LO INAUGURÓ EL REY ALFONSO XIII

Un siglo del 'Eléctrico' del Guadarrama

Fue ideado por el Sindicato de Iniciativas del Guadarrama en junio de 1917.

Momento de la inauguración.
Momento de la inauguración.
Un siglo del 'Eléctrico' del Guadarrama

Este verano quizá suban al único tren de vía estrecha perteneciente a la red de Cercanías de Madrid (línea c-9), que con parada en el puerto de Navacerrada llega hasta Los Cotos. Conocido como el ‘Eléctrico’ del Guadarrama asciende por encima de los 1.800 m. de altitud. Este modesto ferrocarril atesora historias notables y otras más menudas. Hoy es un icono de la sierra madrileña que fue proyectado en 1917.

Sin embargo, sus actuales propietarios (Renfe-Adif) no parecen apostar por este emblemático tren que durante generaciones ha acercado a innumerables montañeros, esquiadores o visitantes hasta las cumbres más altas del Guadarrama. Los más de 17 euros que cuesta el billete de ida y vuelta en este tren no lo convierten, como debería ser, en un transporte al alcance de todos los bolsillos. A pesar de ello, numerosos usuarios han viajado y viajan en sus vagones (quien escribe entre ellos) para disfrutar de los espléndidos parajes de la sierra. Por otro lado, el empleo del transporte público contribuye en este entorno a evitar la congestión de automóviles que, por su cercanía a Madrid, se produce los fines de semana y en períodos vacacionales. Más aún en una sierra que posee una extensa zona declarada Parque Nacional.

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La andadura de este tren comenzó el 12 de julio de 1923, aunque fue concebido seis años antes. Alrededor de las siete de la tarde de ese día el calor estival comenzaba a ceder. Al igual que hoy, desde las cumbres que se alzan sobre el valle de la Fuenfría podían observarse los pequeños pueblos repartidos por la sierra del Guadarrama. Por aquellas fechas no se habían construido todavía las extensas urbanizaciones, ni las amplias autopistas que circundan los ‘azules montes’ sobre los que escribió Antonio Machado, tan solo algunas carreteras que eran transitadas por los escasos vehículos de la época.

Entonces un silbido irreconocible y atronador resonó con fuerza en el cóncavo de Siete Picos, sobresaltando la apacible existencia de los habitantes de estas tierras. De esa forma, el tren que en la actualidad transporta a cientos de excursionistas, el denominado Ferrocarril Eléctrico del Guadarrama, iniciaba su ascensión desde la estación de Cercedilla al puerto de Navacerrada por el estrecho camino de hierro construido según los planos del ingeniero José Aguinaga y Kéller.

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El rey Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia y el obispo de Madrid-Alcalá fueron algunos de los ilustres pasajeros de aquel trayecto inaugural que a 30 km por hora llegó a la estación del puerto de Navacerrada, donde no había un lugar adecuado en el que brindar por la ocasión. Una vez allí, la comitiva echó un vistazo al idílico paisaje, encendieron unos pitillos –el rey seguramente cogería de su pitillera de oro un cigarrillo del tabaco egipcio que solía fumar -, y algún miembro ‘previsor’ de la comitiva sacaría del interior de su americana una petaca con la que hacer los honores. Tras unos minutos de espera subieron de nuevo al flamante tren y emprendieron el viaje de regreso.

Uniendo crónicas pasadas y algo de imaginación, puede decirse que así dio el ‘Eléctrico’ sus primeros pasos. Un tren que fue impulsado en junio de 1917 por el Sindicato de Iniciativas del Guadarrama, para facilitar la práctica del montañismo y el esquí. Años en los que nevaba abundantemente en la sierra, según cuentan los más ancianos de estos lugares. El proyecto contó con un presupuesto de dos millones de las desaparecidas pesetas. El tramo entre Navacerrada y Los Cotos llegaría más tarde, en la década de los 60. Aunque el planteamiento original del ingeniero Aguinaga era prolongar la línea hasta Gargantilla de Lozoya, pasando por El Paular y Rascafría, conectándola con la vía del ferrocarril Madrid-Burgos.

