“El robo de bebés es un escándalo que genera vergüenza nacional y social”

Separada de su hermano mellizo al nacer, Soledad ha iniciado una cruzada para que se reconozca la existencia de una trama de tráfico de niños que permita una investigación a nivel nacional

“El robo de bebés es un escándalo que genera vergüenza nacional y social”
“El robo de bebés es un escándalo que genera vergüenza nacional y social”

Jamás conoció a su hermano mellizo Francisco, sin embargo, ella y su familia no han dejado de buscarle. Desde que hace casi dos años descubrieron que podría no haber muerto a los pocos días de nacer, como les contaron a sus padres en el hospital, en el año 1965. Soledad Luque Delgado ha querido compartir con ESTRELLA DIGITAL su dramática historia. Esta profesora de Lengua Española, especialista en Fonética, en la Fundación Ortega y Gasset  y en la Universidad de Middlebury, es una de las afectadas de los más de 300.000 casos de bebés robados que se estiman que se han producido en España. En su cruzada por que se haga justicia, ha impulsado una campaña de sensibilización social que logró reunir más de 90.000 firmas contra el archivo de denuncias y ha creado su propia asociación para que el Estado y la sociedad reconozcan la existencia de una trama que ha destrozado decenas de miles de vidas. Un drama que se niega a reconocer la Justicia en un camino lleno de obstáculos para víctimas y afectados que ven como sus denuncias son bloqueadas por la falta de voluntad de descubrir la verdad de esta tragedia.

Las vidas de Soledad y su hermano mellizo Francisco se separaron nada más llegar a la vida el 25 de enero de 1965, en la antigua Maternidad Provincial de O’Donnell, ya que él tuvo que pasar veinticinco días en la incubadora al nacer con poco peso. Durante ese tiempo sus padres fueron a visitarle a diario, donde una religiosa les daba noticias del progreso del bebé, hasta que un día les comunicaron la feliz noticia de que podrían llevárselo a casa en uno o dos días. Sin embargo, la tragedia no estaba sino a punto de comenzar, cuando al día siguiente el padre fue a buscar al niño, el médico le transmitió que había fallecido a causa de una meningitis. Cuando el padre solicitó ver el cuerpo de su hijo, le dijeron que en ese momento no era posible porque estaba en el depósito pero que al día siguiente podría llevárselo para darle sepultura. Un día después, la familia tampoco pudo llevarse a su bebé porque su cuerpo había sido supuestamente incinerado y tampoco había rastro de las cenizas por ningún lado, todo ello sin el permiso de la familia. La única respuesta por parte del médico ante las preguntas y quejas del sorprendido y abatido padre fue expulsarle del centro advirtiéndole de que esa actitud no le iba a beneficiar en nada.

Soledad Luque explica que para entender por qué sus padres no denunciaron los hechos hay que situarse en 1965, en plena dictadura franquista, donde la figura de la autoridad no se cuestionaba. “Nunca se les hubiera ocurrido denunciar a un médico o a un hospital, no es que no quisieran defenderse o no lo hicieran por miedo, es que no sabían que tenían que defenderse, ya que nunca se hubieran podido imaginar que estaban sufriendo el robo de su hijo, ¿cómo pensar de que los que tenían que cuidar y velar por la vida podían estar destruyendo a una familia de aquella forma?”, puntualiza la hermana de Francisco.

 Fue una madre en duelo eterno porque jamás pudo ver a su hijo muerto

La madre siempre dudó de  la versión del centro sanitario, no porque pensara que se había producido un robo, era inconcebible en aquel momento pensar esto, sino porque sentía que algo muy extraño había sucedido y siempre pensó que cómo era posible que ni el cuerpo, ni las cenizas, de existir, no hubieran nunca aparecido. “Fue una madre en duelo eterno porque jamás pudo ver a su hijo muerto”, lamenta Soledad. Algunos de sus hermanos, que vivieron toda la historia desde muy cerca, sentían lo mismo. Sin embargo, la melliza de Francisco creció con la idea de que su hermano estaba muerto: “Toda mi vida me ha faltado algo, he tenido a mi hermano como una sombra desde pequeña, él para mí siempre ha sido la presencia de una ausencia”.

