado brutalmente con el desarrollo de variedades de plantas de cultivo resistentes al glifosato".

En efecto, el glifosato es el herbicida "estrella" a nivel mundial. Se usan anualmente cientos de miles de toneladas, esparciéndolo generosamente por doquier en los más diversos cultivos, vías de tren, cunetas... e incluso en zonas pobladas, parques, por ejemplo. Se detecta su presencia, de forma muy extensa,  en el agua, el aire, las gotas de lluvia, los alimentos... Por ello no se está hablando de alguna rara sustancia a la que se exponga poca gente, sino de algo a lo que pueden estar expuestos, y de hecho lo están,  amplios sectores de la población general de un modo u otro.

Da igual que sea en Sri Lanka que en España , en Estados Unidos, en Kenia, o en la India. Es global. Ello, sin duda, hace crecer las alertas aún más. Porque si una sustancia fuese cancerígena, pero no se expusiese a ella demasiada gente, el nivel de preocupación no es el mismo que cuando se trata de una sustancia a la que potencialmente se exponen muchos millones de personas en todo el mundo.

Los expertos del IARC pasan revista a algunos de los "méritos" carcinogénicos de la sustancia. Entre ellos, la existencia de diferentes estudios en diversos paises que lo asocian a incrementos de riesgo de linfoma no Hodkin en humanos expuestos profesionalmente. También los estudios realizados en animales, para evaluar los riesgos para las personas, que lo asocian a cánceres como el de los túbulos renales, hemangiosarcoma, de piel, daños en el ADN y los cromosomas...

Sin embargo, sus fabricantes y vendedores siempre han defendido no solo la "inocuidad" del glifosato sino incluso, durante un tiempo, que hasta era "beneficioso para el medio ambiente". Cosas como esta animaron a muchos a usarlo con especial alegría.

Es una constante que cuando se denuncian los efectos tóxicos de una sustancia las empresas que se lucran con ella lo nieguen, con frecuencia durante décadas y aunque se acumulen enormes cantidades de evidencias.

Una de las zonas del mundo en la que de forma más descarnada se han estado denunciando los posibles efectos de esta sustancia son los muchos millones de hectáreas dedicadas al cultivo de soja transgénica de Sudamérica, como sucede en Argentina. En este país una lluvia de centenares de millones de litros de glifosato, cae cada año sobre los campos de soja.

Científicos como el  doctor Raul Horacio Lucero del Laboratorio de Biologia Molecular del Instituto de Medicina Regional de la Universidad Nacional del Nordeste, lleva mucho tiempo estudiando, con no poco horror, lo que sucede.

Los problemas son muy graves, tal y como denuncia este investigador que se muestra muy alarmado por las proporciones de la amenaza comentando que  "en Argentina hay decenas de millones de millones de hectáreas de soja transgénica, un área en la que viven unos 8 millones de personas, y que es regada con buena parte de los 300 millones de litros de pesticidas que se usan cada año en Argentina. El problema planteado es de gran envergadura. Se lleva mucho tiempo documentando el enorme incremento de incidencia de una serie de enfermedades ante la practicamente total indiferencia, cuando no connivencia, de las autoridades. En zonas del Chaco, por ejemplo, las malformaciones se han multiplicado por cuatro sobre las que había en la década anterior tras el crecimiento de las zonas de agricultura transgénica, tal y como se vió por los registros de los hospitales públicos.  La leucemia, según estadísticas oficiales, habría aumentado un 300% en algunas zonas sobre la media nacional. Diferentes grupos científicos del país hemos registrado ademas un aumento de las alteraciones en el ADN, en diferentes zonas de  Argentina. Primero se vio en en los propios fumigadores y luego en la población general"

El doctor Raúl Horacio Lucero describe, con la aparente frialdad propia de los científicos, un escenario que, cuando uno intenta ver con empatía más allá de los meros datos, adquiere tintes de verdadera pesadilla. Como en ese grabado de Goya en el que "el sueño de la razón produce monstruos", la sinrazón de una agricultura toxicómana, dependiente de dosis crecientes de tóxicos, una agricultura que se basa en esparcir venenos sobre las tierras, parece aquí también alumbrar monstruosidades. Una agricultura o no sabemos si agro-incultura que, como si se tratase del sombrio escenario de una extraña novela de ciencia ficción, está dictada, por primera vez en la Historia, y muy probablemente de forma bastarda, o cuando menos muy anti-natural, por los designios de industrias de la química sintética.

