PROFESIÓN DE RIESGO

Cataluña: cómo ser reportero de guerra sin guerra de por medio

Las agresiones, insultos, amenazas, escupitajos y persecuciones a los periodistas han sido constantes desde el pasado 1-O

Momento de la agresión con una bandera a una reportera de la TV3.
Momento de la agresión con una bandera a una reportera de la TV3.
Cataluña: cómo ser reportero de guerra sin guerra de por medio

La idea de un orden internacional de cooperación, surgida tras la Segunda Guerra Mundial, ha venido estructurando las relaciones entre las grandes potencias desde el final de la guerra fría. Pese a ello, el Mundo no ha podido aislarse en los últimos 60 años de conflictos como los de Vietnam, Irak, Bosnia, Ruanda, Irak, Afganistán o Siria. Allí siempre ha habido periodistas informando, los llamados reporteros de guerra. Ahora, en Cataluña, o en incluso en otros lugares donde hay alguna manifestación a favor o en contra del soberanismo catalán, sitios donde todavía no hay guerra alguna, al menos declarada, parece que los profesionales allí desplazados comienzan a sentir el mismo miedo que aquellos.

El riesgo real comenzó el pasado 1-O, cuando Carles Puigdemont, 'president' de la Generalitat había decidido celebrar el referéndum del sí o el no al independentismo. Ni hasta pesos pesados del periodismo como Antonio García Ferreras, el responsable de Al rojo vivo en La Sexta, se libró del riesgo, pues, como él mismo narró, "cuando concluíamos el informativo, al salir seguían varios centenares de jóvenes que comenzaron a seguirnos, a insultarnos, a amenazarnos de muerte, y a arrojarnos cerveza",

Lo curioso es que lo que en un principio iba dirigido a la "prensa española, manipuladora", que cantaban una y otra vez en cualquier concentración independentista, ha terminado también salpicando a los profesionales de ese bando, encarnados en los de la cadena de televisión autonómica de Cataluña, "TV3, manipuladora", que cantaban en las reuniones que querían mantener la unidad de España.

Y no sólo les gritaban a los de TV3 sino que sus reporteros fueron agredidos, como fue el caso de Laura Catalán, que vio por sorpresa cómo, mientras informaba de la manifestación por la unidad de España celebrada en Barcelona, alguien le golpeaba con el asta de una bandera española. Poco después tenía que escuchar insultos como "zorra" y "puta", como denunció su compañero de Telecinco Alejandro Rodríguez.  Unos días después, el 4 de octubre, en las inmediaciones de la Audiencia Nacional, en Madrid, Marta Viladot denunció que un hombre se acercó a ella y escupió en el micrófono de la cadena pública catalana alegando que "soy catalán y me das asco". 

De la misma manera, otra profesional de TV3 fue increpada por un grupo de manifestantes que acudieron a una concentración en la que defendían a la Guardia Civil. Mientras realizaba una conexión en directo con su informativo los asistentes comenzaron a ondear la bandera de España mientras gritaban "fuera, fuera". Ella mantuvo el temple y no se detuvo en ningún momento.

De todas las cadenas

Sin embargo, esos parecen casi casos aislados comparados con la presión que han tenido que soportar los periodistas desplazados principalmente a Cataluña, sobre todo de La Sexta, cadena que más horas ha dedicado a este 'conflicto' desde el día del referéndum ilegal. 

Así, una operadora de cámara, Tania, tuvo que soportar cuando acabó su trabajo que un grupo de manifestantes que estaban en la estación de Francia, en el contexto de la manifestación unionista de Barcelona, como contó su compañero José Yelamo en El Objetivo, la siguieran, insultaran e, "incluso, la ha escupido". 

Otro periodista de La Sexta, Alfonso Pérez Medina, mostró en las redes sociales cómo dos personas se enfrentaron a él y a su equipo, en las puertas de la Audiencia Nacional, en Madrid, "porque estábamos contando la investigación por cargas policiales y el número de heridos en Barcelona". En el vídeo se podía escuchar cómo le decían que "a ti España, la Constitución y el Estado de Derecho te da igual. Sois morralla de la sociedad, aquí es que sobráis". Su compañera Ana Cuesta tenía que salir escoltada de Calella y en Pineda del Mar volvía a tener que escuchar lo de "prensa española, manipuladora".

En general ningún profesional de un medio llegado desde otra comunidad se ha librado de esta persecución constante. Así, lo mismo no pudo llevar a cabo su trabajo un reportero de la ETB, la televisión pública vasca, precisando a sus compañeros que "no me podéis dar paso ahora", al ser insultado mientras alguien intentaba quitarle el micrófono, que una reportera rusa, que intentaba hacer su labor para una cadena de TV de su país y que fue acosada e insultada por un grupo de manifestantes en la Plaza de Cataluña de Barcelona.