Alimentación mediterránea vs enfermedades cardiovasculares


Las enfermedades cardiovasculares son actualmente en todo el mundo, no solo en los países desarrollados, la primera causa de morbilidad y mortalidad. Según la OMS, el 30% de todas las muertes registradas en el mundo corresponden a causas cardiovasculares tales como enfermedad coronaria isquémica (infarto de miocardio), accidentes cerebrovasculares (ictus) y la insuficiencia cardiaca. En Europa el panorama es peor, ya que nos vamos al 42%, y en España estamos en el 32%.

Los principales factores de riesgo reconocidos son el tabaco, la hipertensión arterial y las concentraciones elevadas de lípidos (colesterol y triglicéridos) en sangre, el estrés y la alimentación no adecuada, entendiendo por la misma el consumo frecuente de alimentos precocinados, con elevado contenido en grasas y aditivos potenciadores del sabor, incluida la sal, el bajo consumo de alimentos naturales, no procesados, frescos (verduras, frutas, hortalizas, etc.).

Es muy importante disminuir la cantidad total de grasa de la dieta, especialmente saturada y trans, disminuir el consumo de sal y azúcares refinados, incrementar el consumo de fibra alimentaria, grasa de pescado y de origen vegetal, y sobre todo antioxidantes, muchos antioxidantes (frutas, verduras y hortalizas).

La dieta, y en este caso la Alimentación Mediterránea, es uno de los factores más importantes en la prevención primaria y secundaria de las enfermedades cardiovasculares junto con los hábitos de vida y el ejercicio físico.

Contra la hipertensión debemos luchar cambiando los estilos de vida (ingesta de alcohol, tabaco, ejercicio físico y reducción del estrés) y con una alimentación adecuada, controlando la ingesta de sodio tanto en la cocina como en la mesa. También debemos disminuir la cantidad total de grasa, en muchos casos porque se acompaña, como en el caso de los aperitivos y alimentos procesados, de elevadas cantidades de sodio como potenciador del sabor, debiendo pues aumentar el consumo de frutas, verduras, hortalizas y de lácteos bajos o sin grasa.

Para los casos de hiperlipidemia familiar, de origen genético, que cursa con elevaciones de distintos lípidos en plasma (hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, etc), debemos controlar la cantidad y la calidad de la grasa de la dieta. Habría que disminuir la ingesta de grasa a un 20% de las calorías totales ingeridas. Especialmente importante cuando el trastorno afecta a los triglicéridos, debemos incrementar la ingesta de ácidos grasos omega-3 a través de un incremento en el consumo de pescado azul (2 veces por semana). Para los pacientes que presenten concentraciones elevadas de colesterol es importante la ingesta de alimentos ricos en fibra, especialmente cereales integrales y salvado de trigo, por ejemplo.

Y es que no podemos olvidar que el patrón de Alimentación Mediterránea, la dieta mediterránea, esa que ha sido nombrada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad justo hace un año, su denominación y su valor como dieta saludable nacieron del famoso estudio de Ancel Keys de los siete países en el que se intentaba correlacionar la dieta, los lípidos sanguíneos y el infarto de miocardio en diferentes países con diferentes patrones dietéticos.

Por tanto, si sabemos todo esto desde hace 50 años, a que estamos esperando para ponerlo en práctica?