ENCUENTRO EN EL ESCORIAL

Empresarios y magos, la extraña pareja

El Real Centro Universitario María Cristina del Escorial ha sido este fin de semana el escenario de un encuentro nada habitual

Empresarios y magos, la extraña pareja

El Real Centro Universitario María Cristina del Escorial ha sido este fin de semana el escenario de un encuentro nada habitual. Entre sus muros, integrados en el soberbio paisaje arquitectónico de granito dominado por el imponente Monasterio, aprendices de magos y empresarios se han visto las caras. Los primeros para exhibir sus habilidades. Los segundos para descubrir nuevos valores del ilusionismo.

Ni Harry Potter pudo imaginar un sitio más propicio para estudiar con varita y escoba. Aquí, según cuentan, se cultivó la astrología, la alquimia y se buscó la piedra filosofal. En la monacal Biblioteca se pusieron a salvo libros de magia, ocultismo y nigromancia, así como libros hebreos, persas, árabes y turcos capturados en la batalla de Lepanto para que la Inquisición no les hincara la antorcha.

En esta localidad rodeada por las montañas del Guadarrama, se han examinado los alumnos del primer curso de Ilusionismo del María Cristina, programa pionero en el mundo. Lo han hecho delante de sus maestros magos, empresarios y periodistas. Los ilusionistas del futuro han mostrado todas las destrezas adquiridas realizando trucos analógicos y digitales, con relojes o raquetas de tenis, disfrazados de Sherlock Holmes o rodeados de negras cortinas. Como explican los directores de este programa, Juan Antonio Herrero Brasas y Fernando Arribas, “los alumnos han ejecutado diversas rutinas de magia pero presentadas y contando una historia”, ya que el objetivo “es aplicar lo aprendido ante empresarios del sector y prepararse para el congreso nacional de magia del próximo año.” Tanto Arribas como Herrero, valoran muy positivamente el nivel alcanzado por los alumnos de estos estudios universitarios que aspiran en breve a convertirse en un Grado.   

La empresaria Christelle Barousse lleva más de una década organizando eventos y espectáculos artísticos, cree que en este sector “es importante tener la mente abierta e interesarse por las propuestas que van surgiendo”. Por ello, ha asistido a estas pruebas abiertas al mundo de la empresa. “Se trata de ver talentos emergentes que ponen mucho esfuerzo y entrega en lo que hacen” apunta Barousse. Por su parte, Pedro Núñez, empresario de la hostelería, afirma que “este encuentro es una idea interesante para conocer a nuevos artistas de la ilusión”. Núñez considera que en una reunión o comida de empresa, en una convención o en unas jornadas la actuación de un mago “le da un plus al negocio”.

Todos los empresarios que han asistido, provenientes del mundo del espectáculo, el turismo o los cruceros de recreo, coinciden en la importancia de que las Universidades pongan en marcha enseñanzas innovadoras como el ilusionismo, no sólo carreras clásicas. Como apostilla Christelle Barousse “los ilusionistas aportan a cualquier evento un toque diferente, un toque mágico que sólo ellos pueden dar”. Pero los empresarios no sólo han participado para cazar talentos, también han compartido sus experiencias con los estudiantes y les han dado algún que otro “truco” para pasar una entrevista de trabajo.  

    

Dos de estos ilusionistas noveles son la maga Carmela (Mª José Gómez) y el mago Alejandro Horcajo. Llevan nueve meses practicando con cartas, varitas, sombreros, pañuelos, monedas o pájaros pero también han tenido que empollar para superar las pruebas teóricas sobre historia del ilusionismo, que se remonta al antiguo Egipto, la evolución de la magia hasta nuestros días, las biografías de sus prestigiosos antecesores o para saber que en el Renacimiento hubieran sido perseguidos por brujería y quizá conducidos a la hoguera.

Estudiando magia Carmela dice “haber recuperado la sonrisa y mirar el mundo con los ojos de un niño”. Empezó en esto por compartir trucos con su hija y ahora ve en el ilusionismo una oportunidad profesional. Para Horcajo es diferente. “A los siete años -comenta- vi a un mago sacar palomas de una chistera y desde entonces quise dedicarme a la magia”. Desde hace seis años compatibiliza sus estudios con actuaciones e incluso ha obtenido un premio.

Entre las piedras del Escorial que destilan simbología esotérica por los cuatros costados, donde dice la leyenda que Felipe II, obsesionado con el enigmático Templo de Salomón, mandó construir el Monasterio encima de una boca del infierno para que las legiones de Lucifer no pudieran salir al mundo exterior, los aprendices de magos esperan juntos de madrugada el paso de las estrellas errantes. Ahora también las notas de sus exámenes finales y la llamada de una empresa. Para esto último no sé si tendrán que emplear algún hechizo.