Industrias que han hecho que muchos agricultores, que antes desarrolaban su actividad de una forma más natural, hayan de embutirse ahora en trajes de "astronauta"  o de "guerra química" -al menos los que puedan hacerlo cosa que pasa solo en algunos privilegiados rincones del mundo- para desarrollar su labor. Industrias que uno puede preguntarse qué pintan en este asunto, en el que no estaban hace tan solo unas décadas. Industrias que se han permitido no solo inyectar a espuertas química sintética en los campos, desnaturalizando las prácticas agrícolas sino, incluso, manipular genéticamente los genes de las plantas cultivadas -jugando un poco a ser como dioses de un nuevo e inquietante "Génesis"- a fin de que estas se adapten a sus sustancias. Un nuevo "Génesis" desnaturalizador y con copyright.

Pero las gentes de muchos campos fumigados desde el aire no tienen trajes especiales ni, si los tuviesen, podrían estar siempre con ellos puestos. El doctor Raúl Horacio Lucero denuncia que hay "poblados rodeados por cultivos de soja transgénica que son rutinariamente fumigados por avionetas". Sencillas aldeas desprotegidas. Algo que se habría denunciado incluso al Defensor del Pueblo de la nación, "porque se estaba fumigando rutinariamente incluso sobre escuelas rurales y habría niños que han sufrido síntomas de intoxicación aguda" .

El doctor lamenta el escaso control existente, que no se cumplan normas básicas y espera que  "la decisión de la IARC sobre el carácter del glifosato como cancerígeno sirva para que se nos haga más caso". Dios le oiga. No en balde, la decisión del IARC es un espaldarazo a algunas de las cosas que estos científicos han estado denunciando. En particular las que tienen que ver con el cáncer.

Pero estos científicos han registrado otros efectos no menos horribles asociándolas a la exposición a los agrotóxicos como el "incremento de los casos de niños que nacen con malformaciones mayores, como las que tienen que ver con el cierre de la linea media en la formación del embrión humano. Entre ellas, el labio leporino, el paladar hendido o la focomelia", es decir, niños que nacen con acortamiento de las extremidades, como las que se conocen por el caso de la talidomida (la palabra focomelia viene del griego y significaría "extremidades de foca"). El doctor relata casos concretos, como el de madres que se expusieron a plaguicidas durante las primeras etapas, muy sensibles, del embarazo. La gastrosquisis será otra de las malformaciones (apertura de la pared abdominal de modo que los intestinos quedan en el exterior del recién nacido).

Los científicos argentinos llevan mucho tiempo documentando el incremento de casos en diferentes zonas del país. Muy importantes fueron los hallazgos de un científico recientemente desaparecido, Andrés Carrasco, del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) que describió como los embriones de anfibios expuestos a niveles de pesticida más bajos de los que se dan en los campos desarrollaban malformaciones parecidas. Hay que destacar que anfbios y humanos compartimos una serie de mecanismos biológicos que hacen que aquellos hallazgos fuesen muy relevantes en relación a lo que pasa con las personas.

No obstante, la Administración argentina está haciendo muy poco caso. Es un país donde la complicidad del Gobierno de la señora Cristina Fernández de Kirchner con la multinacional Monsanto alcanza unos niveles dificilmente concebibles. Pueden verse en Youtube algunos videos verdaderamente ruborizantes del coqueteo de esta señora, ahora tan inquieta por el asunto de las investigaciones sobre el asesinato del fiscal molesto, con los señores de la multinacional norteamericana. La señora de Kirchner, no parece muy preocupada por los llantos de deseperación que se escuchan en tantas zonas de su país. Dudo que se componga nunca por ella una canción como aquella de No llores por mí, Argentina, a no ser que sea cambiéndole la letra con sarcasmo.

También, como suele suceder en estos casos, aquellas personas que negocian con la soja transgénica y a las que beneficia la situación, aunque no lo haga con el conjunto de los argentinos, se han convertido en aliados de tan lamentable escenario. Inmensas superficies argentinas se están destinando, en lugar de a cultivar alimentos que pudieran beneficiar a más gente, a beneficiar ante todo a unos pocos, a base de producir soja transgénica destinada a dar alimento barato a los animales de las granjas de países como los europeos.

Las personas que sufren por esta causa y los científicos que están documentando lo que sucede no cuentan con el apoyo debido. Eso por no hablar de cosas peores, de verdadero escándalo. Basta para verlo unas pocas búsquedas por internet. Sería clave que se les prestase ayuda exterior, por ejemplo de entidades de defensa de los derechos humanos o por la misma ONU, porque las proporciones del drama lo aconsejan. O, incluso, quien sabe, del Papa Francisco, argentino para más señas. Aunque solo fuese para que en el mundo se supiese lo que está pasando allí y esas personas que padecen no estuviesen tan "dejadas de la mano de Dios".

