PANTEÓN DE HOMBRES ILUSTRES

La soledad de nuestros hombres ilustres

Construido para conservar los restos mortales de los grandes hombres de la patria, hoy el Panteón de Hombres Ilustres alberga tan solo a 12 personalidades. El monumento, situado en pleno centro de Madrid, pasa desapercibido para la mayoría de los viandantes

Panteón de Hombres Ilustres
Panteón de Hombres Ilustres
La soledad de nuestros hombres ilustres

En el Panteón de Hombres Ilustres sólo una docena de varones representan toda la grandeza de nuestra historia, entre sus muros no está enterrada ninguna mujer. Durante casi medio siglo estuvo en estado de abandono.finales de los ochenta se restauró y se abrió al público. Tras muchos avatares, este reducido pero selecto grupo de personajes reciben en la actualidad las escasas visitas de paseantes, turistas o jubilados que se acercan indecisos hasta la puerta del recinto. El panteón, situado en el centro de Madrid, pasa inadvertido para los transeúntes que en su gran mayoría ignoran su existencia. 

Junto a la Basílica de Atocha se encuentra el Panteón de estilo bizantino que fue construido, a finales del XIX, para albergar los restos mortales de las figuras más relevantes de la nación. Sin embargo, este panteón, al que se accede por la calle Julián Gayarre, no fue el primero. En 1837 las Cortes aprobaron utilizar la iglesia de San Francisco el Grande como Panteón Nacional. Una iniciativa similar a la de Francia, donde en 1791 la iglesia de Santa Genoveva de París fue convertida en Panteón para rendir tributo a personas sobresalientes de la sociedad, la literatura, el arte o la ciencia. 

En efecto, la moda de construir este tipo de monumentos llegó del país vecino. En el Panteón de París se encuentran los féretros de 65 personalidades de la historia de Francia. Entre ellas, Voltaire, Zola o Marie Curie. Los ingleses utilizaron como Panteón la Abadía de Westminster. En la llamada Poets’ Corner están enterradas más de 50 eminentes figuras, como Isaac Barrow, Thomas Campbell o Mary Eleanor Bowes. Esta moda fue copiada también por otros países europeos y latinoamericanos.

En 1841 se encargó a la Academia de la Historia que propusiera una primera lista de ilustres para ser ubicados en el Panteón. Aunque hasta 1869 no se nombró una comisión para localizar los restos de los elegidos. La empresa no fue fácil. La mayoría no pudieron ser encontrados. Los cuerpos de Cervantes, Lope de Vega, Velázquez, Jorge Juan, Tirso de Molina y otros personajes se dieron por perdidos.

Tres décadas después de que se tomará la decisión, el 20 de junio de 1869, una comitiva de cinco kilómetros de largo compuesta por carrozas fúnebres con bandas de música, militares y guardias civiles con uniformes de gala, así como representantes de diversos estamentos sociales, acompañaron hasta la emblemática iglesia madrileña a los restos mortales de varios notables de nuestra historia. Entre los hallados para la ocasión estaban Quevedo, Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega, Fernández de Córdoba (el Gran Capitán) o Ventura Rodríguez. Durante la ceremonia se dispararon cien salvas de cañón y se encendieron las imponentes lámparas de San Francisco el Grande.

A pesar de todo este trasiego, pasados unos años los cuerpos de estos hombres egregios depositados en dicha iglesia fueron devueltos a sus lugares de origen. Así, la idea de un Panteón Nacional de personalidades se truncó.

Por ello, el Panteón que puede visitarse hoy es el que fue edificado con posterioridad, en 1899, sobre el convento de Nuestra Señora de Atocha que se convirtió primero en cuartel de Inválidos y luego en Panteón. Una vez dentro, encontraremos tres galerías con arcadas cerradas con vidrieras donde están situados los sepulcros. En el interior del claustro hay un jardín en el que se halla el mausoleo colectivo instalado en 1912.

En este Panteón fueron enterrados los generales Palafox, Castaños, Gutiérrez de la Concha, primer Marqués del Duero, y Prim. También el político Ríos Rosas. Más tarde se les unieron Canalejas, Sagasta, Eduardo Dato y Cánovas, en sarcófagos independientes, junto a otros seis que yacen en el llamado Mausoleo Conjunto o Monumento a la Libertad. En el mausoleo se encuentran Martínez de la Rosa, Muñoz-Torrero, Mendizábal, Calatrava, Olózaga, y Argüelles. A lo largo del siglo XX hubo algunas mudanzas. Palafox fue trasladado a Zaragoza, Castaños a Bailén y Prim, cuya polémica muerte aún sigue dando mucho que hablar, a Reus. Esta es la causa de que en el presente sólo doce hombres insignes reposen entre su paredes.

Los monumentos funerarios donde descasan son de una gran belleza. Por un lado, el Mausoleo está rematado por una alegoría a la Libertad y tres estatuas representando el Gobierno, la Reforma y la Pureza decoran el exterior. Las sepulturas individuales son obra de eminentes escultores como Benllure o Querol.

Por último, resulta interesante fijarse en las inscripciones grabadas en los sepulcros. De Eduardo Dato, que falleció “siendo Presidente del Consejo de Ministros y Jefe del Partido Liberal-Conservador”, se dice de él que “vivió para la patria, murió por ella”. “A Sagasta, los liberales”, se puede leer en la tumba del político progresista. Al Marqués del Duero, muerto en la batalla de Monte Muro en 1874, se le califica de “Héroe de las Guerras Carlistas”. A los personajes enterrados en el Mausoleo se les rinde homenaje como “Defensores del régimen constitucional y parlamentario. Príncipes liberales y progresistas”. 

Más por su interés histórico y artístico que por el esplendor del lugar, merece la pena visitar a la docena de hombres ilustres que en vida, a buen seguro, sintieron la soledad del poder y ahora yacen en la soledad de este monumento, a trasmano de la geografía urbana y de la historia.