HISTORIAS OLÍMPICAS

Fred Lorz, el tramposo de las olimpiadas racistas

Los JJ.OO. de San Luis en 1904 exaltaron la segregación racial. La maratón, repleta de incidentes, fue surrealista

Fred Lorz, el tramposo.
Fred Lorz, el tramposo.
Fred Lorz, el tramposo de las olimpiadas racistas

Los Juegos Olímpicos de 1904 en San Luis, como los de 1900 en París, fueron una parte de la Exposición Universal que se celebró aquel año en la ciudad estadounidense. Al igual que en París, los organizadores distribuyeron las pruebas a lo largo de los cinco meses que duró la Exposición. A diferencia de París, aquí si se dieron las medallas en tiempo y forma, otorgando a los ganadores el oro, la plata y el bronce como se hace en la actualidad. Aunque en San Luis hubo menos participantes. La lejanía, unida al coste y dificultades del viaje en aquella época, disuadieron a muchos deportistas europeos.  

Olimpiadas racistas

En la por entonces capital del algodón, las Olimpiadas de 1904 estuvieron tristemente señaladas por el racismo. Como novedad se dedicaron dos jornadas inaugurales a los llamados Días Antropológicos (“Anthropological Days”), durante los cuales compitieron pigmeos africanos, indios sioux, moros filipinos, ainus del Japón, tehuelches de la Patagonia, indios cucapá de México e indígenas de otras razas consideradas primitivas e inferiores. En estas pruebas, programadas como exhibiciones circenses, los aborígenes pelearon con lanzas, treparon a los árboles o dispararon flechas. El barón de Coubertin calificó aquello de “mascarada ultrajante”.  Sin embargo, hubo algo de justicia poética. Los JJ.OO. de San Luis fueron los primeros en los que un atleta negro ganó una medalla. El estadounidense George Coleman Poage se hizo con el bronce en 400 metros vallas.  

Fred Lorz 3

Fred Lorz, el tramposo

Los despropósitos no acabaron ahí. La maratón también pasó a engrosar la leyenda negra de los JJ.OO. El presunto ganador de la prueba fue el estadounidense Frederick (Fred) Lorz. Tras superar casi la mitad del recorrido, Lorz, cansado y deshidratado, se retiró de la carrera. El atleta fue recogido por una flamante maquina que hacía furor en aquellos años: un automóvil Ford. El coche se dirigió al estadio adelantando al resto de corredores. Recuperado de su fatiga, el avispado Lorz pidió al conductor que detuviera el vehículo. Se bajó y de nuevo comenzó a correr los últimos kilómetros que restaban para terminar. Según declaró después, iba a recoger su ropa al estadio. Pero cuando entró en el coliseo Francis Field de San Luis el público le aclamó enfervorecido, así que decidió continuar con la farsa y cruzar la línea de meta como campeón de la maratón. Hasta se hizo fotos con Alice Roosevelt, la hija del presidente de los Estados Unidos. Denunciado por varios espectadores, se descubrió la trampa, siendo descalificado y expulsado de la Unión Atlética Amateur.

Carrera 1904

De esta forma, la medalla de oro fue para el segundo en finalizar la prueba, Thomas Hicks, que llegó a la meta dopado y estuvo a punto de perder la vida. Para estimularle durante la carrera su entrenador le dio a beber coñac como tonificante y, además, le inyectó dos veces pequeñas dosis de sulfato de estricnina. Lo contó de milagro. Hoy hubiera sido sancionado. Por el contrario, alcanzó la gloria como el vencedor de la disparatada maratón de las bochornosas Olimpiadas de 1904.  

Estadio Francis Field 1904