Martes 20.11.2018
Los agujeros del atentado del 17-A en Barcelona/14

“La imagen de Youness fue la de un niño en estado de shock”

El principal testigo de la masacre de Las Ramblas rememora para Estrella Digital los momentos en los que su mirada se cruzó con la del asesino y cómo el miedo le atenazó de forma irreversible

Omar, testigo del atentado de Las Ramblas.
Omar, testigo del atentado de Las Ramblas.

“Sólo fueron 4 o 5 segundos. Sólo eso. Pero jamás lo podré olvidar. Ahí estaba él, agarrado al volante de la furgoneta, con la mirada perdida, como la de un loco pasmado, bloqueado, pálido como el papel de fumar. Inmóvil. A punto del colapso”. 

Esa es la imagen que Omar retiene en su memoria como si se la hubieran grabado a fuego. Durante 4 o 5 segundos su mirada y la de Youness Abouyaaqoub se clavaron la una en la otra. Omar paseaba por Las Ramblas junto su novia, Irina, cuando de repente ante sí vieron bajar una furgoneta de color blanco que arrasaba todo lo que se encontraba a su paso por el carril central de la populosa calle.

El primer instinto de Omar fue el de apartar de allí a su novia convencido de que se encontraban ante lo que no podía ser otra cosa que un descontrolado accidente de circulación. Pero esa idea duró lo que dura un suspiro. La furgoneta se detuvo frente a Omar, a menos de 15 metros.

Omar testigo atentado

Frente a frente con el asesino

Este joven de 32 años, vecino de Figueres (Girona) se quedó petrificado frente al vehículo. El conductor trataba de recular para desatacar de los bajos del vehículo el amasijo de cuerpos arrollados.

Y Omar, estupefacto, lo contemplaba todo como si se tratase de un espectador frente a una película de terror. “El conductor era un crío. Su cara era la de quien ha visto un monstruo o a la muerte pasar ante él. Nos quedamos mirando por lo menos unos 4 o 5 segundos tras los cuales reaccionó y trató, (primero de forma infructuosa) de abrir la puerta del conductor. Finalmente lo consiguió. Salió de la furgoneta, excitadísimo y se encontró de cara con un hombre, más bien gordo, con camisa azul que le salió al paso. El conductor le golpeó en la cabeza y le dejó casi inconsciente. Me volvió a mirar, se giró y empezó a correr Ramblas arriba por la acera opuesta a la Boquería”.  

El miedo atenazador

Omar, llevado por un instinto que ni él logra explicar salió tras de Youness. “Intenté grabarle con el móvil, mi cerebro le ordenaba cosas a mis dedos pero éstos no respondían. Parecía borracho. El conductor trató de meterse en un bar ya repleto de gente en el que se veían unos jamones en el escaparate. No pudo entrar. Entonces cruzó la calle en dirección a la Boquería. Yo le seguí. Me planté a escasos 7 u 8 metros de él. Se detuvo. Me detuve. Se giró y me clavó su mirada de niño en lo más profundo. Se me bloqueó el pecho. Las piernas no me sujetaban. Parecía una estatua. El conductor entró en el mercado en la Boquería a toda prisa y las pocas fuerzas que me quedaban sólo me permitieron gritar…: “¡¡Es él , es él, el conductor, es él…!!”.

Lo siguiente que recuerdo es que la Guardia Urbana me introdujo en una tienda y no me dejaba salir de allí. Mi pensamiento estaba con Irina. ¿Dónde estaba ella? ¿Estaría bien? A las dos horas contactamos. La Policía la había enviado hacia el mar, cerca de la estatua de Colón. Estaba bien. Llorando, pero bien. Creo que entonces pude volver a respirar”.

La policía, entonces perdida

Omar ha vivido este año con esas imágenes. Las mismas que relató a los Mossos y a la Guardia Urbana en el cuartel improvisado que se montó sobre el establecimiento Hard Rock Café de la plaza de Catalunya. Su declaración fue básica para delimitar la descripción del asesino.

Por cierto, 5 horas después del brutal atropello, los Mossos le enseñaron a Omar diversas fotos de posibles sospechosos. Ninguna correspondía a Youness Abaoyaaqoub. Este yihadista había sido identificado hacía 15 horas como uno de los moradores de la casa de Alcanar. Los Mossos aún pensaban que la explosión registrada allí se había producido en un laboratorio de drogas y no en el polvorín de una célula yihadista conjurada para matar.