El comienzo de las sospechas

Tendrían que pasar más de 40 años para que las ideas y sensaciones de su madre y de sus hermanos comenzaran a cobrar fuerza. Soledad cuenta que en noviembre de 2010 recibió una llamada de su hermana Carmen preguntándole si alguna vez había pensado en que Francisco pudiera estar vivo y si había oído noticias de los casos de bebés robados. Rápidamente comenzó a buscar información sobre este asunto y se quedó asombrada: “Me pareció increíble porque todos esos testimonios eran similares a lo que les ocurrió a mis padres, era nuestra historia”.

Las dos hermanas emprendieron la búsqueda de la verdad sin alertar al resto de su familia para no crear expectativas sin tener nada concreto. Tras recopilar varios certificados de Francisco en diferentes registros, las sospechas comenzaron a acrecentarse al hallar contradicciones en la documentación, las fechas de su muerte y las del enterramiento no coincidían, en ningún documento se hablaba de incineración del cadáver, ni tampoco había rastro de su historial clínico, un patrón que se repite en los casos de muchos afectados por el robo de niños.

https://admin.estrelladigital.es/espana/Soledad-hermanos-Ultima-foto-juntos_ESTIMA20120412_0260_1.jpgEfectivamente, algo raro había pasado y se dieron cuenta de que si querían continuar investigando era necesario contar con el resto de hermanos. “Para ellos la noticia fue la confirmación de que lo que habían sospechado era cierto, para mí no fue así. Este descubrimiento fue un shock brutal porque, de repente, a mis 46 años se me planteaba no sólo la posibilidad sino la certeza de que Francisco estaba vivo. Todo lo que siempre había pensado sobre la inexistencia de mi hermano era mentira”, sentencia Soledad.

Un camino lleno de obstáculos

La familia Luque Delgado inició entonces “una búsqueda” que sabe que “no tiene muchas posibilidades de que termine bien” porque cree que es muy complicado encontrarle y no se lo están poniendo nada fácil. Soledad y sus hermanos tenían claro que debían actuar legalmente, por eso el primer paso fue hacerse socios de la Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares (ANADIR). A continuación, decidieron presentar una denuncia en la Fiscalía Provincial de Madrid, el 17 de mayo de 2011. De hecho, antes de que en agosto comenzara el archivo masivo de denuncias de otros afectados, aún albergaban esperanzas de que se hiciera justicia y se abriera una investigación. Sin embargo, el 23 de febrero de 2012 recibieron una notificación de la Fiscalía Provincial de Madrid que echaba por tierra todas sus expectativas, la denuncia había sido archivada.

Encontrar a Francisco es complicado y nos lo están poniendo muy difícil

Soledad explica que el principal motivo que esgrimió la Fiscalía para archivar la denuncia fue la negación de la existencia de una trama, aunque esa palabra no apareciera en la notificación del archivo, es decir, que “admitir que mi hermano fuera robado para dárselo a otra familia es asumir la implicación de muchas personas –médicos, religiosas, trabajadores del cementerio o funcionarios- y, en palabras de la Fiscalía, esto no es posible, por tanto, según ellos no existe indicio de delito”. En cuanto a las diferentes fechas del fallecimiento y enterramiento, la Fiscalía determinó que se trataba de un error humano, “curiosamente en los casos de afectados por el robo de bebés siempre hay un error humano”, advierte Soledad. Por último, al no haber indicio de delito el Derecho español no permite abrir una investigación general, por tanto tampoco se puede llamar a declarar a nadie. Sin embargo, si no se llama a nadie a declarar, cómo se puede determinar que no hay indicio de delito, nunca se sabrá. “Es la pescadilla que se muerde la cola y todo porque se niegan a admitir la existencia de una trama”, subraya.

Ella y la mayoría de los afectados sostienen la teoría, compartida por muchos sociólogos, de que efectivamente existió una trama planificada que se desarrolló durante casi cincuenta años en España. Según los expertos, el tráfico de niños se inició en la década de los 40 cuando a las mujeres del bando republicano les arrebataron sus hijos como medida de represión política. Estos actos generaron un caldo de cultivo en nuestro país, puesto que se creó una demanda de niños por parte de familias pudientes, cercanas al régimen franquista o con influencia en ciertas esferas. Durante los años 50 y 60, en plena época del Nacional Catolicismo, las familias humildes se sumaron también a las víctimas de este macabro comercio. En esta etapa, entró en escena el factor moral, donde “algunos médicos y algunos religiosos jugaron a ser dioses en un ambiente totalmente permisivo gracias a un Estado que cerraba los ojos”. La trama continuó durante los últimos años de la dictadura y primeros años de la democracia, hasta bien entrada la década de los 80, aunque ya únicamente como un negocio lucrativo.