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Asimismo, estaba previsto realizar un ramal por el valle del Eresma hacía Valsaín que llegara hasta Segovia. Incluso la construcción de dos funiculares o teleféricos hacia los emblemáticos montes de Peñalara y Cabezas de Hierro. Un curioso vestigio de estos planes de expansión es el túnel ciego nº2 de más de 70 metros de largo de la estación de Los Cotos, utilizado según el caso como refugio, cochera o almacén. Teniendo en cuenta la masificación que hoy sufren estos parajes, casi hay que agradecer que sus bienintencionados promotores no encontrarán dinero suficiente para mencionada ampliación. De haberse llevado a cabo la sierra sería, sin duda, muy diferente.

En 1917 los pioneros que promovieron el conocimiento y disfrute de la sierra se quejaban amargamente del poco interés de las autoridades por las posibilidades de estas montañas. Pensaban que de haber estado cerca de París o Londres a los montes del Guadarrama no les hubiera faltado infraestructuras. Por ello, el Sindicato propició también la edificación del desaparecido hotel Victoria en el puerto de Navacerrada y la colonia Camorritos en Cercedilla, construida siguiendo la vía del tren.

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Con la Guerra Civil la línea quedó prácticamente suspendida. Pasados los años, el ‘Eléctrico’ estuvo a punto de detenerse para siempre por el elevado coste que suponía su mantenimiento. Fue en el invierno de 1951 cuando, según cuentan, se produjo un incidente que cambiaría su destino. Ocurrió durante la celebración de una competición de esquí con deportistas españoles, franceses y andorranos. Finalizadas las pruebas los trofeos fueron entregados por la hija del general Franco, Carmen, que a la sazón estaba embarazada. Mientras se celebraba la entrega de galardones una inesperada tormenta de nieve bloqueó la carretera y, al mismo tiempo, Carmen Franco Polo empezó a sentirse indispuesta debido a su avanzado estado de gestación. En tales circunstancias la hija del dictador solo pudo abandonar el puerto de Navacerrada recurriendo al tren, gracias a que los operarios de la línea, a pesar de no contar con quitanieves, habían mantenido limpias las vías. Al parecer aquel episodio llevó al gobierno de entonces a adquirir el tren, hasta ese momento en manos privadas.

Como relató ese mismo año el presidente del Patronato del Puerto de Navacerrada, Antonio de Luna García, al ministro de Obras Públicas, era frecuente que el tráfico del tren quedara interrumpido por la nieve al carecer de máquinas quitanieves para despejar las vías. De Luna puso como ejemplo lo sucedido durante una visita al puerto de Humberto II, exrey de Italia, y la actriz Anna-Bella, los cuales tuvieron que ser evacuados a Cercedilla en improvisados trineos hechos con cajas de pescado.

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En 1964 se efectuó la prolongación de la línea hasta Los Cotos, llegando hasta los 18 kilómetros actuales. A mediados de los 70 se realizó una importante modernización del trazado, entrando en servicio las unidades 442 fabricadas para alta montaña por MTM, Brown Boveri y Schlieren, con un diseño similar a las de la línea entre Lausanne-Echallens-Bercher de Suiza.

El ‘Eléctrico’ ha llenado de vida durante casi cien años las montañas del Guadarrama. Ahora tan solo tiene dos paradas, pero antes se detenía en los apeaderos de Cercedilla Pueblo, Las Heras-Los Castaños, Camorritos, Siete Picos, Collado Albo, Dos Castillas y Vaquerizas, clausurados en la actualidad. Su recorrido flanqueado por laderas repletas de pinos y magníficas vistas a los valles de Navalmedio (Madrid) y Valsaín (Segovía) hacen de este tren un valioso patrimonio histórico, cultural y ecológico que reclama ser conservado como se merece para las generaciones venideras.

Francisco J. Castañón