ESCUELAS DE ILUSIONISMO

Sí es país para aprendices de magos

España es país para magos. La magia o ilusionismo ha llegado a la Universidad y las salidas profesionales son variadas. Las oportunidades laborales siguen condicionadas por la crisis

Una clase de magia en El Escorial.
Una clase de magia en El Escorial.
Sí es país para aprendices de magos

Estudiar para mago o maga (qué no bruja) está en alza. A la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz, dirigida por la hija del mago que ha emocionado a generaciones de españoles que hacíamos magia Borrás, se acercan personas de toda clase y condición. Ejecutivos estresados, profesionales liberales, estudiantes, amas de casa o jubilados “vienen a pasarlo bien y a disfrutar con la magia. Se crea un ambiente de cordialidad y amistad”, afirma Ana Tamariz. A la escuela también llegan asesores de políticos que quieren aprender las habilidades que aporta el ilusionismo. Esperemos que para hacer magia blanca.

La mayoría de los futuros ilusionistas son hombres, aunque crece el interés de las mujeres. Ellas prefieren la magia de salón y el mentalismo. Aunque la crisis se ha notado, se matriculan nuevos estudiantes y se contratan espectáculos para celebraciones privadas o de empresas. Quizá porque “en tiempos de crisis se necesita mucho más la ilusión y la magia”, señala Ana Tamariz. Aquí se estudia con cartas, pañuelos, aros, monedas o varitas mágicas, por supuesto, y como asegura el maestro Juan Tamariz “nunca se deja de aprender”. En esta escuela se imparten cursos de diferentes niveles y se estudian asignaturas como matemagia (porque hasta para ser mago hay que saber matemáticas). La escuela goza de prestigio internacional, sobre todo en cartomagia. Los magos españoles son los mejores del mundo en esta especialidad. De la Escuela Tamariz han salido muchos magos que hoy son profesores en otras escuelas, “estamos muy orgullosos de ello” apunta Ana Tamariz.

“Hemos tocado un botón rojo con este programa pionero en el mundo”, dice el director del programa, el profesor Juan Antonio Herrero Brasas

En un edificio de granito del siglo XVI que mira al monasterio de El Escorial, de por sí repleto de significados ocultos, se encuentra el Real Centro Universitario María Cristina donde se imparte el Programa de Ilusionismo que lleva el nombre del sacerdote e ilusionista “Wenceslao Ciuró”. Una experiencia única que está haciendo historia. “Hemos tocado un botón rojo con este programa pionero en el mundo”, asevera el director del programa, el profesor Juan Antonio Herrero Brasas. “Universidades de medio mundo han puesto su mirada en esta experiencia pionera, no existe ningún programa parecido.” añade. Este programa tiene una duración de tres años, aunque la idea es convertirlo en un Grado. Cuenta con un relevante elenco de profesores cuyo director académico es el mago Fernando Arribas. El año que viene está previsto que quince profesores y catedráticos titulares de la Universidad Complutense de Madrid y de otras Universidades públicas se incorporen al programa. Para acceder, de momento, basta con el Bachillerato y no se discrimina a nadie por la edad. Este curso ha sido el primero con 40 alumnos matriculados que a finales del próximo junio, tras superar los correspondientes exámenes, habrán completado su primer año de Ilusionismo, “una rama del Arte Dramático y una de las Bellas Artes” aclara Herrero Brasas.

Este título superior del Real Centro Universitario María Cristina, entre otras cosas, enseña “estrategias cognitivas que te preparan para valorar y resolver problemas desde una perspectiva inesperada, inusual y llevar ventaja” explica Herrero Brasas. Sus aplicaciones en el ámbito laboral o empresarial son numerosas. El programa cuenta con Bolsa de trabajo y con un Campus virtual. Los magos del futuro pueden pernoctar en el Centro, pasear por su claustro, ahondar en sus pasadizos secretos y, como si se tratara del Colegio Hogwarts, practicar los trucos aprendidos hasta la madrugada en su Círculo Mágico y en La Cueva, una sala subterránea revestida de piedra que guarda en su interior este emblemático edificio.

Los estudiantes actúan en La Cueva, una sala subterránea en un edificio de granito que mira hacia el Monasterio de El Escorial, repleto de símbolos mágicos

Ángel De Vicente dirige la Escuela As de Magia y es presidente del Club de Ilusionistas Profesionales. Por su escuela pasan todo tipo de personas de diferentes edades y hasta presidentes de grandes empresas se dejan caer por allí. Reconoce que “hay un boom de la magia”. Entre los cortinajes negros de un recoleto escenario, además de los trucos al uso “se enseña comunicación, oratoria, puesta en escena, saber dirigir la atención, psicología, mimo o teatro, las artes afines de la magia”, comenta De Vicente que concibe su escuela como “un lugar de encuentro del mundo del ilusionismo”. En otra sala forrada de espejos los alumnos perfeccionan sus destrezas e intentan desentrañar los secretos de la magia “un veneno que si se te mete en las venas estás perdido”. Después algunos terminan siendo profesionales. De Vicente confiesa que la magia abre muchas puertas, por ejemplo, “no es lo mismo ir a una entrevista de trabajo sabiendo magia”.

Situada en un moderno edificio de oficinas y dirigida por Alejandro Furnadjiev y Daniel de Benito, The Magic Factory es una empresa especializada en magia corporativa y promocional que también tienen escuela tanto para aficionados como profesionales. Apuestan por la formación personalizada, más accesible y usando nuevas tecnologías. “Hacemos magia con mensaje donde está presente la creatividad, el humor y la motivación” afirma de Benito. The Magic Factory apunta al mundo empresarial, usando el ilusionismo para analizar técnicas psicológicas, reforzar liderazgos, mejorar la comunicación, la inteligencia intuitiva y gestionar las emociones.

Aunque la crisis ha hecho mella en el sector se siguen solicitando magos o magas para espectáculos en hoteles, resorts, casinos, barcos de cruceros, convenciones de empresas, congresos, eventos privados o salas de ocio.

Desde que la Escuela Mágica de Madrid iniciara su andadura, la magia se ha ganado a pulso un lugar indiscutible en la cultura refrendado con la medalla a las Bellas Artes que en el año 2011 recibió Juan Tamariz. Ahora, nuestro país parece situarse a la vanguardia de la enseñanza de la magia y sus aplicaciones prácticas.