 Algunos médicos y religiosos jugaron a ser dioses mientras el Estado cerraba los ojos

“No se explica que algo así se prolongara durante casi medio siglo y en todo el país, si de verdad lo hicieron cuatro. Es imposible que sucediera sin la connivencia de una parte del personal de las instituciones y de la estructura estatal, así como de cómplices silenciosos, seres pasivos que tuvieron conocimiento de lo que estaba aconteciendo y no dieron la voz de alarma”, asevera.

Soledad está totalmente convencida de que la sociedad tiene que asumir que la trama ha existido, aunque sabe que es un paso difícil porque supone reconocer “un verdadero escándalo que genera una vergüenza nacional y social”. El problema, bajo su punto de vista, es que se ha generado un clima de desconfianza porque el Estado no ha asumido su obligación de esclarecer e investigar qué es lo que ha sucedido realmente. A causa de esta incertidumbre ninguna persona adoptada podrá estar ya segura si fue un adoptado legalmente o una víctima del robo de niños. “Hasta que la sociedad no lo asuma y se remueva, los políticos no se van a mover”, afirma.

Campaña de sensibilización social

Por ello, Soledad y su familia impulsaron el pasado mes de julio una campaña de sensibilización social, que contó con el apoyo de varias asociaciones de afectados, para recoger 90.000 firmas en protesta por el archivo masivo de denuncias que finalmente fueron entregadas a la Fiscalía General del Estado el 27 de enero de este año. Durante este tiempo, la familia Luque Delgado ha participado en diferentes iniciativas de los afectados como las concentraciones del pasado 9 de noviembre y las marchas del 17 de diciembre en varias ciudades españolas. Todas estas actuaciones se hicieron bajo el lema ‘Todos los niños robados son también mis niños’, ideado por la propia Soledad, que se ha convertido en el emblema común de la campaña de concienciación social.

Pero Soledad y sus hermanos decidieron dar un paso más en su lucha y el 15 de enero de este año crearon la asociación ‘Todos los niños robados son también mis niños’, puesto que se trata de la propia campaña de sensibilización social pero con una entidad jurídica. Sus fines sociales son la búsqueda de Francisco, colaborar en las búsquedas de otras víctimas y seguir sensibilizando a la sociedad de los hechos ocurridos. La asociación ha creado la figura del colaborador, que puede ser desde otra asociación o partido político hasta cualquier víctima o persona que quiera contribuir con la familia. La asociación no entra en competencia con ninguna otra de niños robados porque los socios colaboradores pueden seguir perteneciendo a las asociaciones a las que ya pertenecen.

Según nos cuenta Soledad, su asociación está promoviendo una serie de encuentros sociales de concienciación y sensibilización que tendrán lugar alrededor de julio, unas jornadas donde expertos de historia, derecho, sociología, filosofía o psicología analizarán y expondrán todas aquellas cuestiones relacionadas con los casos de los niños robados, que ayudarán a comprender mejor el drama de las víctimas y los afectados. Además, tiene previsto organizar en el mes de junio su primera gran movilización como asociación.

Muchas promesas políticas y pocas acciones

A pesar del anuncio del ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, de que los casos de los bebés robados van a convertirse en una “prioridad absoluta del Estado, Soledad se muestra escéptica con la clase política, está harta de tantas promesas y buenas intenciones, lo que quiere son acciones concretas. El 10 de febrero el Gobierno inició unas conversaciones con algunas de las asociaciones de niños robados. Este jueves, 12 de abril, tiene lugar la segunda de esas reuniones. Tanto su asociación como otras que no fueron convocadas por el Ministerio de Justicia a la pasada reunión de febrero han solicitado estar presente en este nuevo encuentro, pero el Gabinete de la Secretaría de Estado de Justicia les ha denegado la asistencia que solicitaban. Soledad considera que todas las asociaciones, grandes y pequeñas, tienen derecho a poder asistir a esas reuniones, que podrían resultar positivas al contar con más representatividad y espera que en el futuro el Gobierno se abra a los contactos y al diálogo con la totalidad de las asociaciones de afectados.

