El falso shaolín y la Torre de los Velasco

El falso shaolín quiso vender a los monjes chinos una torre del siglo XV que perteneció al pintor Gutiérrez Solana, para montar un monasterio en la provincia de Burgos

El falso shaolín y la Torre de los Velasco
El falso shaolín y la Torre de los Velasco

Juan Carlos Aguilar Gómez, presunto asesino en serie y autor de la muerte de dos mujeres en Bilbao, que se hacía pasar por maestro shaolín y campeón mundial de kung fu, intermedió en una frustrada operación inmobiliaria para que unos presuntos monjes chinos -que habitualmente se alojaban y pasaban temporadas de descanso en un piso que los padres del homicida poseen en la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros- compraran una torre del Siglo XV que perteneció al pintor y escritor José Gutiérrez Solana, según ha podido conocer ESTRELLA DIGITAL de personas residentes en el pueblo.

La torre en cuestión es un monumento del Siglo XV que perteneció al artista y que a su muerte heredó su familia. Por la venta los herederos pedían 600.000 € que los supuestos monjes estaban dispuestos a pagar, pero la operación no llegó a consumarse porque los propietarios no se pusieron de acuerdo entre ellos. Los acompañantes de Aguilar dijeron que querían adquirir este edificio histórico para montar allí un monasterio donde, además de meditar, se practicaran artes marciales chinas.

El monumento es conocido por la Torre de los Velascos, una torre medieval defensiva formada por dos cuerpos rectangulares unidos; una esbelta torre y una construcción secundaria, que en su día cumplió las funciones de caballerizas. Hay autores que hablan de la construcción de este edificio por árabes. No sería de extrañar dada la simpatía de los Velasco (la familia que la propietaria del edificio) mostraban por judíos y árabes, según reza en el catálogo de monumentos históricos a visitar en Espinosa de los Monteros y en Internet. Este mismo documento señala que el castillo con sus almenas sería construido en el Siglo XV.

Según estas mismas fuentes, era frecuente ver al presunto asesino visitar el pueblo acompañado de supuestos monjes chinos, "aunque es un tipo poco sociable y que nunca se le veía por los bares del pueblo, siempre se marchaba con sus huéspedes orientales a pasear por el monte. Habitualmente, alojaba a sus acompañantes chinos en el piso que su padre posee en la calle Virgen de las Nieves del pueblo. Una vivienda que compró hace más de treinta años, y donde Absalón y Severina, (padres del homicida) venían a descansar todos los veranos con su familia, tres hijos y una hija. Uno de ellos murió en Bilbao y el otro trabajó en una compañía telefónica por Sudamérica. La presencia de los chinos en Espinosa de los Monteros la justificaban diciendo que era porque en su casa de Bilbao no había sitio suficiente para que se alojaran".

Uno de los chinos que venía al pueblo con Juan Carlos –siguen las mismas fuentes- decía que fue el que abrió las olimpiadas celebradas en China en 2008, decían que era un tipo muy importante en su país. Ahora, que nos hemos enterado de que este criminal no es monje ni nada, nos ha costado trabajo creérnoslo porque siempre que venía a Espinosa se le veía dar saltos por ahí.

La investigación

De otro lado, los investigadores de la policía autónoma vasca continúan con sus pesquisas tratando de encontrar más víctimas causadas por el falso monje shaolín. Fuentes de criminólogos especialistas en asesinos en serie consultadas por ESTRELLA DIGITAL, no han dudado en etiquetar al homicida místico de Bilbao de asesino en serie. "Aunque todavía no se ha demostrada que ha matado a tres personas, número necesario para que se le catalogué como asesino en serie, la verdad es que en sus crímenes ha dado un salto cualitativo y cuantitativo, ya que ha pasado inmediatamente a la fase que nosotros llamamos totémica, es decir, cuando el asesino se entretiene con el cadáver de su víctima, se hace fotos con ella y la descuartiza. Habrá que repasar meticulosamente los restos de la colombiana Jenny por si faltara algún dedo o algo parecido. Estos asesinos toman partes del cuerpo o de las pertenencias de sus víctimas y las guardan en sitios seguros para contemplarlas después de cometer los crímenes. Esos recuerdos se conocen como trofeos y cada vez que los asesinos los visionan rememoran el momento del crimen y las humillaciones y el sufrimiento que les hicieron padecer. Ellos, los criminales, se sienten muy felices al verlos".