TENDENCIA RENOVADA

Entre lanas todo el año

Casi el 90 por ciento de las ventas de un sector estacional como la venta de bufandas corresponde a los meses de diciembre y enero. Las navidades son el punto culminante de todo un año de trabajo intenso que comienza en el campo entre los meses de abril y mayo

Entre lanas todo el año.
Entre lanas todo el año.
Entre lanas todo el año

Las explotaciones ganaderas cierran ya una de sus citas anuales: la esquila. De ella se obtendrá una parte importante de la materia prima que necesita la industria textil especializada en artículos de lana para la producción de bufandas de lana de la nueva temporada de invierno 2017-2018. Las bufandas para el cuello se presentan un año más como una tendencia renovada. Pero, ¿cómo hacer bufandas de lana?

Y es que casi el 90 por ciento de las ventas de un sector estacional como la venta de bufandas corresponde a los meses de diciembre y enero. Las navidades son el punto culminante de todo un año de trabajo intenso que comienza en el campo entre los meses de abril y mayo.

Durante estos meses, los esquiladores, una de las profesiones en peligro de extinción, recorren los puntos claves del panorama lanar español (Aragón, Segovia y Cádiz), en busca de las escasas explotaciones de auténtica oveja merina. La lana merina tiene más de medio siglo de reconocimiento internacional como una de las mejores lanas del mundo.

En el proceso de esquila de la oveja, la lana resultante está llena de suciedad y agua, por lo que se limpia, clasifica y almacena en espacios con una humedad constante -en torno al 14-16%- para proceder a un desecado controlado. El exceso de humedad con el que llega a la fase de tratamiento puede llevar a un proceso de fermentación perjudicial para las siguientes fases de producción de las bufandas de lana.

Las bufandas y ropas de lana han sido tradicionalmente la prenda de abrigo de todas las clases sociales. Desde los grandes batantes, de los que hoy solo quedan escasos vestigios como en la Sierra de Grazalema en Cádiz, desde donde explican los procesos artesanales que siguen desde hace más de 100 años para la elaboración de sus mantas, bufandas, capas y ponchos de lana.

Tras el proceso de selección de las lanas según su calidad y color -existe la lana merina negra y la merina blanca-, se realiza un lavado a mano en agua caliente. Enjuagada la lana en bruto, se deja secar al sol aprovechando el verano hasta que llega el momento exacto en el que se procede a la separación de las fibras de lana.

Antes del cardado, se les aplica aceites y otros productos para facilitar el proceso de cardado previo al hilado. Con las fibras trenzadas, se unen en las bobinas de lana, que explican, pueden llegar a pesar hasta 3 kg. De estos hilos, se obtiene el urdimbre del tejido, el material previo de la pieza a crear, que pasa por el telar, hoy mecánico.

Finalizada la pieza tejida, se rematan los flecho a mano y se abatana, tratamiento que consiste en someter la tela a fuertes golpes del batán. Posteriormente, se le aplica el artesano tratamiento antipolilla y se vuelve a sacar al sol. Finalmente, se carda, primero con una máquina tradicional de la zona y después a mano, para eliminar cualquier imperfección que pueda tener la pieza.

Desde el fabricante de mantas de Grazalema insiste en que todos los detalles y la mayor parte del proceso sigue respetando la tradición y los métodos utilizados en esta tierra lanar.

Las lanas españolas en la ruta de la Seda

Ante una crisis tan grave como la que ha llevado al 80 por ciento de las explotaciones ganaderas a desaparecer, los productores y las industrias asociadas han hecho de la exportación una vía de subsistencia. España produce anualmente más de 23.000 toneladas de lana.

Así, tras el despegue en los primeros años del siglo XXI de las economías del sureste asiático, el sector lanar español ha encontrado en la ruta de la Seda a sus dos principales valedores: la potente industria textil china y las fábricas de alfombras de la India.

A día de hoy, en el que caso de la lana aragonesa, China es su principal importador, a pesar de que la ganadería china es la segunda en producción, solo por detrás de Australia. Hasta la entrada en juego de China, el ganadero español obtenía de cada kilo apenas 20 céntimos, con lo que no tenían ni siquiera para cubrir los gastos de esquila. La exportación ha normalizado los precios en un sector destinado a la extinción.

Según el último censo oficial del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, correspondiente a datos de enero de 2016, el número de cabezas de ovino reproductor es de 13 millones de animales.