Nuestra esperanza es que los padres adoptivos hablen porque no cometieron ningún delito

Las principales peticiones que Soledad y su asociación reclaman, y que de haber podido estar en la reunión de este jueves en el Ministerio de Justicia habrían expuesto, son las siguientes: la apertura de todos los archivos públicos y privados, incluidos los eclesiásticos; la creación de juzgados especializados (similares a los de Violencia de Género); equipos especializados de investigación policial y forense; la formación de especialistas que faciliten los reencuentros que se produzcan; una base de datos estatal de víctimas de niños robados; un banco de ADN estatal de víctimas de niños robados; una lista pública de condenados por los casos de niños robados cuando los haya; la creación de un banco nacional de datos de las víctimas y sus búsquedas; la no prescripción de estos delitos y que sean considerados crímenes de lesa humanidad; y, por supuesto, el reconocimiento de la existencia de una trama de tráfico de bebés que permita una investigación a nivel nacional.

“Una de nuestras mayores esperanzas reside en que los padres adoptivos hablen y por ello el Estado debe aclararles que no han cometido delito alguno, ya que la mayoría de los que pagaron no sabían que estaban comprando a un niño sino costeando la estancia en el hospital de la madre biológica que supuestamente no quería quedarse ese bebé. Toda persona merece saber la verdad de su origen para poder decidir al respecto, porque vivir en la mentira es simplemente no vivir, es un verdadero delito moral mantener en la ignorancia sobre sus orígenes a un ser humano”, explica. Incluso en muchos casos, los niños que eran sustraídos a sus madres, y vendidos o regalados a otras familias, fueron inscritos como hijos biológicos de esas familias, por lo que hace todavía más difícil que esos niños, hoy hombres y mujeres, puedan encontrar sus raíces. Los padres adoptivos pueden empezar a deshacer el nudo de este enredo descomunal. Pero Soledad matiza que en todo caso siempre habrá que respetar la decisión de estos niños, ya adultos, si finalmente no quieren conocer a sus padres biológicos o no desean relacionarse con ellos. Este es un derecho absolutamente indiscutible.

 El gobierno de turno debe asumir la trama como una parte deleznable de la Historia de España

Soledad critica el tratamiento de los casos de bebés robados por parte de algunos medios de comunicación, ya que este problema tan grave tiene muy poca presencia en ellos -aunque reconoce que desde la entrega de firmas al Fiscal General del Estado el 27 de enero pasado ha aumentado- y lamenta que en ocasiones “solo se busque el morbo”. También, le sorprende que este asunto esté teniendo más repercusión en el extranjero que dentro de España. Según su opinión, los medios de comunicación deben cumplir con su fin principal que es la labor social de informar a la sociedad. Cree que debería darse todavía mucha más difusión pública de la que ya hay a los casos de niños robados a través de las cadenas de televisión y radio públicas. Debería haber un compromiso oficial para difundir los casos individuales y también tratar la dimensión social de este asunto por su extrema gravedad.

Una monja, primera imputada en España

Por otro lado, censura el silencio de la Iglesia Católica cuando hay ya como imputada una monja en España por el robo de bebés, sor María Gómez Valbuena, quien fue denunciada por una madre, María Luisa Torres, por quitarle presuntamente a su hija Pilar. Para los afectados el caso de María Luisa significa muchísimo porque por primera vez un juez abre diligencias en un caso de bebés robados y cita como imputado al presunto autor de un delito de detención ilegal. Soledad piensa que es suficiente con que una sola persona perteneciente a la institución de la Iglesia haya sido imputada para que la jerarquía eclesiástica tuviera ya que haberse pronunciado el respecto, por respeto a sus fieles y por respeto a la sociedad entera. Este miércoles, Soledad convocó desde su asociación una concentración delante de la institución religiosa donde vive Sor María Gómez Valbuena para realizar una ‘Vigilia por la verdad’ para animar a esta religiosa a que colabore con la Justicia y con el deseo de que su declaración ayude a la investigación.

A pesar de todos los obstáculos, Soledad no piensa rendirse y espera que su lucha como afectada, víctima y asociación sea fructífera y pronto se reconozcan los casos de niños robados como una trama porque “mientras no haya una idea de trama, el Estado no podrá responsabilizarse y pedir perdón a las víctimas”. Considera que el Estado siempre es Estado y, aunque haya ocurrido en el pasado o haya casos relativamente recientes, “el gobierno de turno no puede lavarse las manos, debe asumirlo como una parte vergonzosa y deleznable de la Historia de España”. Soledad afirma que es necesario que la justicia establezca urgentemente la noción de trama y de drama porque detrás de los más de 300.000 casos estimados hay mucho dolor, sufrimiento e impotencia. “El drama ya lo tenemos reconocido, la trama aún no”, concluye.

Para más información del caso de Soledad Luque Delgado pueden consultar en su blog Buscamos a Francisco.

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