La soja transgénica que se ha extendido por las inmensidades territoriales de Argentina es, claramente, un mal, por mucho que beneficie a algunos. Es un tema, como tantos otros, en el que una serie de intereses económicos muy concretos que no son los de la mayoría hacen que no se escuche la voz de la ciencia. Los estudios científicos serios realizados son claros, aunque la pseudociencia al servicio de intereses económicos concretos esparza de cuando en cuando textos de apariencia científica que siven para generar sensación de que existe "controversia". Es una táctica muy manida que ha servido tantas veces, con tantos agentes tóxicos, para que los cobardes o los cómplices alegen que "no hay pruebas suficientes", que supuestamente hay unos "científicos" que dicen una cosa y otros que dicen otra,  y no actúen debidamente. Quien está feliz con que se esparzan venenos, puede también estarlo con que se "intoxique" de otros modos. Y quien está tan contento con el tema de la manipulación de los genes puede estarlo también con otro tipo de manipulaciones. Por ejemplo,  las de la opinión pública.

El hecho es que vastas extensiones de algunos países estan sembradas de una soja que ha sido manipulada genéticamente precisamente para que resista un fuerte uso de este veneno agrario, el glifosato y que ello, claro, ha hecho que el tóxico pueda ser usado más generosamente. Una catarata de herbicidas, como las del Iguazú, está cayendo sobre los campos y las gentes de Argentina. Todo, precisamente, porque los herbicidas sintéticos, en una demostración más del sinsentido del tema, perdían eficacia a pasos agigantados.

Como las "malas hierbas" se hacían cada vez más resistentes y el  herbicida más ineficaz, a Monsanto se le ocurrió la genial idea de violar la naturalidad genética de la planta modificándola para que pudieran incrementarse la dosis del pesticida, y las ventas, sin que el cultivo muriese. Además , así entraba en el negocio de las semillas con copyright. Los campos se sembraron así con una soja creada en laboratorio para ser "hermana" de ése veneno. La primera soja de la historia evolutiva manipulada genéticamente para adaptarse a un veneno sintético.  Todo un hito, sin duda, de lo que algunos llaman "progreso". Aunque no se sepa hacia donde se "progresa", y si es que se hace, si se hace hacia el abismo.

El resultado, un crecimiento brutal de las cantidades del veneno que se echan en los campos, subiendo la dosis conforme el pesticida va perdiendo más y más eficacia.

Una locura sin fin. Avionetas y más avionetas echando pesticidas obsesivamente. Como si estuviésen en una épica batalla y sonase de fondo, como en Apocalipse now, la Cabalgata de las Valkirias. Solo que abajo no hay vietnamitas. Por cierto que alguna de las empresas que ha obtenido réditos de esto parece que también tuvo que ver con las fumigaciones de selvas y cosechas de Vietnam con el infame Agente Naranja que todavía ocasiona enfermedad y muerte tanto tiempo después de aquella contienda. De modo más general, yendo más allá de este caso concreto, cualquiera que conozca la historia del uso de los pesticidas sabe que en sus primeros orígenes estuvo el desarrollo de armas químicas para la guerra. Los símiles bélicos no están pues desencaminados del todo. Aunque aquí nadie, creo, al bajarse de una avioneta de fumigación diga algo como "me encanta el olor a glifosato por la mañana, huele a victoria".

Buena parte del negocio transgénico está en manos de fabricantes de pesticidas que fueron quienes lo impulsaron con ayuda, claro está, de supuestos "poderes públicos" que está por ver que sean poderes y que, sobre todo, estén al servicio de lo público.

La aparición de estos cultivos transgénicos no es, en parte, más que expresión máxima de una desaforada e irracional huida hacia delante en la loca carrera por seguir vendiendo más y más cantidades de pesticidas que cada vez son menos eficaces.

Aunque el glifosato se usa de forma muy extensa y en todo tipo de zonas, cultivadas o no, a lo largo y ancho del planeta, una buena parte del incremento en el uso de esta sustancia está asociado al aumento de superficie dedicada a la agricultura transgénica. Así, la puesta en cultivo de centenares de millones de hectáreas de variedades de plantas manipuladas genéticamente para resistir un mayor uso de herbicidas (como maiz, soja y algodón), y singularmente al glifosato, ha venido de la mano con una explosión brutal en el uso de esta sustancia para júbilo de los fabricantes de la misma.

