FLORES LETRAS Y MUERTE

Cementerio de artistas, amor y muerte entre las flores

Sobre el llamado “cementerio de los artistas” crecen las flores. El poeta José Cadalso desenterró a su amada de entre sus tumbas, una actriz de la época conocida como “La Divina”. Este camposanto es hoy una floristería en el centro de Madrid

Pilar Vigara.
Pilar Vigara.
Cementerio de artistas, amor y muerte entre las flores

En el transitado Barrio de las Letras, entre dos plazas con nombres devotos –la del Ángel y la de Santa Ana-, existe un lugar con sabor parisino donde la magia surge entre las flores. Un jardín donde la historia y la leyenda se mezclan con anhelos y pasiones.

Se trata de un vetusto camposanto sobre el que la familia Martín levantó una de las primeras floristerías de Madrid en 1889. Donde hoy se encuentra esta “boutique de las plantas”, estuvo en su día el cementerio llamado “de los artistas”. También fue conocido como de “los comediantes” o “los cómicos”. En este grupo estuvieron incluidos durante mucho tiempo los arquitectos que luego se separaron de los artistas, por ser gentes de mal vivir y moral relajada.

Ramón de la Cruz, Juan de Villanueva, Ventura Rodríguez o Lope de Vega fueron enterrados “a la monda” (o sea, sin demasiado orden ni concierto) en este cementerio perteneciente a la Iglesia de San Sebastián. El Jardín del Ángel, mencionado ya por Galdós en su novela Misericordia, es un rincón muy especial en el que las flores dan cuenta de su sensibilidad ante las emociones que surgen a su alrededor.

Ramón de la Cruz, Juan de Villanueva, Ventura Rodríguez o Lope de Vega fueron enterrados “a la monda”

Pilar Vigara, actual arrendataria del jardín, dejó su carrera en televisión para dar todas las mañanas los buenos días a las flores. Según explica esta extremeña trasplantada en Madrid, parece ser que alguno de los ilustres artistas que yacieron bajo sus lápidas, como el citado Lope de Vega, todavía andan enredando cual espíritus burlones. A veces desaparecen cosas, ocurren travesuras paranormales y se perciben energías, pero cordiales. Vigara piensa que Lope y sus compañeros de letras todavía siguen haciendo trastadas entre las flores. Hay incluso quien ve sus figuras difuminadas en los espejos de la tienda. Sus almas parecen no querer dejar las calles que fueron fuente de inspiración para sus obras maestras.

El episodio más macabro y, al tiempo, más romántico que sucedió en este lugar, fue el que protagonizó en el Siglo de las Luces el poeta y militar José Cadalso. Su amada, la actriz María Ignacia Ibáñez, apodada “La Divina”, había fallecido víctima del tifus con apenas veinticinco años. Como artista que era se la enterró en el cementerio que ocupan ahora las flores del Jardín del Ángel. Pero Cadalso, no pudiendo aceptar su pérdida, la “noche lúgubre” del 22 de abril de 1771 desenterró el cuerpo sin vida de su querida María Ignacia. Cadalso, en su delirio de querer vencer a la muerte, quiso revivirla teniéndola con él para siempre. Su audaz empresa, sin embargo, se vio frustrada por miembros de la Santa Hermandad (predecesores de la Guardia Civil) que se lo impidieron. Tal fue la conmoción que provocó este suceso, en el que hubo quien vio la mano del diablo, que el rey Carlos III decidió prohibir los enterramientos en el interior de la ciudad.   

A pesar de que aquel episodio alteró conciencias, las tumbas continuaron en su sitio hasta finales del siglo XIX cuando se trasladaron los restos mortales que quedaban a otros osarios. De esta forma, el cementerio se convirtió en vivero de plantas y en él creció un olivo centenario, traído desde Jaén, que a día de hoy sigue convocando a los enamorados que quieren ver cumplidos sus deseos. Donde además es posible adquirir un ramo de flores para la persona amada.

En la actualidad, comenta Pilar Vigara, el jardín es punto de encuentro de cantantes, pintores, músicos y poetas. Por ello, su arrendataria quiere hacer de este lugar, como puede leerse en el umbral, un espacio para no dejar de soñar. Donde parar el ajetreado ritmo de la gran ciudad. En definitiva, hacer de este jardín, donde el amor quiso derrotar a la muerte, un ámbito en el que las artes y la presencia multicolor de las flores se unan para atraer a esa “gente extraordinaria que pone color a nuestras vidas”. Tal y como dejaron escrito unos jóvenes con síndrome de Down que un día visitaron este vergel urbano.

El “cementerio” sigue siendo así un lugar lleno de vida. Este fin de semana, el Jardín del Ángel (calle Huertas, 2) ha congregado de nuevo a “los artistas” para celebrar Halloween o, a la española, la Noche de las Ánimas. Para ello, “esa gente del teatro” representará las dos próximas noches, entre las flores, las Noches Lúgubres del desventurado José Cadalso.