Una tarde con la Compañía Nacional de Danza

Todas las coreografías muestran el desafío que supone la danza contemporánea interpretada por aquellos que conocen perfectamente la danza clásica

Una tarde con la Compañía Nacional de Danza
Una tarde con la Compañía Nacional de Danza

Precisamente hace hoy una semana, que una interesante iniciativa del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, me llevó hasta las celebradas Naves del Español-Matadero de Madrid, con el objetivo de compartir un día de trabajo con la Compañía Nacional de Danza.

Nada más acertado que actividades como esta en la nueva línea que la Compañía ha establecido para acercar, cada vez más, la danza al público. En efecto, lo que allí pudimos vivir no se limitó ni mucho menos a lo acostumbrado, esto es, el visionado de una serie de coreografías brillantemente interpretadas, para luego ser más o menos recordadas o más o menos olvidadas entre el encomio general de crítica y público.

En primer lugar tuvimos la oportunidad de asistir a uno de los múltiples ensayos de nuestros jóvenes y talentosos bailarines, apreciamos como un “pas de deux”, un “jeté” o un “battament”, siempre livianos y ligeros desde nuestra cómoda butaca, son movimientos y pasos cargados de esfuerzo, de estética, de trabajo y hasta de dolor. Impresionaba escuchar como los cuerpos caían con todo su peso sobre el entarimado, produciendo unos sonidos capaces de ensordecer las notas del piano que les acompañaba.  

Bajo la atenta e inteligente mirada de Jose Carlos Martínez, Director Artístico de la Compañía, los ilusionados bailarienes luchaban contra la gravedad con la única herramienta de su cuerpo, enseñándonos que la danza, como el arte, más allá de cualquier tópico, es una forma de entender y sentir la vida.

Y luego, sí, disfrutamos de los resultado de las agotadoras horas de ensayo a través de tres reflexivas y sobrecogederas coreografías: Unsound, Babylon y Demodé, estas dos últimas estrenos absolutos. Movimiento, música, luz, escena y escenografía compusieron una sinfonía plena de guiños a la cultura urbana y a la tradición de la sempiterna belleza corporal.

Todas las coreografías mostraban, sin lugar a dudas, el desafío que supone la danza contemporánea, interpretada por aquellos que sin embargo conocen perfectamente la danza clásica, pues modernidad y clasicismo son terminos compatibles y no antagónicos y esta ha sido y es la afortunada apuesta de nuestra Compañía Nacional de Danza.

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