Especial atención merece  lo que sucede con la soja transgénica resistente al glifosato cuya producción mundial habría sido en  2011 de más de 250 millones de toneladas (destacando EE.UU con un 33%, Brasil con un 29%, Argentina 19%, China 5% e India 4%). En Estados Unidos se plantaron 30 millones de hectáreas de soja en 2011-2012, siendo el 93-94% soja transgénica resistente al glifosato

En paralelo a este incremento en el uso del glifosato, como ya se ha dicho, se ha incrementado el número de investigaciones científicas que lo asocian a los más diversos males. Aparte de lo ya comentado, el glifosato aparece también, por ejemplo,  en las listas de sustancias asociadas a la temible disrupción endocrina. Sustancias que pueden alterar el equilibrio hormonal humano causando infinidad de efectos posibles y sobre las que la ciencia duda que pueda establecerse un umbral de concentración de las mismas, por bajo que sea, que pueda afirmarse con claridad que sea seguro

La verdad es que sería interminable resumir siquiera los problemas a los que el glifosato ha sido asociado, con mayor o menor carga de evidencia,  por las más diversas investigaciones. Desde la caída de poblaciones de las bellas mariposas Monarca a la misteriosa enfermedad renal que estaría acabando con la vida de miles de agricultores en Sri Lanka pasando por otras muchas cosas. Entre ellas, daños a la biodiversidad de microorganismos clave del suelo, que podrían hacer que las plantas cultivadas fuesen más vulnerables a los patógenos, reducción de minerales y nutrientes, así como de la fijación del nitrógeno, afecciones a diferentes invertebrados, peces y anfibios... Una lista interminable de males. Cada dos por tres sale un nuevo estudio. Sin ir más lejos, estos mismos días, aparecía un estudio que asociaba la exposición al glifosato con algo tan serio como la generación de resistencias bacterianas a los antibióticos.

Elemento que preocupa singularmente a muchos científicos es su presencia en forma de residuo en las plantas que se comercializan. Se han medido niveles extremos de glifosato en la soja transgénica y se ha denunciado como diversas autoridades han ido subiendo los niveles legales de presencia de este pesticida para "legalizar" la creciente exposición al mismo derivada del incremento de su uso

Lamentablemente, como ha sido denunciado reiteradamente, la toxicología oficial es una toxicología hecha por y para la industria, y frecuentemente, tiene más en cuenta los estudios elaborados por la propia industria o por entidades a su servicio que los estudios de la ciencia académica.

Ni siquiera los escándalos más sonados de manipulación de estudios hicieron que la cosa mejorase debidamente. Por cierto, que los mayores escandalos conocidos de manipulación de estudios para la industria química son los que tuvieron lugar desde finales de los 80, cuando se supo que unos laboratorios que realizaban estudios sobre toxicidad de pesticidas para la industria (Industrial Bio Test Labs y Craven Laboratories) los falseaban descaradamente. La cosa fue tan gorda que hubo algún responsable de los laboratorios condenado a años de cárcel. Entre los pesticidas objeto de aquellos estudios hechos por tan singulares laboratorios estaba el glifosato. Sin embargo, pese a ello,  el glifosato y otros pesticidas fueron autorizados

Así funcionan a veces las cosas de las "evaluaciones de riesgo" de las sustancias. Entre unas cosas y otras, sustancias que llegará un dia en que acaben prohibidas, siguen usándose durante años, lustros o décadas. Porque las sustancias químicas tóxicas, a diferencia de otros agentes patógenos como son los microbios, tienen "abogados" que hacen que con ellas, como si fuesen personas sufrientes, no es que se aplique eso de que una sustancia química es "inocente" hasta que no se demuestre lo contrario, sino mucho más que eso. Es decir, en algunos casos, aunque se demuestre y requetedemuestre lo contrario. No se aplica el principio de precaución.

Volviendo a la decisión del IARC, conviene insistir en que el IARC ha sido muy cuestionado por su lentitud  -y a veces más que eso- a la hora de ir incluyendo sustancias en sus listados, siendo especialmente remolón con los pesticidas. Como antes se decía, este hecho da más valor a la decisión que ha tomado sobre el glifosato

Para que una sustancia sea incluida en el Grupo 1: "carcinógeno para el ser humano" se requieren datos epidemiológicos muy abundantes, es decir, datos muy fehacientes en personas. Datos frecuentemente muy difíciles de obtener. En 2010 habia solo una decena de agentes cancerígenos incluidos, como la radiación ionizante, amianto, benceno...  a pesar de que el IARC lleva décadas dedicándose a estas cosas y que es evidente que la lista no se corresponde con la realidad de la gran cantidad de sustancias que deben causar cáncer aunque por lo visto estos expertos nunca tengan pruebas suficientes para etiquetarlas así.

