TRAMPAS EN LOS JJOO

La espada de la vergüenza de Boris Onischenko

El pentatleta soviético fue cazado en Montreal '76 haciendo trampas en la prueba esgrima: gracias a un dispositivo electrónico, su espada trucada sumaba puntos sin tocar al contario

Un juez examina la espada trucada de Boris Onischenko. | ED
Un juez examina la espada trucada de Boris Onischenko. | ED
La espada de la vergüenza de Boris Onischenko

Las Olimpiadas de Montreal 1976 fueron las primeras en las que se produjo un boicot oficial a unos Juegos Olímpicos. El motivo fue un partido de rugby que Nueva Zelanda había jugado contra los Springboks de Sudáfrica, nación excluida del COI por su política racista de 'apartheid. El COI no retiró a la delegación neozelandesa y 35 países, la mayoría africanos, decidieron no participar en Montreal 76´.

A la ciudad canadiense llegó el pentatleta soviético Boris Onischenko, quien a la postre fue protagonista de uno de los episodios más oscuros de la historia del olimpismo. Había sido medalla de plata en pentatlón moderno en México 68´ y medalla de oro por equipos y plata en individual en Múnich 72´. Onischenko era una leyenda en la URSS y con 38 años buscaba de nuevo un triunfo en Montreal. En campo a través, tiro y salto ecuestre no destacaba, aunque en natación mejoraba mucho su puntuación. Sin embargo, en esgrima el ucraniano estaba a años luz de sus competidores. En este deporte era intratable, pero sus continuos y excesivos aciertos hicieron sospechar a otros pentatletas.

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Aunque sus oponentes no notaban el contacto de la espada, sus ataques siempre finalizaban en '¡touché!' (tocado) y marcaban puntos. De esta forma, el equipo de la URSS fue superando a sus contrincantes, hasta que se enfrentaron al equipo de Gran Bretaña. Los británicos observaron que el tablero, donde se anotaban los puntos, se encendía aunque Onischenko no llegara a tocar con la espada a su rival. Las protestas del británico Jeremy Fox provocaron que los jueces examinaran el marcador luminoso y la espada “mágica” del soviético. La sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron un sofisticado dispositivo electrónico con un interruptor, que el espadachín soviético pulsaba cada vez que quería registrar un '¡touché!' imaginario y anotar más puntos para su equipo.

Onischenko fue descalificado y obligado a abandonar la competición. La misma suerte corrió el resto del equipo soviético de pentatlón en la modalidad por equipos. Solo a dos de sus atletas se les permitió continuar en la competición individual. Al día siguiente, Onischenko dejó la Villa Olímpica.

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Reprendido por Brezhnev

En plena guerra fría, la instrumentalización política de los deportistas estaba a la orden del día. Y Onischenko se convirtió de la noche a la mañana en una vergüenza para la URSS. Este oficial del ejército soviético, poseedor de la Orden de la Bandera Roja al Trabajo, fue expulsado de la carrera militar, del Partido Comunista y de la Federación Soviética de Pentatlón Moderno. Asimismo fue multado con cinco mil rublos y nunca más volvió a la alta competición. Incluso fue llamado por el Presidente del Soviet Supremo, Leonidas Brezhnev, que le reprendió personalmente. Sobre su paradero hubo muchas leyendas. Se dijo que había sido deportado a Siberia, pero lo cierto es que finalmente acabó trabajando de taxista en Kiev. Jamás habló de lo sucedido en Montreal.

Las razones que le llevaron a emplear aquel ardid para ganar nunca se conocerán Onischenko era de los mejores en esgrima y lo normal hubiera sido que estuviera en lo más alto del podio sin más ayuda que su habilidad con la espada. Tampoco se supo si en la preparación del artilugio que utilizó participaron más personas. Preguntas para las que hoy no existen respuestas. En cualquier caso, el incidente protagonizado por el espadachín soviético provocó que se cambiaran las reglas de este deporte y que se decretara la prohibición de incluir en la espada cualquier parte en la que se pudiesen ocultar cables o sensores.