En la categoria del Grupo 2A  de "probables" cancerígenos para humanos (solo había ahí 58 sustancias en 2010) se considera que hay pruebas suficientes de que puede causar cáncer a las personas, pero no disponiendo de tantas, tan difíciles de obtener, como para ingresar en el Grupo 1. Tantas pruebas que en algún caso ha habido que ver como costaba la vida a muchas personas durante décadas para decidirse a incluirlas en el Grupo 1. Caso notable fue el del amianto, que ya ha costado millones de vidas y los que quedan, y que tardó la intemerata en prohibirse. Que una sustancia se incluya en el Grupo 2A de "probables" -como ha pasado con el glifosato- bien puede querer decir que hay no poca evidencia precisamente.

Básicamente, incluir una sustancia en el Grupo 2A indica, según los expertos del IARC, que las condiciones de la exposición conllevan exposiciones probablemente carcinógenas para el ser humano. Se tienen suficientes pruebas de carcinogenicidad en experimentos con animales pero se estima que serían precisas acaso algunas pruebas más en las personas (más difíciles de obtener por razones obvias). Además existe una fuerte evidencia de que en la carcinogenia se dan mecanismos que también operan en los seres humanos.

En la del Grupo 2B de "posiblemente carcinógeno para el ser humano", aunque hay algunas pruebas de que puede causar cáncer a los humanos o en animales, son menos que en la categoria anterior. Bajo esta denominación había solo 249 sustancias.

En el Grupo 3 están sustancias (512 hasta 2010) que por la falta de datos no han podido ser clasificadas y finalmente en el Grupo 4 las que probablemente no sean cancerígenas para humanos (en esta categoria solo había una sustancia).

Desde luego, que no se hayan evaluado ni 1000 sustancias de las bastante más de 100.000 que el hombre ha puesto en circulación ya puede dar idea de la diligencia del IARC. En particular, la ciencia ha asociado varios miles de sustancias a efectos cancerígenos hasta ahora y es evidente que el IARC ha ido muy por detrás del ritmo aconsejable. Además, hay que advertir que incluso las sustancias incluídas en el grupo 1 siguen usándose con restricciones mayores o menores

Sobre los pesticidas, un responsable del IARC declaró a la periodista autora del famoso libro Nuestro veneno cotidiano que era para ellos "muy difícil hacer una evaluación seria de los pesticidas porque la mayoría de los estudios experimentales que les conciernen no se publican, porque son estudios hechos por las propias industrias y protegidos por el secreto comercial. Los únicos pesticidas que hemos podido evaluar son sustancias muy antiguas y tan controvertidas que son objeto de muchos estudios independientes, como el DDT  el lindano hoy prohibidos en la agricultura"

Esto puede ser una evidencia de porqué puede haber pesticidas cancerígenos en circulación sin que hayan sido catalogados como tales por el IARC. Y como algunas industrias pueden decir que sus productos no son cancerígenos simplemente por eso. Muy pocos pesticidas han merecido el honor de ser incluidos en los listados. De ahí que el que el glifosato haya sido incluido en esta lista, volvemos a insistir, no sea cualquier cosa.

El IARC es además una institución que durante mucho tiempo fue piedra de escándalo. No conviene olvidar como las revistas científica publicaron en su día lo escandaloso de los conflictos de interés de esta institución, como se bajaba sospechosamente a sustancias de categoria de riesgo o como se dificultaba acceder a las reuniones a observadores que no fuesen de la industria. Como, también, se permitió usar informes confidenciales y no sometidos a la crítica de la comunidad científica para realizar la evaluación de riesgo de sustancias, como los grupos de expertos estaban dominados por la propia industria interesada e incluso como la mayor parte de los "observadores" que asistían a las reuniones también.

No conviene tampoco olvidar como personas que han sido tenidas como "vacas sagradas" a la hora de hablar de las causas del cáncer, como es el caso del británico Sir Richard Doll, fallecido hace unos pocos años, fueron también objeto de escándalo. Doll estuvo durante décadas cobrando ingentes cantidades de dinero, precisamente  de Monsanto, y se caracterizó por insitir en que los contaminantes químicos tenían muy "poco" peso como causantes del cancer, cosa que , por fortuna, muchos cientificos serios están contradiciendo (como los del Panel Presidencial del Cáncer de los estados Unidos)

Son , en fin, muchas las cosas que podrían decirse para percatarse del singular valor que tiene que el glifosato haya sido incluido en esa categoria por el IARC.

Enlace al informe.